El cinturón de seguridad es un elemento imprescindible en medios de transporte como el coche o el avión, ya que puede salvar vidas en caso de accidente. Sin embargo, en el transporte ferroviario esta medida no se utiliza.
Después de accidentes graves como el de Adamuz, en Córdoba, donde un descarrilamiento ha provocado numerosas víctimas y heridos, muchos usuarios se preguntan si los trenes son realmente seguros y si los sistemas de protección actuales son los adecuados.
Por qué los trenes no tienen cinturón de seguridad
La ausencia del cinturón en los trenes no es un error ni una negligencia, sino una decisión deliberada basada en estudios técnicos y en la física del movimiento. Los trenes están diseñados para absorber el impacto gracias a su gran peso y a su estructura rígida, que reduce la velocidad de manera progresiva en la mayoría de los accidentes. Los asientos están firmemente anclados al suelo y tienen un diseño que dificulta que el pasajero salga proyectado, lo que reduce el riesgo de lesiones graves.
Los sistemas de seguridad de los trenes apuestan por la seguridad pasiva, es decir, la protección a través de la estructura del vehículo. En cambio, en los coches y los aviones se utiliza la seguridad activa, como el cinturón, porque los impactos suelen ser más bruscos y con menos distancia de frenada. En carretera, el cinturón evita golpes contra el volante o el cuadro de mandos. En la aviación, protege a los pasajeros durante turbulencias, despegues y aterrizajes.
Los riesgos del cinturón en un tren
En un accidente ferroviario, una de las prioridades es evacuar el tren lo más rápido posible. El cinturón podría dificultar esta evacuación en situaciones de emergencia como un incendio o una fuga de gas. Además, una sujeción fuerte podría provocar lesiones graves en el cuello o el torso debido a la fricción y la presión del cuerpo durante el impacto. Renfe ha afirmado en diversas ocasiones que, en el contexto ferroviario, el cinturón comporta más riesgos que beneficios.
Los trenes están concebidos como estructuras de alta rigidez, con zonas de deformación controlada en los extremos que absorben la energía cinética en caso de colisión y protegen el habitáculo de los pasajeros. Debido a la gran masa del tren, las desaceleraciones suelen ser menos bruscas que las de un coche. En otros casos, el impacto es tan violento que un cinturón podría causar lesiones internas mortales en lugar de salvar vidas.
Por qué en los aviones sí es obligatorio
En la aviación existe una amenaza que no se da en los trenes: el movimiento vertical y las turbulencias. El cinturón evita que los pasajeros salgan disparados hacia el techo en caso de turbulencias severas o caídas súbitas del avión. También es esencial durante el despegue y el aterrizaje, momentos en los que se pueden producir frenadas bruscas a gran velocidad.
El tren está pensado como un medio de transporte de flujo libre, donde los pasajeros pueden moverse, ir al vagón cafetería o viajar de pie en trayectos cortos. Según Renfe, la normativa internacional desaconseja el uso del cinturón en trenes porque puede resultar más peligroso que beneficioso. Implantarlo obligaría a rediseñar los asientos, reduciría la comodidad y haría muy difícil controlar que todos los pasajeros lo llevaran puesto
La falta de cinturón de seguridad en los trenes no es una falta de seguridad, sino una decisión técnica basada en la física, el diseño estructural y la seguridad pasiva. En el transporte ferroviario, la protección del pasajero no depende de la sujeción individual, sino de la resistencia y el comportamiento del propio vehículo.