Han pasado quince años —hoy es la fecha, 15 de mayo— desde que nació el 15M, un movimiento social (también llamado La Revuelta de los Indignados) que se convirtió en trascendental en la historia política y social española, y que dio voz a toda una generación golpeada por la crisis de 2008 después de la caída de Lehman Brothers en la España del ladrillo y de la burbuja inmobiliaria. Un movimiento que llevó a la calle la indignación por la crisis política y económica, el paro juvenil, los recortes y la influencia de la banca en la política y que reivindicó una democracia más participativa, la lucha contra la corrupción y la protección de derechos sociales (vivienda, trabajo, sanidad) y una fiscalidad más justa. La semilla de donde surgió aquel movimiento fue la gran manifestación del 15 de mayo de 2011 en la Puerta del Sol, que se replicó con concentraciones por todo el territorio español, donde los ciudadanos mostraron su descontento ante los recortes en las ayudas sociales y públicas, e impulsaron el debate sobre la calidad de la democracia en España, estimulando la aparición de nuevas iniciativas políticas y sociales. Al acabar el acto en Sol, muchos de los asistentes a la manifestación decidieron, de manera improvisada, acampar en la céntrica plaza madrileña, lo que tuvo un efecto llamada en otros puntos del territorio español, justo una semana antes de las elecciones municipales del 22 de mayo. Las plazas se llenaban durante el día, hasta que por la noche las fuerzas de seguridad las desalojaban. La última acampada en ser disuelta fue la de la Puerta del Sol, que se mantuvo activa hasta el 12 de junio de 2011, después de 28 días de ocupación.
La semilla de Podemos
De aquellas reivindicaciones surgieron partidos y plataformas ciudadanas de izquierdas que intentaron llevar algunas de aquellas demandas al terreno institucional y que llevaban la actividad política más allá del bipartidismo y el dominio tradicional del Partido Popular y el PSOE. El enemigo principal era "la casta", los bancos, los recortes y el bipartidismo. Unidas Podemos fue el principal partido que surgió como respuesta al 15 M, que vio la luz en 2014 con la obtención de cuatro diputados en las elecciones al Parlamento Europeo. El partido morado incorporó en sus inicios parte de los principios del 15M a sus programas electorales, aunque no fue la única formación en hacerlo. También aparecieron iniciativas como el Partit X o la Agrupación de Electores Recortes Cero, o plataformas como las Mareas, la Marea Blanca, en defensa de la sanidad pública, y la Verde, en defensa de la educación pública, o la Marea Violeta (igualdad), la Roja (trabajo de calidad), la Naranja (servicios sociales), entre otras. O como STOP Desahucios, en apoyo a las personas que pierden sus hogares, entre otras.
La inspiración de '¡Indignaos!'
El 21 de octubre de 2010, el escritor y pensador francés Stéphane Hessel publicó el manifiesto ¡Indignaos!, un texto en el que hacía un llamamiento a una "insurrección pacífica" contra el sistema establecido. Muchos señalan que este escrito, impulsado y compartido masivamente a través de las redes sociales, acabó dando nombre a los participantes del movimiento 15M: los indignados. Hessel, miembro de la Resistencia francesa, superviviente de Buchenwald y diplomático que participó en la redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos, tenía 93 años cuando publicó aquel manifiesto, un libreto de unas treinta páginas, que tuvo un impacto enorme en Europa, especialmente entre los jóvenes afectados por la crisis económica, el paro y las políticas de austeridad, y que en España se convirtió en uno de los textos simbólicos del movimiento 15M en el año 2011.
Viejos problemas, nuevas preocupaciones
La mayoría de los problemas que indignaban hace quince años son los mismos que indignan ahora, como la corrupción, los salarios bajos, la precariedad juvenil, la desconfianza hacia las instituciones; algunos se han visto preocupaciones, como la vivienda, pero se han añadido nuevas angustias, como la inmigración, la inseguridad, la polarización cultural, el miedo a perder identidad, el cansancio con las élites progresistas o la sensación de que ciertos discursos oficiales ignoran problemas cotidianos. Y muchos analistas coinciden en que una parte importante de la indignación social que hace quince años canalizaba el 15M hoy ha sido capitalizada, en gran medida, por la derecha radical y la extrema derecha, con una juventud cada vez más escorada hacia los extremismos. Si en aquel momento aparecieron partidos como Podemos, ahora aparecen otros como Alianza Catalana, o crece Vox hasta el punto de amenazar la hegemonía del centroderecha del Partido Popular. La extrema derecha ha sido muy hábil convirtiendo estas frustraciones en un relato emocional y simple: señalar culpables concretos (inmigrantes, "woke", Bruselas, feminismo, globalismo, etc.) y presentarse como la voz de los "olvidados". Y la derecha radical ha ocupado el papel "antisistema" que antes tenía parte de la izquierda, una paradoja muy comentada hoy en día: partidos muy conservadores consiguen presentarse como rebeldes contra el orden establecido. Aun así, no toda la indignación social ha pasado a la extrema derecha. También existen movimientos progresistas fuertes —especialmente en vivienda, feminismo, ecologismo o derechos sociales—, pero hoy el mapa del malestar social está mucho más fragmentado que en tiempos del 15M.
