Marcharse de casa de los padres en España es, cada vez, una misión más complicada. La edad media de emancipación se cerró en 2025 en los 30,2 años, cuatro décimas más que hace cinco años, cuando la cifra se situaba en los 29,8. Son datos de Eurostat recogidos por Pisos.com, que dibujan una realidad que hace tiempo que se repite: los jóvenes españoles tardan más en independizarse que la mayoría de sus vecinos europeos. La comparación con el conjunto de la Unión Europea es contundente. Mientras España ha empujado el indicador hacia arriba, la media comunitaria ha hecho el camino inverso: ha pasado de los 26,4 años de 2020 a los 26,3 de 2025. Es solo una décima menos, pero suficiente para marcar direcciones opuestas. La brecha entre las dos realidades, que hace cinco años era de 3,4 años, se ha estirado hasta los 3,9.

Con esta cifra, España se sitúa entre los cuatro Estados miembros donde los jóvenes abandonan el hogar familiar más tarde. Por delante solo hay Croacia, que encabeza la clasificación con 31,5 años, y Grecia y Eslovaquia, ambas con 30,9. España comparte la cuarta posición con Italia, que registra exactamente la misma cifra: 30,2 años. La parte alta de la tabla dibuja un eje claramente mediterráneo y balcánico. Después de Croacia, Grecia, Eslovaquia, España e Italia, cierran el grupo de los diez países donde la emancipación llega más tarde Portugal y Eslovenia, ambas con 28,8 años, Bulgaria con 27,9, Malta con 27,5, Rumanía con 27,4 y Hungría con 27,3. Son diez Estados miembros en los que los jóvenes se marchan de casa, como mínimo, un año más tarde que la media comunitaria. En los primeros puestos de la lista, las diferencias rondan o superan los cuatro años. El patrón que se repite en todos estos países es similar: mercados laborales con salarios de entrada bajos, contratos temporales o discontinuos, y un acceso a la vivienda cada vez más caro, tanto de compra como de alquiler.

El norte y el centro, un escenario diferente

En el otro extremo de la tabla, las cosas pasan mucho antes. Finlandia registra la edad más temprana de toda la Unión Europea, con 21,3 años. Le siguen Dinamarca, con 21,8, y Estonia y Lituania, empatadas en 22,7. Después vienen Suecia, con 23,1, Países Bajos, con 23,4, y Francia, con 23,8. Tres mercados, los últimos, con volúmenes de vivienda de alquiler muy superiores a los españoles. La distancia entre Finlandia y España llega a los 8,9 años. Prácticamente, una década de diferencia dentro del mismo mercado único, una brecha que dice mucho menos sobre las preferencias personales de los jóvenes que sobre las condiciones económicas que encuentran cuando quieren empezar su vida adulta.

Si hay un país que merece una mención aparte, este es Suecia. En el año 2020, la edad media de emancipación allí era de 17,5 años. En 2025, de 23,1. Un salto de 5,6 años en solo cinco ejercicios, el mayor movimiento registrado en toda la Unión Europea durante este período. Suecia sigue estando en la parte baja de la tabla, entre los países donde los jóvenes se van antes de casa. Pero el deterioro del acceso a la vivienda en sus grandes ciudades ha erosionado en muy poco tiempo un modelo de emancipación temprana que parecía inamovible. El caso sueco es, en cierto modo, un aviso: incluso los países con tradiciones sólidas de independencia juvenil pueden verse afectados cuando el mercado de la vivienda se tensiona. Completan la lista de las diez emancipaciones más anticipadas Alemania, con 24,1 años, Austria, con 25,2, y Letonia, con 25,7.