Las monjas del convento de San Antonio de Padua de Toledo, situado en el centro de la ciudad, no solo elaboran dulces y helados deliciosos que luego ponen a la venta en su propia tiendecita de la capital manchega. Además de almendras garrapiñadas, marquesitas, turrón, mazapán o yemas de huevo, las hermanas dedican buena parte de su día a otro proyecto: la salvación del conejo gigante español, una misión en la que están embarcadas desde hace más de treinta años a raíz de un plan conjunto de la Universidad Complutense de Madrid y el Ministerio de Agricultura, llamado Programa de conservación y mejora de la raza cunícola gigante de España, que está catalogada en peligro de extinción. En un reportaje de la televisión autonómica, las mismas monjas, como sor Consuelo, explican que, cuando entró en el convento de San Antonio de Padua, les pidió a sus padres que le trajeran un par de ejemplares, una decisión que gustó a sus compañeras y se apuntaron a la cría.
“La cría es más complicada que en el caso de los conejos de carne, por su tamaño”, informan, ya que, hay que tenerlo presente, los ejemplares de esta raza de conejos pueden llegar a medir 90 centímetros y pesar 9 kilos. “Tienen un carácter muy tranquilo, es un animal que come mucho más que los demás por su dimensión”, añade la monja experta, que habla de unas jaulas específicas para evitar que los hierros les hagan daño en las patas. Yendo más allá, sor Consuelo informa de que han conseguido recuperar los ejemplares blancos, a pesar de que estos no están reconocidos como conejos gigantes españoles. “En su origen sí que existían. Entonces, le hice una promesa a un señor asturiano, que me dio todos sus conejos cuando enfermó y me pidió que trabajara con los blancos. Yo se lo prometí y aquí estamos”. Para conseguir que este conejo se críe en las mejores condiciones, el convento tiene una nave climatizada, donde nunca se baja de los 16 grados ni se sobrepasan los 23. Las jaulas se limpian cada dos días y se fumiga una vez a la semana.
Aunque hace muchos años que las monjas de este convento dedican parte de su tiempo al cuidado de esta especie en extinción, en las últimas semanas se han hecho “virales” en las redes sociales, donde han recibido el apoyo de cientos de personas que alaban una labor que, hasta ahora, no había sido reconocida. En los últimos meses, la Diputación de Toledo ha aprobado un convenio de colaboración con el convento para apoyar su proyecto.
