El Ibex-35 ha comenzado la semana con números rojos, presionado por el encarecimiento del crudo y la incertidumbre geopolítica. El selectivo ha retrocedido un 0,2% en la apertura, lo que lo ha situado por debajo de los 19.200 puntos, concretamente en los 19.177. Detrás de este retroceso está la escalada de los ataques entre Irán y Estados Unidos, que ha vuelto a poner el foco sobre el estrecho de Ormuz y ha disparado el precio del petróleo hasta niveles que no se veían desde la segunda semana de junio.

El barril de Brent, de referencia para Europa, ha subido un 3% hasta cotizar en los 90 dólares. Los ataques cruzados entre Irán y Estados Unidos, con acciones que han afectado a buques petroleros e infraestructuras energéticas, han vuelto a poner sobre la mesa el riesgo de que el conflicto se extienda y afecte el flujo de crudo que atraviesa el estrecho de Ormuz. Y los inversores, como siempre en estas circunstancias, han reaccionado comprando petróleo y vendiendo activos considerados más arriesgados.

En el terreno empresarial, las caídas más pronunciadas en los primeros minutos de negociación han sido para IAG, que ha perdido un 1,3%. La compañía aérea, especialmente sensible a los precios del combustible, ha sufrido directamente el impacto del encarecimiento del crudo. Colonial ha retrocedido un 1,1% y ArcelorMittal, un 0,8%. En el otro extremo de la tabla, las subidas han sido lideradas por Repsol, que ha avanzado un 1,4% gracias a su exposición al negocio del petróleo. Le han seguido Puig, con un 0,5% de ascenso, y Endesa, con un 0,47%. La correlación es clara: las compañías energéticas, especialmente las vinculadas al crudo, se benefician del aumento del precio del petróleo, mientras que las aerolíneas y las empresas que consumen grandes cantidades de energía sufren las consecuencias.

Las bolsas europeas también sufren la inercia negativa

La inquietud no se ha quedado en la plaza madrileña. Los principales índices europeos también han comenzado la semana con descensos. El FTSE 100 de Londres ha abierto con una caída del 0,5%, mientras que el Dax alemán y el Cac 40 francés han retrocedido un 0,2% cada uno. La correlación entre los mercados es evidente: la incertidumbre geopolítica afecta a todo el continente, y el impacto en los precios de la energía tiene un efecto dominó sobre las bolsas. En el mercado de renta fija, el rendimiento del bono español a diez años ha subido un 0,7%, situándose en el 3,6%. El incremento refleja una cierta tensión en los mercados de deuda, que suele producirse en periodos de incertidumbre, cuando los inversores exigen más rendimiento por asumir riesgo. Por lo que respecta a las divisas, el euro ha cedido terreno frente al dólar, cotizando a los 1,1435 dólares.

La moneda europea, que había mostrado cierta fortaleza en las últimas semanas, se debilita en un contexto de tensiones geopolíticas y encarecimiento de la energía, dos factores que tradicionalmente favorecen el dólar como moneda refugio. La clave de los próximos días, tal como apuntan los analistas, estará en la evolución del conflicto en Oriente Medio. Si la tensión se desescala, el precio del petróleo podría retroceder y las bolsas podrían recuperar el terreno perdido.

Si, en cambio, los ataques se intensifican y el estrecho de Ormuz se convierte en un foco de conflicto abierto, los precios del crudo podrían continuar subiendo, presionando la inflación y forzando a los bancos centrales a mantener una política monetaria restrictiva. De momento, los inversores han optado por la prudencia. Y en un contexto como el actual, con la inflación todavía por encima de los objetivos de los bancos centrales y los tipos de interés en niveles elevados, cualquier episodio de tensión geopolítica se traduce en movimientos bruscos en los mercados. El Ibex-35 lo ha notado en su propia piel. Y lo que pasará el resto de la semana dependerá, en gran medida, de lo que pase al otro lado del mundo.