La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa de futuro para convertirse en una herramienta de uso cotidiano, pero su profundo impacto en la educación plantea preguntas que todavía no tienen respuesta única. Por esta razón, en la ON IA hemos conversado con Agustín Fernández, vicerrector de Estrategia Digital de la Universitat Politècnica de Catalunya.

Durante la conversación, Fernández aborda sin tapujos los grandes retos de la tecnología: el fin del examen tradicional, enseñar a programar casi sin escribir código, la soberanía tecnológica de Europa y los límites que ninguna máquina debería cruzar. Sin miedo a la tecnología, pero con una clara defensa del criterio humano, el vicerrector traza el mapa de una universidad que ya no puede explicar la misma clase magistral de antes. 

¿Qué es para usted la inteligencia artificial?
Realmente es una gran pregunta. La verdad es que la inteligencia artificial ahora mismo creo que son muchas cosas, no solo ChatGPT ni Gemini. Simplemente es una herramienta más. No es magia, es una herramienta que nos permite hacer cosas de forma mucho más rápida, pero hay que ir con cuidado.

¿Con la explosión de la IA estamos ante un cambio de era?
Estamos en medio de un cambio radical. Lo que sucede es que la inteligencia artificial no nos solucionará todos los problemas. Lo que sí es verdad es que determinadas tareas se harán de manera mucho más fácil. Tareas que son repetitivas, que en realidad no requieren mucho esfuerzo intelectual, pero sí mucho esfuerzo de tiempo. Estas nos las hará la inteligencia artificial y entonces seguramente nosotros nos podemos dedicar a cosas, digámoslo, mucho más creativas y con mucho más valor añadido que simplemente repetir una cosa cien veces.

Estamos en medio de un cambio radical, pero la IA no nos solucionará todos los problemas

¿Y cuáles son esas tareas más creativas o de valor añadido en un ámbito como la Universitat Politècnica de Catalunya?
Hay una tarea fundamental como la generación de aplicaciones de software. Lo que es el desarrollo del software ha cambiado de manera radical. Lo que antes necesitabas, quizás un par de años para desarrollar una aplicación, ahora lo puedes hacer en dos o tres meses y con una gran calidad. Muchas veces sin escribir ni una sola línea de código. Y esto cambiará de manera radical el negocio. El negocio, digamos, de las aplicaciones, el negocio de cómo explicamos programación nosotros a nuestros estudiantes.

¿Cuál es el obstáculo más común que se están encontrando en la aplicación de la IA?
Es bastante problemático todo lo que tenga que ver con la evaluación de los estudiantes. De repente, los estudiantes tienen a su alcance unas herramientas que les permiten, entre otras cosas y en un instante, hacer lo que antes era un examen de resolver problemas o memorizar unos determinados contenidos. Esto ahora ya no tiene mucho sentido con la inteligencia artificial.

Nosotros, como docentes, tenemos que encontrar la forma de evaluar a nuestros estudiantes, teniendo en cuenta que ellos disponen de estas herramientas y que no les podemos prohibir que las utilicen. Todo lo contrario. Desde el punto de vista de la universidad, uno se puede plantear prohibir a los estudiantes que usen la IA. Ahora bien, cuando salgan a la calle, el empresario que los contrate necesitará saber qué saben hacer con esta tecnología.

¿O sea que más que prohibir se trata de acompañar?
Exacto. Se trata de acompañar y enseñar buenas prácticas. La inteligencia artificial tiene el problema de que muchas veces alucina y siempre tiene que haber una persona que se dé cuenta exactamente de que aquello que está haciendo es correcto y coherente. Los estudiantes tienen que saber programar para interpretar correctamente lo que ha hecho la IA.

Más que prohibir se trata de acompañar y enseñar buenas prácticas

Se habla mucho de los alumnos y usted ha dejado entrever que los docentes también deben redefinir sus formas de enseñar. ¿Cómo hacen esta transición?
Es muy complicado, porque de repente nos encontramos con unas herramientas que nos lo cambiarán todo. Ahora mismo, muchos estudiantes no tienen la necesidad de escuchar a un profesor; simplemente con la documentación de la asignatura o lo que puedan encontrar ellos mismos ya tienen suficiente para aprender. La clase magistral que hacíamos antes ya no puede ser de la misma forma.

A escala interna, ¿en qué punto se encuentra la aplicación de la IA en la UPC?
Se están haciendo muchas cosas. Un ejemplo es la típica tarea de administración, donde se reciben las consultas de los estudiantes y se gestionan trámites como las matrículas. Esto te lo puede hacer perfectamente un chatbot. Seguro que se equivocará, pero las personas que contestan al teléfono también cometen errores. El objetivo debe ser que tú entres en un chatbot con la documentación interna que tú tienes definida para resolver ciertos problemas y que las respuestas se adapten en función de esta documentación. En situaciones de estas características, los problemas vienen porque los datos de origen no están bien. 

