En la Vall Cirera, entre Alella y Tiana, hay viñedos que han resistido la presión urbanística que ha ido transformando el paisaje del Maresme. Es aquí, en can Genís, donde la familia Pujol-Busquets ha construido durante más de tres décadas un proyecto vitivinícola que se presenta con el nombre de Art Laietà.

Esta marca nació hace un año con la voluntad de reunir bajo un mismo paraguas las diferentes ramas de la bodega: los vinos de Alta Alella, los vinos sin sulfitos añadidos del Celler de les Aus y los cavas. Más que un simple cambio de nombre, la nueva marca refleja la evolución de un proyecto familiar que ha ido ampliando la mirada: de la elaboración de vino a la viticultura, de la expansión comercial a la consolidación territorial y de la producción a la construcción de un patrimonio de viñedo.

"El cambio de Alta Alella a Art Laietà nace sobre todo de la voluntad de dar mucho más valor a dos conceptos que siempre han formado parte de nuestra manera de trabajar: la artesanía y el origen", explica Mireia Pujol-Busquets, miembro de la segunda generación de la familia fundadora.

El nombre busca, así, unir dos ideas. Por un lado, la artesanía entendida como una manera concreta de trabajar, con una parte importante de las tareas del viñedo y de la bodega hechas manualmente. Por otro, el origen, a través del término "laietà", que remite al territorio que los antiguos laietanos habitaban y donde el cultivo de la vid tiene una historia milenaria. "Creo que el nuevo nombre nos permite explicar mucho mejor quiénes somos hoy sin perder de dónde venimos: artesanía y origen", reitera Pujol-Busquets.

El origen del proyecto se remonta a 1991, cuando el enólogo Josep Maria Pujol-Busquets (Badalona, 1953) y su esposa, Cristina Guillén Soldevila, fundaron Alta Alella. El primero acumulaba experiencia previa en la bodega Marquès d'Alella y en el Penedès.

Celler Alta Alella, Mireia Pujol / Foto: Carlos Baglietto
Los viñedos de Art Laietà, en la Vall Cirera, entre Alella y Tiana / Carlos Baglietto

En 2012 inauguraron el Celler de les Aus, destinado a elaborar vinos sin sulfitos añadidos, una línea que habían explorado años antes con los espumosos. Y en 2017 vendieron la marca de cava Privat al grupo Peralada. La decisión se produjo después de un período en el que la demanda, especialmente en el mercado sueco, había planteado la posibilidad de un crecimiento importante en volumen. La familia optó por otro camino.

"La venta de Privat nos dio sobre todo capacidad económica para invertir en aquello que considerábamos estratégico: comprar tierra, plantar viña y consolidar el proyecto a largo plazo", explica Mireia Pujol-Busquets. La prioridad dejó de ser crecer en número de botellas para pasar a hacerlo en territorio, calidad y valor. Esta transformación ha comportado una importante ampliación de la superficie de viña, a la vez que la bodega ha profundizado en las gamas de más crianza y en vinos y espumosos vinculados a variedades, parcelas y añadas concretas.

"Para nosotros, la calidad del vino debe ser siempre el punto de partida", resume Pujol-Busquets. "Después está toda la historia que lo acompaña, pero sin esta calidad intrínseca, el resto no tendría sentido."

Crecer en tierra, no solo en botellas

En un territorio tan limitado como el de la DO Alella, donde la presión urbanística es especialmente intensa, ampliar la superficie de viña tiene una dimensión que va más allá de la propia empresa. "En Alella la presión urbanística es enorme y cada hectárea de viña que se mantiene o que se recupera es una hectárea que preservamos como paisaje agrícola", afirma Pujol-Busquets.

La viticultora defiende esta doble dimensión de la inversión: empresarial, porque permite garantizar el control sobre la calidad de la uva y el futuro del proyecto, pero también territorial. "Si queremos que de aquí a 50 años continúe existiendo un paisaje vitivinícola en Alella, alguien lo tiene que cultivar". "La viña no es solo el lugar de donde sale nuestra uva; forma parte de la identidad de este territorio y tenemos una responsabilidad en su preservación".

Esta apuesta explica también que Art Laietà no plantee actualmente el crecimiento como una cuestión principalmente cuantitativa. El reto es consolidar un patrimonio vitícola que permita profundizar en la singularidad de los vinos.

Vinos sin sulfitos

La experimentación forma parte de la historia del proyecto. Los vinos sin sulfitos añadidos del Celler de les Aus son uno de los ejemplos más visibles. Después de dos décadas de trabajo en este ámbito, Pujol-Busquets considera que el conocimiento adquirido ha tenido efectos sobre el conjunto de la bodega.

"Elaborar sin sulfitos añadidos nos ha obligado a ser extremadamente rigurosos, tanto en la viña como en la bodega, y todo este conocimiento también lo hemos podido trasladar al resto de nuestros vinos", explica. Pero la calidad continúa siendo el criterio principal. "Antes de ser un buen vino sin sulfitos añadidos, tiene que ser un buen vino", subraya.

El mismo principio de adaptación y experimentación se aplica ahora al cambio climático. La bodega trabaja desde hace más de una década en el proyecto VRIACCS, centrado en el estudio de variedades resistentes y adaptadas a las nuevas condiciones climáticas. El proyecto ha incluido campos experimentales y microvinificaciones y se encuentra actualmente en una "fase más burocrática", a la espera de que las variedades estudiadas puedan llegar a ser una realidad.

Celler Alta Alella, Mireia Pujol / Foto: Carlos Baglietto

Mireia Pujol-Busquets, directora adjunta de Art Laietà, segunda generación de la familia fundadora / Carlos Baglietto

"Una de las grandes prioridades es seguir plantando viña pensando no solo en el presente, sino en las condiciones que tendremos dentro de 20, 30 o 50 años", explica. Los últimos años de sequía han reforzado esta línea de trabajo. La gestión del suelo, la capacidad de retener agua, la viticultura regenerativa y la elección del material vegetal son algunos de los ámbitos que la bodega considera clave para afrontar las nuevas condiciones.

"Creo que el gran reto es conseguir adaptarnos sin perder identidad ni calidad", apunta Pujol-Busquets. "No se trata simplemente de poder seguir produciendo uva en unas condiciones más cálidas y secas, sino de seguir elaborando vinos que tengan calidad y que expliquen de dónde vienen."

"Queremos seguir invirtiendo en territorio, comprando y plantando viña, adaptándonos al cambio climático y profundizando en el conocimiento de nuestras parcelas y variedades", explica. La mirada es, en consecuencia, de largo plazo. La bodega no plantea tanto la cuestión de cuántas botellas quiere producir como de qué proyecto quiere dejar construido para las generaciones siguientes.

"El objetivo final es seguir haciendo crecer el proyecto en calidad, identidad y valor, y dejarlo preparado para que pueda continuar aquí durante muchas generaciones", concluye Mireia Pujol-Busquets.