La inteligencia artificial se está transformando en una herramienta realmente poderosa, hasta el punto de descubrir cosas completamente nuevas. Hemos visto cómo la IA descubría planetas ocultos y nuevas leyes de la física, y ahora una inteligencia artificial ha encontrado seis estructuras que no conocíamos en las capas de la Tierra, situadas a unos 2.900 kilómetros bajo nuestros pies.
Revisando datos de más de 100 años de terremotos, la IA ha descubierto algo sorprendente en las capas de la Tierra
Una inteligencia artificial acaba de encontrar seis estructuras desconocidas a casi 3.000 kilómetros bajo la superficie terrestre. Y lo más curioso es que no ha necesitado nuevos datos para hacerlo. Ha revisado más de dos millones de sismogramas registrados durante 124 años y ha encontrado 175.000 señales extremadamente débiles que habían pasado desapercibidas.
El descubrimiento se encuentra en uno de los lugares más difíciles de estudiar de nuestro planeta: el límite entre el núcleo y el manto, situado a unos 2.900 kilómetros de profundidad. Para llegar hasta allí no podemos enviar instrumentos, así que los científicos tienen que recurrir a las ondas producidas por los terremotos. El problema es que algunas de esas señales son tan débiles que localizarlas entre millones de registros puede convertirse en una tarea prácticamente interminable.

Ahí es donde entra la IA. Los investigadores han utilizado tres modelos de aprendizaje profundo para analizar los sismogramas acumulados entre 1900 y 2024. Uno de los objetivos eran los llamados precursores PKP, unas señales especialmente difíciles de detectar que hasta ahora dependían en buena medida de un cribado manual. Los modelos han permitido localizar unas 175.000 de ellas y, a partir de ahí, identificar seis zonas que podrían esconder estructuras que no conocíamos.
En realidad, no estamos hablando de enormes objetos escondidos bajo tierra, sino de anomalías en esa frontera entre el núcleo y el manto. Son regiones con características diferentes que pueden modificar el comportamiento de las ondas sísmicas al atravesarlas. Los investigadores todavía no saben exactamente qué son, pero entre las posibilidades aparecen restos de placas tectónicas que acabaron hundiéndose hacia las profundidades, zonas con fusión parcial o cambios en los minerales.
Una de las seis anomalías resulta especialmente interesante porque se extiende desde el noroeste de la península ibérica hasta Europa central. Las demás aparecen en lugares muy distintos: el norte de Eurasia, el área del Pacífico noroccidental y Alaska, el sur de África y el canal de Mozambique, el Atlántico Sur y la plataforma continental de la Antártida. Son seis nuevas zonas que podrían ayudar a reconstruir mejor qué ocurre en las profundidades de la Tierra.
Y aquí está probablemente lo más interesante del descubrimiento. La IA no ha encontrado información que no existiera: ha encontrado patrones que estaban escondidos en datos que llevaban décadas almacenados. Es otro ejemplo de cómo estos modelos pueden servir como una especie de lupa para revisar archivos científicos a una escala que sería muy difícil alcanzar de forma manual. Ahora habrá que comprobar qué son exactamente esas seis anomalías y qué relación tienen con la evolución interna del planeta.