El telescopio que la NASA intentó salvar vuelve a funcionar, pero su final está cada vez más cerca

La NASA ha estado trabajando en la recuperación de un antiguo telescopio espacial con la intención de elevar su órbita; el problema es que la nave está perdiendo altura más rápido de lo previsto. Les queda muy poco tiempo antes de que caiga por debajo de una altitud crítica. Pese a todo, el observatorio Neil Gehrels Swift pudo reanudar el estudio del universo el pasado 26 de agosto con dos de sus tres instrumentos científicos, los cuales se habían apagado en febrero con el fin de ayudar a la nave a permanecer en órbita.

El tercer instrumento, un telescopio dedicado a la alerta de ráfagas, aún no ha podido reiniciar sus operaciones. Dejó de utilizarse en abril, momento en el que los ingenieros orientaron los paneles solares del observatorio para reducir la resistencia aerodinámica. Se estima que este instrumento pueda volver a recopilar datos en las próximas semanas.

El observatorio Swift de la NASA es de los más versátiles, pero la pérdida parece inevitable

Han pasado 21 años desde que Swift se concibió como uno de los mejores observatorios de la NASA. Se dedica a estudiar el universo y todo lo que nos rodea, centrándose en las longitudes de onda de la luz, lo que permite rastrear eventos cósmicos repentinos y habitualmente de corta duración. Swift es capaz de detectar estallidos y girar rápidamente hacia la fuente, alertando al mismo tiempo a otros observatorios terrestres y espaciales para que los astrónomos puedan realizar observaciones de seguimiento antes de que estos fenómenos se desvanezcan.

Observatorio Swift de la NASA
Observatorio Swift de la NASA

Tratarse de un observatorio tan eficiente conlleva importantes desafíos que pueden surgir en cualquier momento. Su ubicación es uno de ellos: se sitúa en la órbita terrestre baja. Debido a la actividad que tiene lugar en la atmósfera de nuestro planeta, las delgadas capas superiores generan fricción con las naves espaciales y las ralentizan progresivamente, haciendo que sus órbitas decaigan. El problema de Swift es que no cuenta con un sistema de propulsión que le permita impulsarse hacia arriba para compensar la caída.

A esto se suma otro fenómeno que perjudica seriamente al observatorio: la intensa actividad solar ha provocado la expansión de la atmósfera superior de la Tierra. Esa energía adicional calienta la propia atmósfera y hace que sus capas exteriores se extiendan hacia el espacio. Esta situación incrementa la resistencia atmosférica que sufren los satélites en órbita baja, motivo por el cual Swift ha perdido altura mucho más rápido de lo esperado. La NASA estima que la configuración de baja resistencia aerodinámica de Swift permitirá mantenerlo por encima de los 300 kilómetros hasta octubre. Si cae por debajo de esa cota, operar el telescopio será aún más difícil, un punto crítico al que podría llegar en cuestión de uno o dos meses si continúa descendiendo.