El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado este la imposición de aranceles del 100% a la importación de productos farmacéuticos patentados y principios activos, con algunas excepciones. La medida, que se fundamenta en alegaciones de seguridad nacional, afecta a las grandes compañías farmacéuticas que exportan a los Estados Unidos procedentes de la mayoría de los países de todo el mundo, salvo un conjunto reducido de territorios con los que Washington mantiene acuerdos específicos. Las empresas de la Unión Europea continuarán afrontando aranceles del 15% para exportar productos farmacéuticos a los Estados Unidos, de manera que Trump mantiene el pacto de Escocia del verano pasado.

Este mismo porcentaje del 15% se aplica también a Japón, Corea del Sur, Suiza y Liechtenstein. Al Reino Unido, en cambio, se le aplica un arancel inferior en función de sus últimos acuerdos comerciales bilaterales con Washington. El resto de países que exporten productos farmacéuticos patentados afrontarán aranceles del 100% de aquí a 120 días en el caso de las grandes compañías, y en un plazo de 180 días para las pequeñas empresas del sector.

Los productos farmacéuticos genéricos, los biosimilares y los ingredientes asociados no quedan sujetos a aranceles en este momento, según el comunicado de la Casa Blanca. La administración Trump precisa que esta exención se volverá a evaluar de aquí a un año. Los productos farmacéuticos especializados también quedarán exentos si provienen de países con acuerdos comerciales vigentes o si satisfacen una necesidad urgente de salud pública. Estas excepciones buscan evitar el impacto de la medida en ámbitos donde la alternativa de suministro interno en los Estados Unidos es limitada o inexistente.

La justificación por motivos de seguridad nacional

La administración Trump ha justificado la medida por motivos de seguridad nacional. La orden ejecutiva firmada por el presidente republicano defiende que los Estados Unidos dependen en gran medida de las importaciones de productos farmacéuticos, una circunstancia que, según el argumentario oficial, amenaza con limitar el acceso del país a medicamentos que salvan vidas en caso de interrupción de la cadena de suministro global. Estas interrupciones podrían producirse, según el texto, por disrupciones geopolíticas o económicas que afecten a los principales centros de producción de fármacos en el extranjero. La medida se enmarca en una estrategia más amplia del ejecutivo norteamericano para reducir la dependencia exterior en sectores considerados críticos para la salud pública y la defensa nacional.

La imposición de aranceles del 100% a los medicamentos patentados representa un cambio significativo en las reglas del comercio internacional de productos farmacéuticos, un sector hasta ahora menos expuesto a las tensiones arancelarias que otras industrias como la automoción o el acero. Las compañías farmacéuticas europeas, especialmente las con sede en Alemania, Francia y Suiza, figuran entre los principales proveedores del mercado norteamericano de medicamentos de marca.

La aplicación de la medida podría incentivar la reubicación de plantas de producción en los Estados Unidos o la búsqueda de nuevos mercados de exportación por parte de los laboratorios afectados. La industria farmacéutica global observa con atención los desarrollos de esta nueva política comercial, que también podría tener implicaciones sobre los precios de los medicamentos en el mercado norteamericano y sobre el acceso de la población a determinados tratamientos. La administración Trump deberá detallar en los próximos meses los criterios concretos para la aplicación de las exenciones y el calendario definitivo de entrada en vigor de los nuevos aranceles.