El Parlamento Europeo votará la implantación del euro digital en el pleno de este julio, previsiblemente a favor después de que, en la sesión de la Comisión de Asuntos Monetarios de este junio, se aprobara por un amplio margen. Pero esto no significa que podremos pagar en euros digitales inmediatamente. Después del visto bueno de la Eurocámara, se iniciarán las negociaciones con el consejo de la UE –donde están representados todos los países– y comenzará una fase de pruebas de la nueva moneda digital. Si se cumplen las previsiones, podremos pagar con euros digitales en 2029.
El euro digital no sustituirá el dinero en efectivo ni ninguno de los actuales sistemas de pago. Será una nueva forma de pagar, que coexistirá con las otras. Podremos seguir pagando en billetes, talones bancarios, tarjetas de crédito, bizum, apps... y también mediante el euro digital. La novedad es que este último sistema se podrá utilizar tanto si el usuario está conectado a internet como si no lo está.
Esta reforma está impulsada y controlada por el Banco Central Europeo (BCE). Uno de los objetivos es ofrecer un nuevo sistema de pago que no dependa de grandes proveedores de Estados Unidos. Según datos del BCE, las redes Visa y Mastercard gestionan el 70% de los pagos con tarjeta en Europa. Por lo tanto, el euro digital ofrecerá a los ciudadanos de la UE un sistema de pagos alternativo a los de las compañías norteamericanas.
No será ni funcionará como una criptomoneda. El euro digital siempre tendrá el mismo valor que la moneda. Será la versión digital de la moneda, garantizada por el mismo BCE. Tampoco será un instrumento para invertir o especular. En realidad, el diseño prevé límites en los importes para evitar que se puedan mover grandes importes como si se tratara de un depósito bancario.
Todavía quedan aspectos por definir, pero, en principio, funcionará así:
- Pagos más sencillos y rápidos. Se podrán realizar transferencias instantáneas entre particulares o comercios sin depender de las redes de tarjetas de crédito.
- Disponible en la zona euro. Ciudadanos y empresas lo podrán utilizar como una opción de pago más. Será de gran utilidad en viajes y compras transfronterizas.
- Más opciones para los consumidores. El efectivo, tarjetas, apps... seguirán existiendo, pero los ciudadanos dispondrían de una alternativa digital pública.
- Pagos en línea y fuera de línea. Se podrá utilizar en conexión con internet o sin ella.
- Gratis. Se plantea como un medio de pago público y de uso general, sin coste para el usuario en los usos básicos.
- Alto nivel de privacidad. No será anónimo como los billetes, pero el BCE considera que deberá ofrecer más privacidad que muchos pagos digitales actuales, sobre todo en el uso fuera de línea.
¿Cuáles son sus ventajas?
Los defensores del euro digital destacan que supondrá más autonomía europea en los sistemas de pago y, por tanto, menos dependencia de plataformas privadas internacionales, sobre todo de las norteamericanas. Además, subrayan que es un sistema de pagos inmediatos y potencialmente más eficiente, con acceso universal a dinero digital emitido por el BCE. De hecho, impulsará la innovación en los sistemas financieros.
¿Cuáles son las principales dudas?
- Privacidad. No queda claro hasta qué punto las operaciones serán anónimas. El BCE mantiene que el euro digital está diseñado para proteger la privacidad tanto como sea posible, especialmente en los pagos de pequeño importe.
- Impacto sobre los bancos. Si se llega a generalizar el uso del euro digital, los bancos podrían disponer de menos depósitos. Por este motivo, se estudian límites a la cantidad de euros digitales que cada persona podría mantener. Se ha apuntado que los saldos individuales se limiten a 3.000 euros (en ningún caso, generarían intereses). Los saldos que superen el límite se podrían transferir automáticamente a cuentas bancarias vinculadas. Pero el límite todavía no se ha concretado.
- Seguridad informática. Como cualquier infraestructura digital, habrá que proteger el sistema frente a ataques informáticos y fraudes.