Desde tierra adentro, en Vic (Barcelona), Frigoríficos Ferrer lleva cien años viviendo de la compra y venta de pescado. El negocio, que empezó en 1924 con la pescadería Ca la Manela, del matrimonio Ferrer-Farga en la plaza de Vic, es hoy un grupo de distribución de pescado fresco y congelado que prevé cerrar en 2026 con 168 millones de facturación (un 5% más que en 2025). Sirve a 19.000 clientes del canal Horeca y la gran distribución, principalmente, y también a colectividades, en España. Y tiene otro as en la manga: es la principal concesionaria para distribuir los helados Frigo en todo el Estado español.

Pero con esto "no es suficiente", argumenta Juli Ferrer, consejero delegado del grupo y representante de la cuarta generación de la familia fundadora. "Frigoríficos Ferrer debe ser una compañía más fuerte, con más capacidad y volumen de negocio porque, cada vez más, nuestros clientes también ganan dimensión", asegura. El directivo menciona que "al otro lado del mostrador tenemos grandes cadenas de la restauración y de la gran distribución que quieren más surtido, más variedad de producto y de todo el mundo, más artículos elaborados —la cuarta gama: el pescado lavado, pelado, cortado y envasado al vacío o en atmósfera controlada—, un pedido más ágil y una entrega más rápida. El objetivo: hacer la vida más fácil al profesional de la restauración y al consumidor final".

"La restauración y la gran distribución busca surtido, precio, certificaciones, trazabilidad, protección del medio...; el futuro pasa por aquí", remarca. Comparado con otros países como Inglaterra, Francia o Alemania, la concentración de las cadenas de restauración tiene todavía mucho recorrido en España, asegura.

La familia Ferrer, propietaria de Frigoríficos Ferrer. © Frigoríficos Ferrer

¿Bacalao de Islandia?

Por ahora, Frigoríficos Ferrer se sirve de casi 780 proveedores de todo el mundo, lonjas y armadores, con variedades autóctonas y de importación. Juli Ferrer explica que la cultura del pescado se está simplificando mucho en la gastronomía familiar y se está nutriendo de tendencias foráneas. "Venimos de la España mediterránea, la del bacalao, la merluza, el rape, el lenguado..., que cada vez se comen menos porque se han encarecido mucho y ahora lo que se compra es el atún o el salmón", advierte. Por eso hay un paso "necesario" del producto natural a la acuicultura.

"En 2024 en las mesas de los hogares ya se comió más pescado proveniente de la acuicultura", un hecho que, a su parecer, "se tiene que normalizar" por diversas razones. El mundo de la pesca está combatiendo malas praxis en zonas de África, por ejemplo; el cambio climático y el calentamiento global están afectando al mar y algunas especies se tienen que proteger... hay poco bacalao de Islandia, ahora viene de Groenlandia o de Canadá", ejemplifica. Juli y su hermana Mònica Ferrer creen que se tiene que hacer un esfuerzo para desmitificar que el pescado es caro: "Todos los productos se han encarecido y a veces la carne es más cara que el pescado".

Del supermercado a las estrellas Michelin

En Ferrer comercializan más de 3.000 referencias que se encuentran desde el supermercado, en el bar de menú o en restaurantes de estrella Michelin, enfatiza Mònica Ferrer. Su principal línea de negocio es el pescado y marisco, que representa el 60% de las ventas. Un 25% corresponde a pescado fresco, mientras que el 35% restante es pescado congelado y otros alimentos congelados —verduras, carne—. Dos terceras partes de las ventas se centran en la hostelería y uno de cada tres productos se sirve con marca propia.

Importan producto de las zonas más remotas del planeta, las más representativas según el origen y zona de captura de la mejor calidad según la especie: calamares de Marruecos, gamba de Argentina, bacalao de Islandia, salmón de Noruega, merluza de Namibia, y por supuesto, pescado fresco diariamente de más de 20 lonjas de todo el arco Mediterráneo, Galicia, Huelva...

Junto con su hermana Mònica —responsable de marketing— y el visto bueno de sus padres, que siguen de cerca el negocio después de cederles el testigo de la alta dirección en 2024, Juli Ferrer tiene sobre la mesa un plan estratégico hasta 2030 que contempla 22 millones de euros para invertir hasta 2027 para reforzar la estructura y crecer por medio de adquisiciones o de alianzas comerciales. El objetivo es facturar 300 millones de aquí a tres años, siempre manteniendo "una sólida rentabilidad", haciendo suya la estrategia que ha llevado a cabo su padre, Julià Ferrer, ahora presidente del grupo.

