Según un informe de la Fundación Telefónica, menos del 50% de los mayores de 65 años utilizan aplicaciones móviles de forma autónoma. Muchos experimentan ansiedad, estrés o sensación de incompetencia cuando interactúan con plataformas digitales mal diseñadas. “Diseñar mal es excluir. Y llevamos años haciéndolo sin darnos cuenta”, advierte Isabel García, CEO de Bleta. “Pensamos que accesible es sinónimo de feo o limitado, pero es lo contrario: integrar estética, funcionalidad y empatía es un reto de buen diseño”, afirma la ejecutiva de la firma de tecnología inclusiva.
Desde el pasado sábado 28 de junio, todas las compañías en España están legalmente obligadas a garantizar que sus webs, aplicaciones, plataformas y productos digitales sean accesibles para cualquier persona, incluidas personas con discapacidad, mayores y usuarios con baja competencia tecnológica. El lado negativo de la hiperconexión también les afecta. Gran parte de los seniors expresan una "desconfianza alta o muy alta" en internet, especialmente por el temor a los fraudes online y a la suplantación de identidad.
Las empresas deberán asegurar textos claros, alto contraste visual, compatibilidad con lectores de pantalla y ofrecer atención al cliente accesible. Además, se exige formación interna y la documentación detallada de todo el proceso. No cumplir con la nueva Ley de Accesibilidad Digital puede derivar en sanciones de hasta un millón de euros y dañar seriamente la reputación de la marca. Aunque se contemplan excepciones en casos de carga desproporcionada, expertos coinciden en que la norma es también una oportunidad para reforzar el compromiso social y ampliar el público potencial.
Para García, esta nueva normativa supone un punto de inflexión que obligará a las empresas a replantear el diseño de sus productos desde la empatía y la funcionalidad real. En Bleta, sus aplicaciones pasan por pruebas constantes con usuarios reales, validando que cada detalle, desde el tamaño de los botones hasta la estructura de los menús, tenga sentido para quien las usa. No se trata solo de cumplir un estándar técnico, sino de evitar frustración y miedo en quienes ya se sienten desplazados por lo digital.
Actualmente, según datos del Instituto Nacional de Estadística, más del 85% de los hogares con personas de 65 a 74 años tienen acceso a Internet, y la gran mayoría lo hace a través del teléfono móvil. El 92% de los usuarios seniors que navegan por Internet utilizan aplicaciones de mensajería instantánea como WhatsApp. Cerca del 60% de las personas de 65 a 74 años ha realizado operaciones bancarias a través de su teléfono en los últimos tres meses, movidos por la comodidad y la gradual desaparición de las sucursales físicas.
Las estadísticas confirman una tendencia irreversible. El smartphone se ha erigido en el dispositivo clave para la inclusión digital de la tercera edad en España, mejorando su autonomía y luchando contra el aislamiento. El reto ahora, apuntan los expertos, ya no es solo conectarles, sino formarlos en ciberseguridad.