El Gobierno de Pedro Sánchez se ha propuesto atraer inversión, con la vivienda como prioridad, y parece ser que es un buen momento. España se ha convertido por primera vez en el país más atractivo de Europa para la inversión inmobiliaria en 2026, según la clasificación elaborada por la consultora internacional CBRE a partir de las perspectivas de casi 700 inversores con base en el continente. El ascenso refleja un cambio estructural en el apetito del capital internacional por el mercado español, impulsado por la fortaleza macroeconómica, el potencial de retorno y los desequilibrios entre oferta y demanda en varios segmentos, según el estudio.
El avance ha sido rápido y sostenido en los últimos años. España no figuraba en el listado en 2021; entró en séptima posición en 2022, subió al cuarto puesto en 2024, alcanzó el segundo lugar en 2025 y culmina ahora en la primera posición. Por detrás se sitúan Reino Unido y Polonia, en un contexto en el que los inversores muestran un creciente interés por el sur de Europa, donde perciben precios aún competitivos, escasez de producto y fundamentos económicos sólidos.
Uno de los factores que consolidan el liderazgo español es la presencia destacada de sus principales ciudades. Por segundo año consecutivo, el país es el único que cuenta con dos urbes entre las cinco más demandadas por el capital internacional. Madrid ocupa el segundo puesto, solo por detrás de Londres, mientras que Barcelona se sitúa en la cuarta posición del ranking europeo. Esta doble presencia refuerza la percepción de España como destino diversificado y líquido para la inversión.
Casi la mitad de los inversores transfronterizos encuestados sitúan España como su principal destino para 2026. Entre los motivos destacan el potencial de retorno, la resiliencia de la economía, la fuerte demanda de vivienda y la limitada oferta en determinados nichos, lo que presiona al alza las rentas y favorece la absorción de activos. El informe subraya que el capital internacional ha incrementado su exposición al mercado español y prevé mantenerla en el medio plazo.
El liderazgo llega tras un ejercicio 2025 especialmente dinámico, en el que la inversión inmobiliaria superó los 18.400 millones de euros, un 31 % más que el año anterior y el nivel más alto desde 2018. Las previsiones para 2026 apuntan a un crecimiento adicional de entre el 5 % y el 10 %, hasta un rango estimado de entre 19.000 y 21.000 millones de euros.
Por segmentos, el residencial —o “living”— se consolida como el favorito de los inversores europeos por segundo año consecutivo, con el 34 % de las preferencias. El atractivo se apoya en los desequilibrios estructurales entre oferta y demanda y en el crecimiento demográfico. Le siguen el logístico (25 %), oficinas (13 %) y retail (12 %), que mantienen el interés pese a los cambios en los hábitos de consumo y trabajo.
El clima inversor para 2026 se mantiene constructivo. Cerca de nueve de cada diez inversores (89 %) prevén que su actividad de compra aumente o se mantenga estable, mientras que un 83 % anticipa lo mismo para las ventas. El principal reto sigue siendo la divergencia entre las expectativas de precios de compradores y vendedores, que puede retrasar algunas operaciones. No obstante, la consultora destaca que el flujo de capital internacional hacia España refleja una tendencia estructural y no coyuntural, lo que refuerza su posición como uno de los mercados clave del inmobiliario europeo.