Cargando...

El telescopio espacial James Webb nos ha permitido detectar lugares y fenómenos nunca antes vistos. Desde planetas que no deberían existir a rastros extraños en el cometa interestelar 3I/ATLAS. Y, ahora, según se ha publicado en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, un equipo de científicos ha utilizado estas observaciones para mejorar la comprensión de los vientos galácticos extremadamente potentes.

El envejecimiento prematuro de las galaxias podría tener una explicación

Uno de los secretos que hemos descubierto gracias al James Webb es que en el universo muy temprano ya existían galaxias “quiescentes” o “muertas”, es decir, galaxias con muy poca formación estelar. Esto es llamativo porque, según los modelos actuales, en esa etapa del universo lo habitual sería encontrar galaxias todavía muy activas y en pleno crecimiento.

Esto no significa que no pudieran existir, pero sí que aparecen antes o en mayor número de lo que se esperaba, lo que está obligando a revisar algunos aspectos de cómo entendemos la evolución de las galaxias en el universo primitivo.

Ahora conocemos un poco mejor por qué algunas galaxias “murieron” tan pronto

Este nuevo estudio publicado apunta a una posible explicación: vientos galácticos extremadamente potentes capaces de expulsar el gas de estos sistemas. En la galaxia CRISTAL-02, situada apenas mil millones de años después del Big Bang, se ha observado una enorme columna de gas frío siendo expulsada hacia el exterior, lo que elimina el material necesario para formar nuevas estrellas. Si este proceso continúa al ritmo actual, la galaxia podría volverse inactiva en apenas decenas de millones de años.

En lugar de recurrir a teorías más complejas como la energía oscura o la acción exclusiva de agujeros negros supermasivos, las observaciones del James Webb y ALMA apuntan a algo más “normal” en el universo primitivo: las propias interacciones entre galaxias. En esa etapa inicial, las colisiones eran mucho más frecuentes y provocaban una formación estelar muy intensa.

El problema es que esa misma actividad acaba volviéndose en contra de la galaxia. Las estrellas masivas que se forman rápido viven poco y explotan como supernovas, generando vientos tan potentes que pueden expulsar el gas necesario para seguir creando nuevas estrellas, apagando así la galaxia con el tiempo.

Este proceso de “retroalimentación” ayuda a entender cómo galaxias que nacieron muy activas pudieron apagarse tan rápido en el universo temprano. Si, como sugieren los datos, muchas galaxias masivas sufrieron colisiones similares, este mecanismo podría explicar una parte importante de las galaxias “muertas” detectadas en las primeras etapas del cosmos.