Pocas cosas más espectaculares que se pueden visualizar en el espacio son más fascinantes que la explosión de una supernova. Es un proceso natural de toda estrella, supone el final de la vida de una estrella, liberando energía y material que puede formar nuevas estrellas y planetas. Y, ahora, han captado una anomalía que puede cambiar lo que sabemos sobre este tipo de explosiones.
Una señal inesperada en una supernova a 1.000 millones de años luz pone en alerta a los astrónomos
La supernova superluminosa SN 2024afav, situada a unos 1.000 millones de años luz de la Tierra, fue detectada en diciembre de 2024 y seguida durante más de 200 días con la red global de telescopios de Las Cumbres Observatory. Un grupo de astrónomos ha publicado en Nature un patrón en la luz del estallido que se repite cada vez más rápido; esa oscilación de la luz sería la pista más sólida hasta ahora de que, tras la explosión, nació un magnetar, una estrella de neutrones extremadamente densa, magnética y que gira a una velocidad descomunal.
Las supernovas superluminosas, explosiones entre 10 y 100 veces más brillantes que las normales, ya eran un fenómeno raro antes de SN 2024afav. Durante años, los astrónomos han debatido sobre el “motor” interno que podría sostener tanta energía, con los magnetares como una de las teorías más populares, aunque sin pruebas observacionales claras. Si bien este nuevo caso no resuelve el debate por completo, sí inclina la balanza a favor de esta posibilidad.
La clave para entender SN 2024afav reside en su curva de brillo. Tras alcanzar el pico unos 50 días después de la explosión, la luz no disminuyó de forma uniforme, sino que mostró cuatro oscilaciones cada vez más rápidas. Los investigadores comparan este patrón con un “chirp”, una señal cuya frecuencia aumenta con el tiempo, un fenómeno nunca antes observado con tanta claridad en una supernova.
La explicación más plausible es que parte del material expulsado cayó de vuelta hacia el núcleo recién formado, creando un disco de acreción inclinado. Si en el centro se encuentra un magnetar girando a gran velocidad, su rotación arrastra el espacio-tiempo a su alrededor, provocando que el disco bambolee. Este bamboleo bloquearía o redirigiría la luz periódicamente, como un faro cósmico. A medida que el disco se acerca al magnetar, la precesión se acelera, aumentando también la frecuencia de los pulsos de brillo.
A partir de estas observaciones, los astrónomos estiman que el objeto central gira cada 4,2 milisegundos y posee un campo magnético unas 300 billones de veces más intenso que el de la Tierra, características típicas de un magnetar. Si bien se recomienda cautela, ya que no todas las supernovas superluminosas se comportarán de la misma manera, esta señal específica ofrece una oportunidad para probar la teoría de los magnetares. El siguiente paso será identificar más casos que confirmen esta teoría sobre algunas de las explosiones más brillantes del universo.
