Se inventó hace más de 60 años y, todavía hoy, se le descubren nuevas aplicaciones. Una de las últimas y más novedosas tiene que ver con nuestra percepción porque el láser, la tecnología que hoy nos ocupa, mejora la memoria visual y, también, incrementa el rendimiento intelectual.

¿Por qué?
Diferentes estudios realizados en paralelo por equipos de científicos chinos, ingleses y norteamericanos lo han confirmado: si se somete a dos grupos de voluntarios a pruebas para medir su memoria a corto plazo y sólo se expone a los integrantes de uno de ellos a láseres infrarrojos de baja intensidad inocuos para su organismo que se proyectan en la reión derecha de la frente, los miembros de este último grupo obtienen mejores resultados. El láser utilizado incide en el córtex prefrontal de los sujetos y, se supone, estimula la liberación de óxido nítrico, un vasodilatador muy potente. Además, el láser genera calor y el calor tiene, también, efectos vasodilatores. Y la vasodilatación incrementa el riego sanguíneo en el cerebro, lo que permite una mayor actividad y unos resultados mejores, concluyen los investigadores.
¿Más rendimiento intelectual?
El experimento permite deducir que la utilización de luz láser sobre determinados sujetos podría incrementar el rendimiento cerebral, dado que, a mayor riego cerebral, más actividad en éste órgano. Los láseres, así, se convierten en utilísimas herramientas para desarrollar terapias cognitivas tanto en personas sanas como en pacientes que sufren algún tipo de deterioro cognitivo o, incluso, en pacientes en estado vegetativo. Se trata, además, de procedimientos sencillos, indoloros y económicos. El láser, ya vemos, sirve para todo pero, sea dicho, una bolsa de agua caliente -o un simple beso en la frente- también tienen efectos vasodilatadores.