Como cualquier producto generado por una herramienta tecnológica, no tienen nada de malo en sí mismos y todo depende de para que se utilicen. En este caso, el producto en cuestión se denomina GAN Face e identifica a rostros generados por sistemas informáticos que, de no avisársenos acerca de su origen, pasarían por rostros de personas reales.

StyleGAN examples
 

¿Para qué se usan?

GAN son las siglas de Generative Adversarial Network y podríamos traducirlo a nuestro idioma como Red Generativa Antagónica. Estos sistemas son algoritmos de IA que se emplean en aprendizaje no supervisado y pueden generar imágenes sintéticas a partir de elementos reales que parecen auténticas a los ojos de un humano. Esta técnica se utiliza, por ejemplo, para producir imágenes fotorrealistas de proyectos industriales, edificios, ropa, complementos y hasta dotar de identidad a personajes de juegos de ordenador. También permite mejorar mucho las imágenes grabadas con muy poca luz o convertir entornos 2D en entornos 3D. Son especialmente útiles para, a partir de información fragmentaria, componer productos finales con apariencia real.

Otros usos

En publicidad, los rostros que generan estos sistemas son especialmente útiles, ya que no hacen necesario echar mano de modelos y permiten contar con personajes que se ajustan perfectamente a aquello que los publicistas imaginan. En la producción de videojuegos son muy útiles y, también, en desarrollos de realidad virtual. Con todo, también existe la posibilidad de utilizarlos para fines espurios, como dotar de identidad a perfiles falsos en redes o articular estafas cibernéticas. Para elaborarlos, basta con suministrar al sistema imágenes de rostros reales. Son, como ChatGPT, sistemas que funcionan mejor o peor según la calidad de la información que se les facilita.

Potencial malicioso

Por supuesto, el potencial que esta tecnología ofrece es tan inmenso para lo positivo como para lo ilegal y plantea dilemas éticos derivados de la dificultad que planteará en entornos virtuales descubrir si con quien estamos interactuando es una persona real o no, ya que permite desarrollar también imágenes en movimiento verosímiles. Sea como fuere, y para protegernos, sólo queda una herramienta: el sentido común. Y, sí, el término contiene prácticas tan saludables como verificar las fuentes que consultamos, desconfiar de lo que parece demasiado bueno para ser cierto y actualizar, siempre que sea posible, los sistemas de seguridad propios.