La industria catalana y española atraviesa uno de los contextos internacionales más complicados de las últimas décadas, con una situación geopolítica cambiante, el impacto creciente del cambio climático y una Europa sometida a múltiples presiones.
Este ha sido el punto de partida de la intervención del ministro de Industria y Turismo, Jordi Hereu, en el marco de la Reunión del Cercle d'Economia. El ministro de Industria y Turismo ha compartido mesa con el director de Veolia en España, Daniel Tugues y el presidente de KPMG en el Estado, Juanjo Cano, en un debate centrado en los retos estructurales del sector industrial.
Hereu ha comenzado su intervención con una constatación, según su criterio. La industria catalana y española debe aguantar el tipo en un entorno adverso, pero a la vez dispone de un activo que la distingue de otros sectores: la cultura del acuerdo para la transformación. Esta tradición de diálogo social y de pactos territoriales, ha argumentado, puede constituir una base sólida para afrontar los cambios necesarios. El ministro ha advertido, sin embargo, que en ámbitos como la productividad el cambio no se produce ni en uno ni en dos años, lo que exige perseverancia y horizontes alejados del corto plazo.
Transformación digital y nueva ley de industria
Dos vectores aparecen como irrenunciables en la hoja de ruta trazada por Hereu. El primero es la transformación digital, sin la cual no puede haber industrialización. El segundo es la aprobación de una nueva ley de industria que se adapte al escenario actual y supere el marco normativo vigente, concebido en un contexto muy diferente. Para conseguir este hito, el ministro ha reclamado inteligencia colectiva, especialmente en el ámbito político, para tejer acuerdos que doten la ley de la solidez y la duración que los ciclos industriales requieren.
Una de las afirmaciones más destacadas de la intervención de Hereu ha sido su disposición a ceder soberanía estatal en beneficio de la soberanía europea. El exalcalde de Barcelona ha planteado una cuestión de fondo que trasciende los partidos y las legislaturas: o bien Europa decide mancomunar esfuerzos de manera decidida, o bien cada país continuará por su lado, con la consiguiente pérdida de peso global del continente. En esta línea, Hereu ha defendido una Europa con más ambición, capaz de movilizar grandes recursos, tanto públicos como privados, para ganar la batalla de la productividad.
El ministro también ha aprovechado el altavoz del Cercle d'Economia para situar dos objetivos concretos en el horizonte de la industria española y catalana. Por un lado, hay que ganar valor añadido en las cadenas de producción, evitando que las fases de contenido tecnológico más elevado escapen hacia otras regiones.
Por otro lado, Hereu cree que es imprescindible relocalizar producción en Europa, reduciendo la dependencia exterior en sectores clave. Esta apuesta por la autonomía estratégica, ha matizado Hereu, no puede ser aislacionista sino colaborativa: Europa debe ser capaz de fabricar productos estratégicos en áreas de confianza, pero sin cerrarse al intercambio global.
Falta de ejecución y oportunidad en defensa
Juanjo Cano, presidente de KPMG en España, ha aportado una visión complementaria centrada en la brecha entre diagnóstico y acción. Según Cano, el problema no es que falten análisis o informes sobre las debilidades estructurales de la industria española, sino que la ejecución de las soluciones es insuficiente. Desde la perspectiva del dirigente consultor, España necesita Europa para mejorar aspectos como la productividad, el tamaño de las empresas y la capacidad de innovación.
En este contexto, Juanjo Cano ha identificado una ventana de oportunidad en el gasto de defensa que acaba de anunciar Europa, que puede actuar como tractor de demanda tecnológica e industrial. Además, ha llamado a aprovechar la IA como herramienta para mejorar la competitividad, a pesar de reconocer que esta tecnología añade incertidumbre al ámbito laboral y plantea retos de formación y adaptación.
Cano ha puesto el foco en uno de los problemas menos visibles pero más costosos para la industria española: el absentismo laboral. Ha señalado que las empresas se enfrentan a un gran problema con esta variable, que afecta a la productividad y la estabilidad de las plantillas. La solución, propone, implica diseñar una estrategia global alrededor del talento, que incluya formación permanente en las habilidades que vendrán y que no se limite a políticas reactivas.
Competitividad más allá del precio
Daniel Tugues ha aportado una visión que desborda los parámetros tradicionales del debate sobre competitividad. Según Tugues, no se puede vincular exclusivamente la competitividad al precio de los productos o servicios. Factores como la calidad de vida, la sostenibilidad ambiental y la estabilidad geopolítica influyen de manera decisiva en el atractivo de un territorio para la inversión industrial.
Tugues ha añadido un elemento adicional al diagnóstico: la incorporación de la iniciativa privada en los proyectos industriales y de infraestructuras otorga más dinamismo y agilidad a los procesos. Ha señalado que los modelos excesivamente centralizados o dependientes exclusivamente del sector público tienden a frenar la innovación y la adaptación a los cambios del mercado.
En este sentido, la colaboración público-privada se perfila como un instrumento clave para acelerar la transformación industrial sin perder de vista los objetivos sociales y ambientales. El debate ha concluido con un consenso implícito entre los ponentes: el diagnóstico de los problemas es compartido y detallado, pero el verdadero reto consiste en traducir este análisis en políticas concretas y sostenibles en el tiempo, con la implicación tanto de las administraciones como del tejido empresarial y los agentes sociales.
