El Ibex-35 ha empezado la sesión de este lunes con un descenso del 1,2%, un movimiento a la baja que ha situado al selectivo madrileño en los 18.262,9 puntos. La jornada está marcada por una nueva escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán, después de que la marina norteamericana atacara y capturara un barco iraní en el golfo de Omán. Este incidente ha agravado los problemas en el estrecho de Ormuz, una vía clave para el suministro energético mundial, y ha provocado una fuerte subida del precio del crudo, que ha vuelto a superar la barrera de los 95 dólares por barril.
El precio del petróleo Brent, de referencia en los mercados europeos, ha subido más de un 5,5% en la apertura de las bolsas del Viejo Continente, hasta situarse en los 95,35 dólares por barril. Por su parte, el barril de West Texas Intermediate, referencia en Estados Unidos, se ha negociado alrededor de los 89 dólares con un avance del 6,1%. La escalada de los precios energéticos no se ha limitado al crudo. El precio del gas en el mercado holandés TTF, que actúa como referencia en Europa, ha escalado más de un 5,6% hasta los 40,97 euros por megavatio hora, una subida que refleja los miedos a una interrupción del suministro en medio de la creciente inestabilidad geopolítica.
Las bolsas europeas abren con descensos generalizados
Las principales plazas financieras del Viejo Continente han abierto la sesión de este lunes con descensos generalizados, en un contexto marcado por la escalada de las tensiones entre Washington y Teherán. Frankfurt ha cedido un 1,1%, París se ha dejado un poco más de un 1%, mientras que Londres ha perdido casi un 0,4%. El comportamiento negativo de las bolsas europeas contrasta con el registrado en Asia, donde los inversores han mostrado un optimismo más elevado. El Kospi surcoreano ha avanzado un 0,4%, el índice Hang Seng de Hong Kong se ha revalorizado un 0,8%, el Nikkei japonés ha ganado un 0,7% y el Shenzhen chino ha subido más de un 0,5%.
Dentro del Ibex-35, el comportamiento de los valores ha sido desigual, con las empresas energéticas como principales beneficiarias de la subida del precio del crudo. Repsol ha liderado los ascensos con una revalorización del 3,45%, seguida de Solaria, que ha ganado un 2,44%, y Endesa, que ha subido un 1,03%. Este movimiento refleja la correlación positiva entre el precio del petróleo y las cotizaciones de las compañías del sector, que ven cómo sus márgenes de beneficio mejoran cuando la energía se encarece. El alza de Endesa, una compañía con un fuerte componente de generación renovable, también se explica por el incremento del precio del gas, que eleva el precio de la electricidad en el mercado mayorista.
IAG, ArcelorMittal y Amadeus sufren las mayores caídas
En el lado contrario, los valores más castigados por la escalada del conflicto han sido aquellos más sensibles al precio del combustible y a una posible frenada de la actividad económica. IAG, el grupo aéreo que agrupa Iberia, British Airways y Vueling, ha liderado las pérdidas con un desplome del 3,21%. ArcelorMittal, la siderúrgica, ha cedido un 3,18%, mientras que Amadeus, la compañía de servicios tecnológicos para el turismo, ha retrocedido un 2,79%. Este comportamiento refleja la vulnerabilidad del sector del transporte y del turismo ante un contexto de encarecimiento del combustible y de incertidumbre geopolítica, que podría frenar la demanda de viajes y afectar los márgenes de beneficio de las aerolíneas.
En el mercado de divisas, el euro se ha mantenido sin variaciones significativas frente al dólar, intercambiándose a 1,1763 dólares por cada moneda comunitaria. Esta estabilidad contrasta con la volatilidad que se observa en otros activos financieros. En el mercado de deuda, el interés exigido al bono español a diez años ha escalado hasta el 3,44%, un nivel que refleja la prima de riesgo que piden los inversores para adquirir deuda española en un entorno de tensiones internacionales.
La subida del rendimiento del bono, que se ha producido de manera paralela al incremento de la rentabilidad de la mayoría de bonos europeos, responde a la huida de los inversores hacia activos considerados más seguros, como el bono alemán, y a las expectativas de una posible subida de los tipos de interés por parte del Banco Central Europeo para combatir el aumento de la inflación derivado del encarecimiento de la energía.