Volviendo al ámbito académico, se entiende que la presencia de la IA en los planes de estudios no es de ahora. ¿Se ha ido incorporando, de forma más destacada, en los últimos años?
En una universidad politécnica como la nuestra hay titulaciones donde se explica la inteligencia artificial a bajo nivel. En todos los ámbitos estamos empezando, porque ahora mismo lo que tenemos son agentes de IA que, por ejemplo, permiten dar apoyo a una asignatura. Tú puedes tener un entorno virtual para una asignatura donde hay toda la documentación y otro agente que ayude a los estudiantes a estudiar con esta documentación. ¿Cómo? Con preguntas y problemas para ver el nivel del estudiante y proponiendo ideas en función del nivel.


¿En qué consiste esta plataforma de cálculo acelerado con IA que ha presentado recientemente la Universitat Politècnica de Catalunya?
Partimos de la base de que todas las herramientas que utilizamos son gratuitas, pero fuera de nuestro entorno y, además, usan nuestros datos para entrenar sus modelos. Entonces, desde la perspectiva de la Universitat Politècnica de Catalunya nos interesa tener una infraestructura propia y ahora mismo tenemos muchas herramientas de programación muy potentes y, sobre todo, caras.

¿Cómo puedes solucionarlo? Con determinadas grandes tareas sí necesitas modelos de IA muy potentes, pero en otras necesitas más pequeños y que las máquinas corran en tu casa. El 85% de las tareas acostumbran a ser estos modelos sencillos de los que hablamos. Además, en toda esta historia también hablamos de un concepto como es la soberanía tecnológica. Es obvio que, si puedes trabajar con modelos que tienes a mano, la gobernanza de estos será más efectiva.

En todo lo que sería la parte de software tenemos muchas cosas que decir

¿La soberanía tecnológica es clave para el futuro de la IA?
En Europa tenemos un problema y es que no existen empresas que hagan hardware de IA. Eso sí, en todo lo que sería la parte de software tenemos muchas cosas que decir.

¿Qué cree entonces que le falta a Europa para luchar contra dos gigantes como son Estados Unidos y China?
Ya lo dicen: Europa regula, Estados Unidos inventa y los chinos copian. No sé si es cierto o no, pero sobre todo nos falta lo que ya he comentado previamente del hardware. Del resto tenemos suficiente músculo. Hablamos de modelos de capacitación de personal, de estrategia e, incluso, de regulación; creo que estamos tan bien como cualquiera.

¿Qué líneas rojas cree que no debe pasar una inteligencia artificial?
Aquí quizás soy demasiado radical, pero creo que hay determinadas cosas que la IA no puede hacer. Un caso es que cualquier persona tenga pensamientos de coger aspectos militares o de armamento y que una inteligencia artificial lo gobierne. Otro caso es lo que tenga que ver con la evaluación de personas. La inteligencia artificial te puede ayudar a clasificar a la gente, pero las decisiones las tienen que tomar los seres humanos.

En líneas generales, desde su punto de vista personal, ¿cómo ve la aparición de la IA en la sociedad?
No estoy seguro. Llevo muchos años en el ámbito tecnológico y siempre he pensado que los ordenadores son herramientas absolutamente estúpidas que hacen aquello que se les dice. Con la inteligencia artificial te encuentras con que a veces hace cosas que te sorprenden, porque una IA con las mismas preguntas puede dar respuestas diferentes. A menudo es muy complicado determinar cómo la IA ha llegado a según qué conclusiones. Son herramientas monstruosamente grandes y es muy complicado saber la razón por la que han llegado a esa conclusión. ¿Cómo lo gestionará la gente? No lo sé, no quiero ser profeta en este tema, pero tengo que decir que no tengo miedo de lo que pueda suceder.

Los ordenadores son herramientas absolutamente estúpidas que hacen aquello que se les dice

¿La formación es una buena opción para superar determinados miedos o fomentar la convivencia con la IA?
Es básico. Actualmente, con 13 o 14 años, los jóvenes empiezan a utilizar la IA y muchas veces de forma no muy adecuada. En la universidad, cada vez que hablamos de hacer algún tipo de formación de IA, la gente se apunta en masa.

Más allá de lo que ha comentado al inicio de la entrevista sobre la programación, actualmente, ¿qué necesitan las empresas de los alumnos que salen de la UPC?
Que sean productivos desde el primer minuto de trabajo. Buscan productividad; las empresas están para ganar dinero. No digo que esté bien o esté mal, simplemente es así. Con lo cual, cuando contratan a alguien, lo que quieren es que sea lo más productivo posible y cuanto antes, mejor. En líneas generales, los estudiantes que van a la universidad saben de IA más que nosotros. Yo la primera vez que vi ChatGPT, me lo explicó un alumno que lo utilizaba delante de mí.