El panorama sobre quién asumirá las riendas de la Reserva Federal de los Estados Unidos, una de las instituciones económicas más influyentes del mundo, ha experimentado un cambio súbito y significativo este viernes. Este giro inesperado se ha producido a consecuencia de unas palabras aparentemente informales pronunciadas por el presidente estadounidense, Donald Trump, en referencia a Kevin Hassett, hasta ahora considerado el principal favorito para suceder a Jerome Powell cuando su mandato expire el próximo mes de mayo. Durante una intervención pública, Trump ha querido destacar y elogiar explícitamente la trayectoria y las habilidades comunicativas de Hassett, actual director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca.

El presidente ha llegado a afirmar que el economista es “buenísimo” en su papel, una declaración que, en un contexto político normal, podría interpretarse como una señal de apoyo inequívoco a su candidatura. Sin embargo, la conversación ha tomado un rumbo revelador cuando Trump ha añadido, con un tono que mezcla la sinceridad y la franqueza, que le gustaría mantener a Hassett exactamente donde está. "De hecho, quiero que sigas donde estás, si quieres saber la verdad", ha manifestado el presidente, confesando que la pérdida del asesor en cuestión es algo que le preocupa profundamente.

Esta aparente expresión de confianza ha tenido, paradójicamente, el efecto contrario en las expectativas de los mercados y los observadores políticos. La frase, interpretada como una señal de que Trump valora más retener a Hassett en su equipo cercano que promoverlo a la sede de la Reserva, ha actuado como un terremoto en las previsiones.

Las plataformas especializadas en predicciones políticas, que miden las probabilidades en tiempo real, registraron un movimiento drástico e inmediato. Según los datos de la plataforma Kalshi, las posibilidades de que Kevin Hassett reciba la nominación presidencial se han desplomado, pasando de ser el claro líder a una opción secundaria con solo un 13% de probabilidad. Esta caída entregaba de repente el lugar de honor a Kevin Warsh, un exgobernador del mismo banco central, cuyas probabilidades se dispararon hasta alcanzar un 59%.

La revuelta en las expectativas no ha sido un fenómeno aislado. Otra plataforma prominente, Polymarket, refleja una tendencia idéntica, corroborando el cambio de paradigma. En esta segunda medida, Warsh también recogía un 59% de opciones, mientras que Hassett quedaba relegado a un 16%, superado incluso por un tercer candidato, Christopher Waller. Este episodio subraya la volatilidad extrema y la impredecibilidad que caracterizan el proceso de selección bajo la actual administración.

La semana pasada, el propio Trump había asegurado a los medios que ya había tomado una decisión final respecto a quién ocuparía el cargo, alimentando una ola de especulaciones. Sin embargo, y en línea con su estilo habitual, el presidente ha decidido mantener la incertidumbre y no ha revelado aún el nombre del escogido. El anuncio oficial, que podría poner fin a meses de conjeturas, se prevé para este mismo mes, aunque, como demuestran los acontecimientos de este viernes, cualquier pronóstico parece provisional hasta que el propio Trump formaliza su decisión.

El cargo en juego no es menor. El próximo presidente de la Reserva Federal deberá dirigir la política monetaria de la primera economía mundial en un contexto pospandémico, con retos como la inflación, los tipos de interés y la estabilidad financiera global en juego. Las palabras presidenciales, tanto las deliberadas como las aparentemente improvisadas, tienen el poder de sacudir los mercados y reconfigurar escenarios que se daban por sentados, recordando que en la alta política económica, tanto los silencios como las declaraciones pueden ser igualmente elocuentes.