¿Cómo es posible que la edad de una estrella sea mayor a la edad del universo? Esto es lo que sucedió en el año 2000 cuando un grupo de astrónomos decidió datar la edad de la estrella Matusalén (HD 140283) descubierta originalmente en 1912 por el astrónomo Walter S. Adams. Con las herramientas de la época, la estrella parecía tener 16.000 millones de años. Una cifra que era físicamente imposible, ya que se estima que el universo tiene 13.800 millones de años.
¿Qué falla cuando una estrella parece ser más vieja que el universo?
El problema era enorme. Si los cálculos sobre Matusalén eran correctos, entonces decenas de estudios sobre la edad del universo estaban equivocados. Pero si la edad del universo era la correcta, como todo parecía indicar, entonces era la estimación de la estrella la que tenía algún error. Durante años, los astrónomos intentaron averiguar cuál de las dos piezas no encajaba en el puzle.
Esta contradicción convirtió a Matusalén en una especie de “imposible cósmico”. No era que la estrella desafiara las leyes de la física, sino que los márgenes de error en la distancia, el brillo y la composición química no eran lo bastante precisos. Pequeñas desviaciones en estos parámetros podían cambiar la edad final en miles de millones de años, así que el resultado no era tan sólido como parecía en un principio.
La clave llegó con el telescopio espacial Hubble, que permitió medir con mucha más precisión su distancia mediante paralaje. Al afinar ese dato, también se ajustaron el brillo real de la estrella y los modelos internos que describen cómo evoluciona una subgigante como esta. Con esas correcciones, la edad empezó a bajar poco a poco hasta situarse en un rango mucho más coherente.

En 2013, el equipo del astrónomo Howard Bond publicó los resultados que terminaron de resolver el enigma. La edad estimada de la estrella pasó a ser de unos 14.460 millones de años, con un margen de error que, en su límite inferior, ya encajaba dentro de la edad del universo. El “imposible” dejaba de serlo, pero la estrella seguía siendo extremadamente antigua, de las primeras formadas tras el Big Bang.
Matusalén pertenece a la llamada Población II de estrellas, formadas cuando el universo aún tenía muy pocos elementos pesados. Es decir, es una especie de fósil estelar: una estrella casi primitiva que se creó cuando la Vía Láctea todavía estaba en sus primeras etapas de evolución. Su composición, con muy pocos “metales”, es una de las pistas clave que delata su antigüedad.
Hoy en día, la estrella ya no se ve como una contradicción, sino como una pieza clave para entender los primeros momentos del cosmos. Lo que empezó como un error de cálculo terminó convirtiéndose en una de las mejores pruebas para afinar los modelos sobre la edad del universo y la evolución de las primeras estrellas.