La escalada del conflicto en Oriente Medio y el consiguiente choque energético han empeorado las perspectivas económicas para Catalunya. La Cambra de Comerç de Barcelona ha revisado a la baja su previsión de crecimiento del PIB para este año, rebajándola en dos décimas hasta el 2,2%. El organismo alerta de que el encarecimiento de los combustibles y la incertidumbre global pasarán factura a la economía catalana, con un impacto que se notará sobre todo en los precios. Según las nuevas proyecciones, la inflación podría llegar al 3% a finales de año, mientras que el crecimiento del PIB se moderará respecto a lo que se había pronosticado antes del estallido de las hostilidades.

La Cambra ha trabajado sobre dos escenarios principales. El primero, que considera el más probable a corto plazo, asume que el impacto actual del conflicto se mantendrá sin cronificarse. En este caso, las cicatrices económicas serán limitadas y el crecimiento del PIB se situará alrededor del 2%, con una inflación que podría llegar al 3%. El segundo escenario, más pesimista, contempla que el bloqueo del estrecho de Ormuz y las tensiones bélicas se alarguen más allá de lo previsto. En esta hipótesis, el PIB catalán podría crecer por debajo del 2%, hasta situarse en una horquilla de entre el 1,4% y el 1,6%, mientras que la inflación se dispararía entre el 4% y el 5%.

Los efectos serían menores que los de la guerra de Ucrania

A pesar de la gravedad de la situación, el jefe del Gabinete de Estudios Económicos de la Cambra, Joan Ramon Rovira, ha querido poner en perspectiva el impacto. Según Rovira, las consecuencias económicas del conflicto actual serán "mucho más reducidas" que las de la guerra de Ucrania de 2022, que situó la inflación en máximos históricos del 10%. La explicación hay que buscarla en la inercia positiva que arrastra la economía catalana, con tasas de crecimiento elevadas en los trimestres precedentes y un mercado laboral que aún se mantiene robusto. Ahora bien, si el conflicto se alargara mucho más allá de lo previsto, el escenario podría empeorar considerablemente, a pesar de que la Cambra no contempla por ahora un "escenario apocalíptico".

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Joan Ramon Rovira, jefe del Gabinete de Estudios Económicos de la Cambra de Barcelona | ACN

En este contexto de incertidumbre, la institución cameral prevé dos comportamientos contrapuestos en los componentes de la demanda. Por un lado, el consumo privado seguirá siendo dinámico, gracias a una tasa de ahorro inusualmente alta y a un crecimiento sostenido del empleo. Rovira ha explicado que "el empleo todavía va muy bien y los salarios reales no están decreciendo, están aumentando moderadamente". Estos factores, sumados a la tasa de ahorro elevada, deben permitir mantener la inercia positiva del consumo. Por otro lado, las ventas al exterior contribuirán negativamente al crecimiento, afectadas por la incertidumbre global y por la caída generalizada del comercio internacional.

Rovira se ha mostrado "preocupado" por un posible escenario en el que la moderación salarial vaya paralela a un aumento de los precios, erosionando el poder adquisitivo de los trabajadores. Este efecto combinado podría frenar el consumo y acabar afectando al conjunto de la economía. No obstante, el jefe de estudios confía en que el alto nivel de ahorro acumulado por los hogares hará de "colchón" y permitirá "aguantar" el consumo incluso si los salarios pierden terreno. En cuanto a la inversión, Rovira ha destacado que el ahorro empresarial es elevado y que la deuda consolidada de las empresas se encuentra en niveles bajos, lo cual permitirá afrontar las inversiones con fondos propios.

Los ERE no son una tendencia general

El repunte de Expedientes de Regulación de Empleo observado en los últimos meses ha llamado la atención de los analistas. Rovira ha admitido que es un repunte "destacado", pero ha pedido no leerlo como una tendencia general. Sí que ha advertido, sin embargo, que si la actividad económica se reduce entre 6 y 8 décimas, se producirá "un frenazo de contrataciones". En cualquier caso, el mercado laboral muestra un cambio estructural que la Cambra valora positivamente: los sectores de mayor valor añadido están creando más empleo que los sectores tradicionales.

El sector turístico, uno de los pilares de la economía catalana, se encuentra en un momento de moderación del crecimiento. La Cambra no prevé un aumento vertiginoso de la actividad turística en los próximos meses, pero tampoco un hundimiento. El sector tiene dos caras: por un lado, puede verse afectado por las cancelaciones de vuelos derivadas del incremento del precio del queroseno; por otro, la inestabilidad en Oriente Medio podría desviar turistas hacia destinos del Mediterráneo considerados más seguros. El efecto neto sobre Catalunya es, por ahora, incierto.

Cambio estructural en el mercado laboral

Uno de los fenómenos más destacados que ha analizado la Cambra es el cambio en la composición sectorial del empleo. Mientras que la hostelería se ha estancado y mantiene un peso del 7,9% sobre el total de afiliados, los servicios avanzados —informática, comunicaciones, profesiones científicas y técnicas— han aumentado su cuota hasta el 11,7%. El comercio, uno de los sectores más tradicionales, pierde claramente peso y baja hasta el 16,5%. En términos de creación de empleo, los servicios avanzados han crecido un 7,7% en el último año, mientras que la hostelería lo ha hecho solo un 1,4% y el comercio ha caído un 0,3%. La industria manufacturera, por su parte, ha crecido un 0,9%, una cifra que los economistas de la Cambra consideran "significativa".

Finalmente, la Cambra ha querido desmentir un tópico extendido sobre las causas de la brecha de productividad entre Catalunya y la media europea. Según el estudio, no es cierto que esta brecha se pueda cerrar simplemente aumentando el peso de la industria en el PIB. De hecho, incluso en el sector manufacturero, Catalunya está por debajo de la media europea en términos de productividad. "La composición sectorial no es el factor explicativo de la baja productividad relativa de Catalunya", concluye el informe. Son otros factores, como la dimensión de las empresas, el grado de innovación o la cualificación de la mano de obra, los que explican buena parte de la diferencia. Un diagnóstico que apunta a la necesidad de políticas estructurales más allá de la promoción industrial.