Lo que debía ser un baile promocional en una cafetería de San José, California, se convirtió en un pequeño caos tecnológico. Un robot diseñado para entretener a los clientes perdió el control de sus movimientos y empezó a lanzar platos y cubiertos por los aires, obligando a los empleados a intervenir físicamente.
Este incidente se suma a otros episodios recientes que han encendido las alarmas sobre la seguridad de los autómatas, como el caso en el que un robot humanoide terminó “arrestado” tras perseguir y asustar a una mujer, lo que refuerza la preocupación sobre los riesgos que podrían representar las capacidades autónomas de estas máquinas.
Un incidente pone el foco en la seguridad de los robots en espacios públicos
El suceso, que se ha viralizado en redes sociales, tuvo como protagonista a un robot humanoide cuya misión era amenizar el almuerzo de los clientes. Según recoge el medio Futurism, el autómata estaba programado para bailar y realizar promoción de la película de Disney Zootrópolis 2.
A robot in China just smashed some dishes started dancing instead of working 😂 pic.twitter.com/cfkIjihnsx
— Tansu Yegen (@TansuYegen) March 17, 2026
Lo que prometía ser una atracción simpática se transformó en un episodio caótico cuando el robot pareció perder su referencia espacial y el control de sus movimientos.
De repente, el humanoide comenzó a agitar sus brazos de forma frenética y desordenada. En su rango de acción se encontraban mesas con comensales, y el resultado fue inmediato: platos y cubiertos, como palillos, salieron volando, estrellándose contra el suelo ante la mirada incrédula de los presentes.
La escena, lejos de ser la coreografía coordinada que se esperaba, se convirtió en una exhibición de fuerza bruta sin control.
Una intervención arriesgada y complicada
Al percatarse de la situación, una empleada del establecimiento intervino. Su primer instinto fue sujetar al robot para frenar el impacto de sus golpes, mientras intentaba desesperadamente desactivarlo a través de una aplicación en su teléfono móvil. Sin embargo, el comando de apagado o suspensión no obedecía las órdenes.
Otros dos empleados tuvieron que acudir en su ayuda, viéndose obligados a "reducir" físicamente al robot bailarín, que se había convertido en un agente destructor improvisado. La operación fue delicada, ya que los tres empleados estuvieron expuestos a recibir golpes de los brazos metálicos que continuaban agitándose.
Finalmente, lograron someter a la máquina y abortar el incidente antes de que causara daños personales o mayores destrozos materiales.
Si bien el camino tecnológico apunta a que estas figuras cobren un protagonismo creciente en los próximos años, sucesos como este recuerdan las medidas de seguridad obligatorias que debemos tener a disposición. La capacidad de desactivar una máquina de forma inmediata debe ser un requisito indispensable antes de que su presencia se convierta en algo corriente en nuestro día a día.