Barcelona ha cerrado el año 2025 con 6.899 licencias de terrazas en vigor, una cifra que representa un incremento del 6,1% respecto a 2022, cuando se contabilizaban cerca de 400 menos. Según datos facilitados por la Dirección de Servicios de Licencias a través de una petición de transparencia y que ha dado a conocer la Agència Catalana de Notícies, entre 2022 y 2025 el Ayuntamiento ha otorgado 1.192 nuevas autorizaciones y ha denegado 1.117. El pico de concesiones se produjo en 2022, en plena recuperación económica pospandemia, con 486 nuevas licencias. A partir de entonces, la cifra se ha ido moderando: 243 en 2023, 243 en 2024 y 220 en 2025.
Por distritos, Sants-Montjuïc ha encabezado el número de nuevas licencias concedidas entre 2022 y 2025, con 235, casi el 20% del total de la ciudad. Le siguen Sant Martí (200), l’Eixample (196) y Sant Gervasi (109). En cambio, en distritos como l’Eixample y Ciutat Vella se han denegado muchas más solicitudes de las que se han aprobado: más de 400 denegaciones por 196 concesiones en l’Eixample, y más de 200 denegaciones por 58 concesiones en Ciutat Vella.
L’Eixample concentra un tercio de las terrazas
Actualmente, el Eixample es el distrito que acumula más terrazas, con 2.296 licencias, es decir, un tercio del total de Barcelona. Le siguen Sant Martí (1.096), Sants-Montjuïc (678), Ciutat Vella (568) y Sant Andreu (467). En términos relativos, los distritos donde más han crecido las terrazas entre 2022 y 2025 son Sant Andreu (un 11% más), Nou Barris (8,5%) y Horta-Guinardó (8,5%).
En cuanto a la densidad, Barcelona tiene cuatro terrazas por cada mil habitantes, o una por cada 250 habitantes. El Eixample dobla esta media, con 8,3 terrazas por cada mil habitantes. Ciutat Vella (4,9) y Sant Martí (4,3) también se sitúan por encima de la media. En los extremos opuestos, Horta-Guinardó y Gràcia tienen menos de dos terrazas por cada mil habitantes.
Durante 2025, el Ajuntament incoó 2.400 expedientes sancionadores vinculados a terrazas, una cifra similar a la de 2024 (2.432) pero inferior a los picos de 2022 (3.549) y de 2023 (2.652). En total, entre 2022 y 2025 se han iniciado 11.033 expedientes. Las infracciones más frecuentes son la instalación de elementos no autorizados, el exceso de ocupación del espacio concedido y la reducción del ancho de la acera con perturbación grave. Por distritos, el Eixample concentró 967 expedientes en 2025, seguido de Ciutat Vella (539) y Sant Martí (320). Este reparto contrasta con el de 2022, cuando Ciutat Vella lideraba las sanciones con 1.126 expedientes.
El Gremi de Restauració denuncia "cultura de la traba" y presión inspectora
El director del Gremi de Restauració de Barcelona, Roger Pallarols, defiende que las terrazas forman parte del "ADN" de los barceloneses y son "imprescindibles" para la viabilidad de los negocios. Según Pallarols, el crecimiento del 6,1% en cuatro años es "muy moderado" y la ciudad tiene capacidad para absorber más terrazas, ya que más del 80% tienen cuatro mesas o menos. La entidad reclama un trato "adecuado y facilitador" por parte de la administración.
Pallarols denuncia una "cultura de la traba muy enquistada" y asegura que la inspección municipal está "absolutamente desbocada", con unos niveles de sanción "nunca vistos en los años recientes" y que afectan casi exclusivamente al sector de la restauración. El Gremi exige que la inspección sea "justa y equilibrada" y que se concentre en los casos graves para la convivencia o la seguridad.
La FAVB apuesta por el decrecimiento
La Federació d'Associacions Veïnals de Barcelona (FAVB) tiene una visión opuesta. La vicepresidenta de la entidad, Ana Menéndez, defiende la necesidad de ir hacia un "decrecimiento" de las terrazas, que a su parecer "colonizan" el espacio público. Menéndez considera que la ordenanza actual permite ocupaciones "excesivas", como el 60% de una rambla o una plaza, en perjuicio de otros usos del espacio público como el paso de peatones o la actividad vecinal.
Menéndez pone el acento en Ciutat Vella, donde, a pesar de que el número de terrazas no ha crecido de manera exponencial por falta de espacio, la densidad es "excesiva" y acumula muchas quejas e incumplimientos. "El espacio público es escaso y debe acoger usos equilibrados y diversos", reclama Menéndez, que pide al Ayuntamiento una revisión a la baja de las ocupaciones máximas permitidas en plazas y ramblas.