Las redes sociales son una de las tecnologías disruptivas que han cambiado para siempre nuestro modo de vivir y relacionarnos. Gracias a ellas, personas que viven a miles de kilómetros de distancia pueden conectar y compartir experiencias, aficiones y hasta crear lo que consideren y sus habilidades les permitan. Por eso, en tiempos de adocenamiento musical y autotune, las redes pueden convertirse en una esperanza. Y eso, justo, es lo que ha logrado Alba, una joven de 16 años que toca el bajo, vive en León y ha encontrado candidatos de sobra para hacer realidad su sueño: crear una banda de rock. De hecho, gracias a herramientas como la videoconferencia, va a poder hasta ensayar a distancia, si así lo considera oportuno y acaba armando su grupo junto a algunos de los miles de adolescentes amantes de la música con mayúsculas con los que ha conectado. Su historia, sin embargo, empezó con una cuartilla y un rotulador así que, no nos equivoquemos: no es sólo el metal lo que nunca muere, porque el papel, también aguanta. Casi tanto como cierta banda.

Gracias a las redes
El cartel no engaña a nadie y es idéntico a los que, en los 80 y los 90, llenaban los tablones de anuncios de tiendas como la histórica y barcelonesa Revólver: alguien con ganas, horas de vuelo escuchando música, y un instrumento comprado no hace mucho quiere montar una banda de rock y, como en en su entorno inmediato no encuentra a los compañeros que necesita, los busca donde puede. De primeras, Alba lo hizo colocando copias del cartel por las calles de su ciudad, pero las redes sociales hicieron el resto: algún treintañero o cuarentón de esos que sabemos que uno se siente tal que bleeding me cuando alrededor sólo hay gente con gustos musicales infames vio el cartel, lo compartió en redes y la magia de Internet hizo el resto. Lo compartido volvió a compartirse una y mil veces y el correo que Alba facilitaba se llenó de respuestas: había guitarristas, baterías y vocalistas por cientos dispuestos a ayudar a Alba a cumplir su sueño que, seguro, se parece a los que tenían Jason Newsted o Lemmy Kilmister ( a quien cita Alba como una de sus influencias) a sus años.
El tiempo dirá
Si de todo esto sale algo concreto, lo dirán los años, pero lo cierto es que Alba, sus gustos musicales y su bajo nos han devuelto la esperanza a muchos. Al rock, como dice Loquillo, llevan años escondiéndolo de las luces y los focos y mezclándolo con reclamos comerciales pero, aunque se empeñen en olvidarlo como a un viejo en un asilo, siempre vuelve a levantarse haciendo ruido. Ahora, lo ha hecho en León, de la mano de una cría de 16 años y gracias a la tecnología. Para celebrarlo, voy a escuchar No Leaf Clover y corregiré a James Hetfield: a veces sí que se encuentran tréboles con cuatro hojas. Por si, casualidades de la vida, Alba lee esto, comparto Cannonball, una de las canciones de mis queridos 90 con mejor línea de bajo. Y encima, es una mujer quien la interpreta. El rock, ya lo dice el Loco, es una actitud.