El país que más gases generadores de efecto invernadero emite es China, la nación responsable del 27% de las emisiones globales y, también, el territorio que, durante el segundo trimestre de 2022, consiguió rebajar en un 8% el volumen de CO2 que emite a la atmósfera. China, parecía, encaraba finalmente la senda de la revolución verde, pero todo eso puede cambiar este invierno: la crisis global ha decidido a Xi Jinping a colocar las necesidades de energía para este invierno que tienen sus los 1.400 millones de chinos por delante del compromiso medioambiental. Sí, China vuelve a invertir en carbón: en nuevas centrales y en mejoras en sus minas, que entre agosto y enero produjeron 370 millones de toneladas de carbón, un 8,1% más que en 2021 por estas fechas.  

 

Central termica   Pexels
Central térmica

La seguridad energética, por delante

Y es que China, aunque ha asumido algunos de los compromisos globales que se recogen en la Agenda 2030, considera que la descarbonización está bien sólo si no coloca a sus ciudadanos en situaciones complicadas. En Europa, parece, los compromisos van por delante de las personas y su derecho a energía suficiente como para calentarse a precios asequibles y serían impensables planes como el que está en marcha en China para conseguir que el país producza 1.100 gigavatios de electricidad mediante plantas de carbón. De momento, el Gobierno chino, que tiene ya 1.074 gigavatios de carbón en funcionamiento, ha autorizado otros 150. Son, eso sí, centrales más modernas y eficientes y, por ello, parece difícil que, como se ha anunciado. China deje de usar carbón completamente en 2050.

No son los únicos

En paralelo, Corea del Sur y Japón tampoco abjuran completamente del carbón. En el primero de los dos países, las centrales térmicas que queman negro mineral han sido fundamentales para atender las necesidades de la población de Seúl tras las recientes inundaciones y, en Japón, viejas centrales como la de Takasago, que se construyó en 1968, permitieron salvar al país de apagones. El calendario está ahí, pese a todo: Japón quiere cerrar todas sus minas de carbón en 2025 y Corea del Sur se ha comprometido a cambiar térmicas por nucleares y plantas de hidrógeno en 2030. ¿Se cumplirá todo esto? Habrá que verlo, pero lo cierto es que el carbón tiene muchas ventajas: es abundante, sus precios son asumibles y cumple bien su función. Quizá no sea un disparate recuperar proyectos como los que en su día se impulsaron en España para capturar el CO2 que emiten las térmicas antes de que ensucie la atmósfera. En Estados Unidos, donde tampoco son nada ortodoxos en relación a la revolución verde, ya han conseguido convertir el CO2 en etileno. Sea como fuere, en China lo tienen claro: la canción de este invierno va a ser Back in Black, de los AC/DC. Seguro que a ellos también les da igual de dónde salen los kW/h que alimentan sus guitarras. Al final, al carbón le pasa como al verdadero rock'n roll, que nunca muere.