Una plaga de moscas ha invadido Hostalric y ha obligado a algunas empresas a cerrar. Hace una semana que comercios, bares y restaurantes de este municipio de la Selva no pueden funcionar con decenas de moscas rodeando a cada trabajador, y las trampas son insuficientes a pesar de que hay por toda la localidad. El foco es una empresa de reciclaje que hay en el polígono, que tenía unos palets infectados con moscas. Con el paso de los días y con la ayuda del calor, se han reproducido y esparcido por todo el pueblo. El ayuntamiento ya ha abierto un expediente administrativo a la empresa.
Hace dos fines de semana que los vecinos de Hostalric ven cómo las moscas se han ido incrementando. En declaraciones recogidas por la ACN, el alcalde, Nil Papiol, ha explicado que empezaron a investigar de dónde podía venir la plaga: "Revisamos que no fuera la depuradora o si venía de los campos que hubieran abonado". Finalmente, descubrieron que el foco estaba en una empresa que se dedica al reciclaje de envases de plástico. Hicieron una inspección ocular y comprobaron que las moscas, efectivamente, venían de allí, y entonces se convocó un comité de emergencias formado por técnicos del Ajuntament d'Hostalric, del Departament d'Interior y la misma empresa que tenía el foco de las moscas.
Negocios cerrados, vecinos enfadados
El alcalde ha informado de que los expertos aconsejaron "erradicar el foco" lo más rápido posible, motivo por el cual la empresa de reciclaje de envases lleva días retirando todos los palets que había en el exterior. En paralelo, el consistorio ha instalado "más de un centenar de trampas con feromonas" para capturar el mayor número posible de moscas, y se prevé seguir colocando más. Los vecinos aseguran que están "cansados" de la plaga. Por ejemplo, Lídia ha explicado que no pueden "abrir ni la puerta ni la ventana" sin que una sola mosca entre en casa. Y eso, con el calor que hace. Algunos vecinos han apostado por fabricar trampas propias con garrafas en las barandillas de parques infantiles, otros cierran las persianas y cuelgan tiras adhesivas en las ventanas, pero siguen viéndose moscas a puñados volando por todas partes.
Como decíamos, algunos bares y restaurantes han optado por cerrar hasta que no pase la plaga, mientras que otros funcionan a medio gas, con la cocina cerrada. Hay trabajadores cansados de ir con el matamoscas y el insecticida por todas partes, mientras ven que hay muchos clientes que prefieren no ir para no sufrir las molestias de los insectos. En el polígono, la situación es similar, con empresas a medio gas o que ni abren. El gerente de Selvametall, Carles Sánchez, asegura que la plaga afecta "emocionalmente" a los trabajadores porque la situación es muy molesta. "Aquí trabajan con la puerta abierta, hace calor, sudamos y las moscas se pegan", ha explicado, antes de añadir: "Llevo 300 euros gastados en insecticida y trampas, pero al menos podemos seguir trabajando".