La descomposición de los morados
Otro factor que resaltan los expertos es que parte de la energía transformadora del 15M acabó institucionalizada dentro de Podemos y otros espacios políticos. Cuando estos partidos entraron en las instituciones, una parte de la población percibió que aquella indignación se había convertido en "política tradicional", perdiendo frescura y capacidad de protesta. Podemos nació en 2014 como la gran expresión política del espíritu del 15M, con un discurso contra "la casta", la corrupción y las políticas de austeridad, y en pocos meses sacudió completamente el sistema político español. Entre 2015 y 2016 llegó a convertirse en la tercera fuerza estatal, llegando a superar los cinco millones de votos y una enorme presencia mediática. Pero con los años, las divisiones internas, el desgaste institucional y las luchas de liderazgo fueron debilitando el proyecto. Muchos de aquellos nuevos líderes que transformaron la política, están hoy fuera del foco e incluso han abandonado la política activa. Y tenemos algunos ejemplos.
Pablo Iglesias, fue la gran cara visible del partido, llegó a vicepresidente del gobierno con Pedro Sánchez, pero abandonó la política institucional después de las elecciones madrileñas de 2021. Hoy se dedica sobre todo a los medios de comunicación, el activismo y proyectos audiovisuales y digitales. Íñigo Errejón, uno de los ideólogos más importantes del primer Podemos, acabó rompiendo con Iglesias después de fuertes disputas internas e impulsó Más País, después integrado dentro del espacio de Sumar. Hoy en día está completamente fuera de la primera línea política y su figura ha quedado muy marcada por las denuncias de presunta agresión sexual que estallaron en 2024 y que provocaron su dimisión inmediata de Sumar y el abandono de la política institucional.
Juan Carlos Monedero, cofundador y figura intelectual del partido, sigue siendo una figura muy presente en el espacio mediático e ideológico de la izquierda española, a pesar de que ya hace años que está alejado de la primera línea institucional. A diferencia de otros dirigentes de Podemos, él nunca tuvo un papel tan orientado a gobernar, sino más bien de intelectual, estratega y agitador político. Irene Montero es una de las dirigentes más influyentes de los últimos años. Fue ministra de Igualdad y sigue siendo una figura central de Podemos, especialmente después de la ruptura con Sumar. Podemos es hoy en día un partido mucho más reducido, más ideológico y con menos capacidad de influencia que durante sus años de explosión política. Tiene una representación mucho menor en el Congreso, donde forma parte del Grupo Mixto, con cuatro diputados. Alberto Garzón, que a pesar de venir de Izquierda Unida y no directamente del 15M, acabó integrándose en el espacio político surgido de aquel ciclo, dejó la primera línea política después del final del gobierno de coalición. Y Ada Colau, procedente de la PAH y de las luchas por la vivienda vinculadas al clima del 15M, fue alcaldesa de Barcelona durante ocho años y hoy en día está alejada de la primera línea política a pesar de que sigue siendo una referencia de la izquierda municipalista.
Una placa y un lema
En la plaza del Sol de Madrid hay una placa conmemorativa dedicada al movimiento 15M, instalada por el Ayuntamiento de Madrid en diciembre de 2018, durante el mandato de Manuela Carmena. La placa se encuentra en el número 10 de la plaza, muy cerca del lugar donde comenzaron las acampadas de los indignados en mayo de 2011. El texto dice: “El pueblo de Madrid, en reconocimiento al movimiento 15M que tuvo su origen en esta Puerta del Sol. Dormíamos, despertamos”. El lema “Dormíamos, despertamos” era una de las frases más simbólicas del movimiento y ya había aparecido en una placa improvisada colocada por los mismos activistas cuando se levantó la acampada en junio de 2011. Aquella placa original fue retirada, pero años después el Ayuntamiento la recuperó de manera oficial. La placa se encuentra a pocos metros del punto donde había la gran lona publicitaria —un anuncio de cosmética protagonizado por la actriz Paz Vega— que durante las protestas del 15M fue intervenida y transformada con la imagen del dirigente nazi Heinrich Himmler llevando orejas de Mickey Mouse bajo el lema “No nos representan”.
Muchos de los jóvenes que hace quince años tenían entre 20 y 35 años, hoy tienen entre 35 y 50, y han acabado siguiendo caminos muy diferentes. Algunos de aquellos activistas continúan en política, otros en movimientos sociales, muchos simplemente volvieron a su vida cotidiana cargando todavía con la precariedad que denunciaban hace quince años. Los jóvenes de ahora, especialmente la generación Z, comparten algunas angustias de fondo, como la precariedad o la dificultad para emanciparse. La gran diferencia es que los jóvenes del 15M todavía crecían con cierta idea de futuro: creían que, si estudiaban y se esforzaban, podrían vivir mejor que sus padres. Los de ahora crecen con el convencimiento de que esto ya no será posible.