Almacén logístico de Frigoríficos Ferrer. © Frigoríficos Ferrer

"Necesitamos un crecimiento vertical para estar aún más cerca de las fuentes de aprovisionamiento, lo cual supone sumar empresas o tomar la representación de marcas o de armadores", manifiesta Juli Ferrer. Por lo tanto, una parte de las inversiones ya se ha ejecutado entre 2024 y 2025. Por un lado, con la empresa Frigel, de Centelles (Barcelona), una firma que proporciona servicios logísticos frigoríficos a temperatura controlada, principalmente en régimen de alquiler de frío, para productos alimentarios. La empresa pertenece, en su mayoría, a la familia Gelis. 

Frigoríficos Ferrer ha entrado en Frigel por medio de una ampliación de capital correspondiente al 15% del capital social, en una operación que ha servido para "oxigenar la histórica planta de Vic —la más grande del grupo— donde trabajan unos 200 trabajadores de los 500 que ocupa el grupo". En Frigel se han hecho inversiones para aumentar un 20% la capacidad frigorífica de 12.000 a 17.000 palets de producto. Para Ferrer es un paso importante porque le garantiza el suministro a la cadena de distribución Bon Preu, uno de sus principales clientes, tanto para marca Ferrer como para elaborar marca del distribuidor. Frigoríficos Ferrer trabaja su propia marca y también algunas concretas en origen como Falouka, de cefalópodo de gran calidad de Marruecos, o Aristeus, de producto europeo. 

Con anterioridad, en 2023, se quedó la empresa Sampera Mercado del Pescado, de quien adquirió el know how de la compra directa en más de 30 lonjas del arco Mediterráneo para crear una nueva línea de negocio de alta gama. Y dos años antes habían comprado Frozen Foods Solutions, en Madrid.

Más capacidad logística en Madrid y València

En paralelo, se destinarán recursos a la ampliación de capacidad logística, a la tecnificación de procesos y a la mejora en seguridad alimentaria y certificaciones. En Madrid quieren reubicarse para ganar superficie. En València, donde adquirieron Frinter Foods en 2016, la prioridad es reforzar la infraestructura que tienen en Paterna para continuar creciendo en el segmento de producto congelado. En Catalunya también quieren crecer en capacidad logística. El grupo se organiza alrededor de diversas plataformas logísticas en Vic, Figueres, Lleida y Mercabarna.

"Es esta combinación de crecimiento orgánico y la adquisición de otros negocios que complementen", manifiesta el consejero delegado y añade que, por ejemplo, los crecimientos en Madrid y Valencia vienen por el incremento de la demanda de las grandes cadenas de restauración y por el segmento de las colectividades que, en general, aportan el 15% de las ventas totales. En 2017 abrieron un punto de venta en MercaMadrid para servir a la hostelería, y en 2021 adquirieron Frozen Food Solutions, una empresa de distribución con concesión Frigo.

La pescadería Ca la Manela, situada en la plaza de Vic (Barcelona), origen del grupo Frigoríficos Ferrer. © Frigoríficos Ferrer

Expansión: generación a generación

La historia de Frigoríficos Ferrer se remonta a los pescaderos de Vic que traían el fresco en tren desde Barcelona y lo vendían en la tienda primero y después también en un puesto del mercado. Con la segunda generación, su hijo Fèlix empezó a distribuir pescado a restaurantes de la comarca y más allá, y abrieron un almacén con barras de hielo para conservar el producto.

Cuando se incorpora la tercera generación Ferrer —con Julià, Joe y Sílvia Ferrer—, alrededor de los años setenta, hay rasgos diferenciales: la industrialización y la profesionalización y la expansión en Madrid y Valencia. Se adquiere un frigorífico industrial, una de las grandes innovaciones del momento, y sin abandonar la comercialización de pescado fresco, entran en el mundo de los congelados. Empezaron a traer productos congelados de otras marcas como Pescanova y la marca de helados Frigo para comercializarlos en Osona, el Bages y el Berguedà. "La primera concesión de Frigo para Catalunya y más tarde para una gran parte de España nos ha permitido conocer muy bien la red de comercialización". 

En los años 80, Frigoríficos Ferrer obtiene la primera concesión para comercializar y distribuir los helados Frigo en Catalunya. © Frigoríficos Ferrer

La cuarta generación, con Juli y Mònica Ferrer al frente y otros dos miembros de la familia Ferrer que ocupan otros puestos directivos, ha consolidado un proyecto pensado en clave internacional y en sostenibilidad. Proyectos como la reducción del uso del plástico, materiales 100% reciclables para envases pequeños y un 30% de material reciclable para el resto son algunos de los proyectos que lidera Mònica Ferrer. También se ha instalado un parque solar para autoconsumo; buscan fuentes de energías renovables porque "el coste energético de una empresa como Ferrer es importante".