SpaceX pone en órbita el primer satélite nuclear de la historia creado por City Labs

La energía nuclear lleva décadas viajando al espacio, pero hasta ahora había estado ligada casi por completo a misiones gubernamentales. Eso acaba de cambiar con BOHR, un pequeño satélite desarrollado por la empresa estadounidense City Labs que llegó a órbita a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX.

La compañía lo presenta como el primer satélite comercial alimentado con energía nuclear y el primer CubeSat nuclear del mundo. Su objetivo no es probar un reactor ni un nuevo sistema de propulsión, sino demostrar que una batería basada en tritio puede suministrar electricidad de forma continua en lugares donde los paneles solares tienen limitaciones.

Un pequeño satélite dentro de una misión mucho mayor

BOHR, siglas de Betavoltaic Orbital High-Reliability, despegó el 7 de julio de 2026 como una de las cargas transportadas por la misión compartida Transporter-17 de SpaceX. El lanzamiento se realizó desde la Base de la Fuerza Espacial Vandenberg, en California.

El satélite es un CubeSat de tamaño reducido, pero su carga tiene un objetivo relevante: probar en órbita la tecnología NanoTritium de City Labs. Se trata de una batería betavoltaica diseñada para producir pequeñas cantidades de electricidad durante periodos prolongados.

El interés no está tanto en la potencia que genera como en su capacidad para mantener activos sensores, transmisores u otros componentes que necesitan un suministro estable durante años.

No utiliza un reactor nuclear

Hablar de un “satélite nuclear” puede hacer pensar en un reactor compacto, pero BOHR funciona de una manera muy distinta. Su batería aprovecha la desintegración natural del tritio, un isótopo radiactivo del hidrógeno. Al desintegrarse, libera partículas beta que interactúan con un semiconductor y producen electricidad. El principio se parece al de una célula solar, aunque la energía no procede de la luz, sino del material radiactivo.

No hay una reacción de fisión en cadena, combustión ni piezas móviles. Con el paso del tiempo, el tritio se transforma en helio-3, un isótopo estable, mientras la batería continúa generando energía.

BOHR tampoco depende únicamente de su batería de tritio. Durante esta misión, el sistema NanoTritium alimentará de forma independiente la carga experimental, mientras que los paneles solares se encargarán de las operaciones principales del satélite.

Por tanto, la prueba no busca demostrar que un CubeSat pueda prescindir por completo del Sol. El objetivo es comprobar cómo se comporta esta fuente de energía en condiciones reales de vuelo y qué aplicaciones podría tener en futuras misiones.

Si el sistema funciona como espera City Labs, podría utilizarse para mantener activos componentes de bajo consumo que no pueden permitirse interrupciones prolongadas.

Por qué los paneles solares no siempre son suficientes

La mayoría de los satélites cercanos a la Tierra utilizan paneles solares combinados con baterías recargables. Es una solución probada y eficiente, pero no funciona igual de bien en todos los entornos.

Cuando un satélite pasa por la sombra de la Tierra, los paneles dejan temporalmente de producir energía. En la Luna existen regiones próximas a los polos que permanecen en oscuridad durante largos periodos. En el espacio profundo, además, la luz solar pierde intensidad conforme aumenta la distancia al Sol.

Las baterías nucleares pueden complementar esos sistemas porque no dependen de la iluminación. No están pensadas para sustituir de forma general a los paneles solares, sino para cubrir tareas muy concretas en lugares donde la energía convencional resulta menos fiable.

La tecnología NanoTritium busca mantener activos sensores e instrumentos de bajo consumo en lugares donde los paneles solares tienen limitaciones
La tecnología NanoTritium busca mantener activos sensores e instrumentos de bajo consumo en lugares donde los paneles solares tienen limitaciones

Una batería pequeña para tareas de larga duración

La tecnología de City Labs no genera la potencia necesaria para propulsar una nave, alimentar grandes ordenadores o mantener por sí sola una base lunar. Su utilidad está en aplicaciones mucho más específicas.

Una fuente betavoltaica puede mantener activos sensores remotos, relojes internos, dispositivos de seguridad, transmisores de emergencia o instrumentos científicos de bajo consumo. Son componentes que necesitan poca electricidad, pero pueden requerirla durante años sin mantenimiento.

Esa combinación de tamaño reducido, duración prolongada y ausencia de partes móviles podría resultar útil en la Luna, en misiones alejadas del Sol o en redes de sensores autónomos.

El desafío también era regulatorio

Enviar material radiactivo al espacio exige demostrar que el lanzamiento no supone un riesgo inaceptable para la población o el medioambiente en caso de accidente.

Según City Labs, BOHR fue la primera misión nuclear comercial que completó la vía de autorización de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos para lanzamientos con materiales nucleares. El análisis de seguridad contó con la revisión de los Laboratorios Nacionales Sandia, y la autorización se concedió en septiembre de 2025.

Ese precedente puede ser tan relevante como la propia prueba en órbita. Hasta ahora, el uso de fuentes nucleares en el espacio había estado dominado por organismos públicos y programas militares. Contar con un procedimiento regulatorio ya recorrido podría facilitar futuros lanzamientos comerciales.

La energía nuclear espacial no comenzó con BOHR

BOHR representa una primera vez para el sector comercial, pero no para la exploración espacial en general.

Estados Unidos, la antigua Unión Soviética y otras potencias han enviado durante décadas satélites y sondas con fuentes nucleares. En 1965, el satélite estadounidense SNAP-10A llegó a operar un reactor nuclear en órbita. Misiones como Voyager, Cassini, New Horizons, Curiosity y Perseverance también utilizaron generadoras radioisotópicos para trabajar lejos del Sol o durante períodos muy prolongados.

La diferencia es que aquellas misiones fueron desarrolladas por organismos gubernamentales. BOHR busca trasladar parte de esa capacidad al mercado comercial mediante una fuente mucho más pequeña y de menor potencia.

Una nueva opción para misiones en la que cambiar una batería no es posible

La misión todavía debe demostrar que NanoTritium funciona en órbita como estaba previsto. También habrá que evaluar su rendimiento, estabilidad y utilidad frente a otras tecnologías disponibles.

Por ahora, BOHR no supone el final de los paneles solares ni convierte a los satélites comerciales en pequeñas centrales nucleares. Lo que abre es una posibilidad más concreta: utilizar cantidades controladas de material radiactivo para mantener sistemas de bajo consumo activos durante largos períodos.

La potencia es limitada, pero también lo son las necesidades de muchos instrumentos. Si la prueba tiene éxito, esta tecnología podría encontrar un sitio en cráteras lunares permanentemente oscuros, misiones alejadas del Sol o entornos donde reemplazar una batería sencillamente no sea una opción.