La cultura egipcia es una de las más fascinantes de la historia de la humanidad y lo más increíble de todo es que aún se siguen descubriendo cosas extraordinarias. Hace poco descubrimos una extraña máquina abandonada en un museo que podría cambiar mucho de lo que sabemos de Egipto, por no hablar del estudio que dice que la pirámide de Giza es más antigua de lo que pensamos. Y las momias son otro de los grandes misterios, que ahora estamos resolviendo por su característico olor.

Un grupo de científicos está descifrando secretos egipcios gracias al olor de las momias

La momificación ha fascinado a historiadores y científicos durante siglos, pero muchos detalles sobre cómo los antiguos egipcios preservaban a sus muertos seguían sin estar claros. Una nueva investigación revela que el característico olor a humedad de los restos momificados contiene valiosas pistas sobre cómo se llevaban a cabo estos elaborados rituales funerarios.

Químicos de la Universidad de Bristol han descubierto que el olor de las momias no es simplemente el resultado del envejecimiento o la descomposición. La química de ese olor revela una compleja mezcla de sustancias utilizadas durante el embalsamamiento, así como de telas y otros materiales que envolvían el cuerpo.

Los investigadores optaron por una técnica diferente: en lugar de dañar las muestras, analizaron el aire que las rodea. Así pudieron estudiar diminutos fragmentos sin tocarlos, capturando los llamados compuestos orgánicos volátiles, que son los responsables del aroma. Gracias a herramientas avanzadas, identificaron hasta 81 compuestos distintos en restos de 19 momias que abarcan más de 2000 años. Estas “huellas químicas” permitieron saber qué materiales se usaban en el embalsamamiento: grasas y aceites, cera de abejas, resinas vegetales o incluso betún.

Uno de los hallazgos más interesantes es que las recetas cambiaban con el tiempo. Las momias más antiguas utilizaban mezclas más simples, mientras que las más recientes incorporaban ingredientes más complejos y caros, señal de que la técnica fue evolucionando. Incluso variaban según la parte del cuerpo, lo que sugiere que los embalsamadores seguían procesos distintos para cada zona.

Además, este método abre la puerta a estudiar momias sin dañarlas, algo clave para museos e investigadores. Analizar el aire permite obtener mucha información sin tocar los restos, ofreciendo una nueva forma de entender cómo se perfeccionó la momificación a lo largo de los siglos.