Cultivar arroz en la Luna es posible y solo haría falta lo mismo que en la Tierra

Si algún día se construyen bases lunares habitadas de forma estable, uno de los grandes problemas no será solo llegar, sino producir alimentos. Llevar suministros desde la Tierra puede servir al principio, pero no durante mucho tiempo. Por eso, una de las grandes preguntas de la investigación espacial lleva años siendo la misma: cómo cultivar plantas en un entorno donde el suelo no se parece en nada al terrestre.

Ahora, un equipo de científicos de la Universidad de Tohoku y de la agencia espacial japonesa JAXA ha presentado una solución llamativa: fabricar fertilizante para el regolito lunar usando aire, agua y electricidad.

El problema no es el arroz, sino el suelo lunar

La Luna no tiene un suelo agrícola como el de la Tierra. Lo que hay en su superficie es regolito lunar, un material seco, alcalino y sin materia orgánica. Además, carece de algo esencial para el crecimiento vegetal: fuentes útiles de nitrógeno, como el amonio o el nitrato. Sin eso, cultivar plantas allí se vuelve mucho más complicado.

Ahí entra el hallazgo japonés. Los investigadores desarrollaron una tecnología de plasma capaz de producir pentóxido de dinitrógeno (N₂O₅) a partir del aire. Después, ese compuesto se disuelve en agua y se transforma en nitrato (NO₃⁻), una forma de nitrógeno que las plantas pueden absorber directamente.

Ese es precisamente el punto más llamativo del sistema. Frente a procesos industriales como Haber-Bosch, que requieren gran consumo energético y una infraestructura mucho más pesada, esta propuesta funciona con un dispositivo portátil que consume menos de 100 vatios. Según los autores, eso la vuelve mucho más razonable para un entorno como una base lunar, donde la energía disponible será limitada y previsiblemente dependerá de fuentes como paneles solares.

Hay, eso sí, un matiz importante: la Luna no tiene una atmósfera útil como la terrestre. Por tanto, ese “aire” no vendría del exterior lunar, sino del aire introducido y reciclado dentro de los hábitats habitables. Aun así, sigue siendo una ventaja importante, porque evita depender de fertilizantes transportados desde la Tierra.

El arroz respondió mucho mejor con este fertilizante

Para comprobar si la idea funcionaba de verdad, el equipo probó el fertilizante sobre una simulación de regolito lunar en el que sembraron plántulas de arroz. Los resultados fueron bastante buenos. El tratamiento redujo el pH del sustrato de 9,09 a 6,76, acercándolo mucho más a un rango favorable para el crecimiento vegetal.

Además, ayudó a liberar nutrientes minerales atrapados en el sucedáneo, como calcio, magnesio y potasio, facilitando que las plantas pudieran absorberlos. Al mismo tiempo, consiguió frenar la liberación de iones de aluminio tóxicos (Al³⁺), que normalmente dificultan el desarrollo de las raíces. Frente a las muestras regadas solo con agua, el arroz creció mejor y mostró una evolución claramente más favorable.

Los investigadores usaron una tecnología de plasma para convertir aire y agua en nitratos, una fuente de nitrógeno esencial para el crecimiento vegetal
Los investigadores usaron una tecnología de plasma para convertir aire y agua en nitratos, una fuente de nitrógeno esencial para el crecimiento vegetal

No solo fertiliza: también puede ayudar a la salud de las plantas

Los investigadores destacan que este sistema no se limita a aportar nitrógeno. En trabajos relacionados también observaron que la exposición al gas generado puede activar rutas hormonales en las plantas que refuerzan su inmunidad y ayudan a controlar rasgos como el alargamiento excesivo del tallo, algo que podría ser útil en entornos de microgravedad o gravedad reducida.

Eso hace que el hallazgo sea más interesante de lo que parece a primera vista. No solo mejora un sustrato casi inútil para la agricultura, sino que además podría ayudar a que los cultivos se adapten mejor a condiciones espaciales.

Aunque el objetivo evidente de esta investigación está en futuras bases lunares, los propios autores subrayan que la tecnología también podría resultar útil en la Tierra. La razón es sencilla: aquí también hay suelos degradados o infértiles, y aquí también interesa reducir procesos industriales muy intensivos en energía y combustibles fósiles.

Si este tipo de fertilización basada en plasma puede producir nitratos de forma eficiente usando electricidad y aire, su utilidad no se limita a la exploración espacial. También podría encajar en estrategias de agricultura más sostenible en nuestro propio planeta.

La agricultura lunar sigue lejos, pero ya parece menos imposible

Conviene no exagerar el hallazgo. Esto no significa que mañana vayamos a ver arrozales en la Luna ni que el problema de la autosuficiencia alimentaria en bases espaciales esté resuelto. Lo que sí demuestra es que uno de los grandes obstáculos —la falta de nitrógeno útil en el regolito— podría abordarse con una solución bastante más limpia y ligera de lo que cabría esperar.

Y eso ya es importante. Porque si algún día los humanos quieren vivir durante largos periodos fuera de la Tierra, necesitarán algo más que cohetes y módulos habitables: necesitarán formas realistas de cultivar comida. Y en ese escenario, convertir aire, agua y electricidad en fertilizante puede acabar siendo una de las piezas más valiosas del sistema.