La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) elevó este miércoles los tipos de interés en 25 puntos básicos, hasta situarlos en una horquilla del 3,75% al 4%, en la primera subida del precio del dinero desde julio de 2023. El banco central estadounidense responde así a una inflación que continúa por encima de su objetivo del 2%, mientras una economía todavía resistente complica el camino hacia una política monetaria más expansiva.

Esta subida tiene una dimensión institucional. Es el primer movimiento de tipos bajo la presidencia de Kevin Warsh y se produce en un contexto de especial atención sobre la independencia del banco central de Estados Unidos.

La Reserva Federal ha puesto fin a más de tres años de estabilidad y recortes de tipos con una subida de un cuarto de punto, un movimiento que ya fue anticipado por los mercados. La decisión se produce después de que los últimos datos hayan dibujado una economía estadounidense más resistente de lo que muchos inversores esperaban. El índice de precios de consumo (CPI) aumentó un 0,4% en agosto y acumuló un incremento interanual del 3,4%. La inflación subyacente, que excluye alimentos y energía, avanzó un 0,3% mensual y un 2,4% en doce meses.

El repunte de los precios de la energía constituye uno de los principales focos de preocupación. La gasolina aumentó un 3,9% en agosto y los precios energéticos acumularon un incremento interanual del 16,3%, según los datos del Departamento de Trabajo.

La decisión de la Fed llega, además, en un momento en el que el consumo estadounidense está demostrando una notable capacidad de resistencia. Las ventas minoristas aumentaron un 1,2% en agosto, el mayor avance mensual desde marzo, mientras que el denominado grupo de control –una medida seguida de cerca por los economistas para valorar el gasto subyacente– avanzó un 1,4%. Reuters señala que estos datos han llevado a Goldman Sachs y JPMorgan a elevar sus previsiones de crecimiento anualizado del PIB para el tercer trimestre hasta aproximadamente el 3% y el 3,5%, respectivamente.

El mercado laboral también ha ofrecido argumentos para que la Reserva Federal mantenga una postura restrictiva. Estados Unidos creó 162.000 puestos de trabajo en agosto, frente a los 21.000 de julio, mientras la tasa de desempleo se mantuvo en el 4,1%. El incremento superó ampliamente el promedio mensual de 31.000 empleos registrado durante los doce meses anteriores.

El resultado es una combinación especialmente delicada para el banco central: una inflación todavía elevada y una demanda interna que no muestra señales claras de enfriamiento suficiente como para garantizar que los precios regresen rápidamente al objetivo del 2%.

Sin sorpresas

La decisión de este miércoles no ha supuesto una sorpresa para Wall Street. Los mercados de futuros habían llegado a asignar una probabilidad superior al 90% a una subida de 25 puntos básicos. Reuters situaba esa probabilidad en el 93% antes de conocerse la decisión, mientras Bloomberg había registrado una probabilidad cercana al 94%. Por eso, el foco de los inversores se desplaza ahora hacia el mensaje de la Reserva Federal y, especialmente, hacia las previsiones sobre los próximos movimientos.

El mercado de bonos ofrece una señal adicional de cautela. El rendimiento del Treasury estadounidense a diez años se ha aproximado al 5%, un nivel especialmente relevante para las condiciones financieras globales. El encarecimiento de la deuda pública estadounidense puede trasladarse a las hipotecas, al crédito empresarial y a otros costes de financiación de la economía.

El dólar, por su parte, se mantenía cerca de máximos de dos semanas antes de la decisión, reflejando las expectativas de los operadores de que el ciclo monetario estadounidense pueda seguir siendo más restrictivo.

El petróleo añade presión

A la política monetaria se suma otro elemento que la Fed no puede controlar directamente: el precio del petróleo. La escalada de las tensiones geopolíticas en Oriente Medio ha situado el crudo por encima de los 100 dólares por barril. Reuters destaca que el encarecimiento de la energía constituye uno de los factores que complican el escenario de inflación, mientras que los mercados siguen pendientes de la evolución de la oferta mundial.

El riesgo para la Reserva Federal es que un shock energético prolongado mantenga elevada la inflación justo cuando el banco central intenta calibrar cuánto enfriamiento necesita la economía. Una política demasiado restrictiva podría debilitar el empleo y el consumo; mientras que una relajación prematura podría dificultar el retorno de la inflación al 2%.

La nueva etapa de la Fed

El presidente Donald Trump ha defendido públicamente unos tipos más bajos y ha presionado para reducir el coste del crédito. La decisión de elevarlos supone, por tanto, una muestra de que la Fed mantiene el combate contra la inflación como una prioridad, independientemente de las demandas de una política monetaria más expansiva.

El elemento decisivo, sin embargo, será conocer hasta dónde pretende llegar la Reserva Federal liderada ahora por Kevin Warsh. Antes de la reunión, economistas consultados por Reuters esperaban que el banco central no se limitara necesariamente a esta subida y contemplaban al menos otro incremento en los meses próximos si la inflación permanecía elevada.

Las primeras señales apuntan, no obstante, a un proceso de endurecimiento prudente. Según MarketWatch, las nuevas previsiones de la Fed apuntan a una única subida adicional este año y no contemplan nuevos incrementos durante 2027 en el escenario central, aunque existe una considerable división entre los miembros del Comité sobre la trayectoria posterior de los tipos.