El año 2025 ha dejado una huella grave en la economía catalana: 1.691 empresas solicitaron un procedimiento concursal y 2.152 decidieron tirar la toalla y disolverse. Una situación que coloca a Catalunya, un año más, a la cabeza del ranking estatal. El documento de Informa dibuja una realidad compleja. Por un lado, las empresas catalanas luchan con uñas y dientes por sobrevivir: los concursos suben un 11% en Catalunya, hasta 1.500, por encima de la media estatal (+6%).
Es una señal de resistencia, pero también de dificultad. Pero la otra cara de la moneda es la rendición. Las disoluciones, el fin definitivo, bajan solo un 2% en Catalunya. El comercio es el sector más golpeado, con 368 concursos y 24 planes de reestructuración. Tiendas de barrio, lugares con historia y negocios que no pudieron con el cambio de hábitos, la presión del gran comercio y la guerra de márgenes.
Y después viene la construcción y las actividades inmobiliarias, que lidera con creces las disoluciones (581) y los procedimientos especiales (30). El sector que fue locomotora ahora se encuentra atascado por los altos costes de los materiales, la incertidumbre financiera y la desaceleración del mercado de la vivienda. Barcelona concentra la situación más complicada (1.263 concursos, 693 disoluciones), pero las cifras de las otras provincias no son nada reconfortantes: Girona, con 610 disoluciones, o Tarragona, con 513, muestran que la crisis no es un fenómeno exclusivo de la capital catalana y su área de influencia. Es una pandemia que se extiende por todo el territorio.
Catalunya, el epicentro de la ola estatal
El panorama estatal no es mejor, y Catalunya es la gran protagonista. Con el 31% de todos los concursos del Estado, supera con creces a Madrid (739) y Valencia (599). En planes de reestructuración también es primera (60, por delante de los 36 de Madrid). “Durante 2025, el número de empresas que han iniciado algún procedimiento concursal ha crecido un 6%, la cifra más elevada en diez años”, afirma Nathalie Gianese, directora de Estudios de Informa. La tendencia pospandemia es claramente ascendente, y 2025 sería su punto álgido. En el Estado, el comercio vuelve a ser el gran enfermo (25% de todos los procedimientos y concursos, con 1.230 expedientes), seguido de la construcción.
La estadística es cruda: las microempresas (menos de 10 trabajadores) suponen el 73% de los concursos y el 48% de los planes de reestructuración. Son la columna vertebral de la economía y las que sufren las consecuencias con más dureza. Detrás de estos datos hay más de 70.000 puestos de trabajo en peligro y unos 10.500 millones de euros de ventas en suspenso. Diciembre, tradicionalmente un mes de reposo, fue excepcionalmente duro a escala estatal, con un pico de disoluciones (3.877, un 45% más que en noviembre), un indicador de que muchos empresarios decidieron esperar al final del año para dar el paso definitivo.
El año 2025 será recordado, en los libros de economía, como el año en que la resiliencia empresarial tocó techo. Y también como el año en que muchas luces se apagaron para siempre. Las cifras hablan de un tejido productivo herido. La realidad, de miles de historias personales y profesionales rotas. La pregunta para 2026 es si esta ola de quiebras ha llegado a su cresta, o si todavía quedan olas más grandes por venir. De momento, el panorama pide prudencia, y sobre todo, políticas de apoyo real y eficaz para quien sostiene la economía real: la pequeña y mediana empresa.
