La conversación sobre el futuro del tabaco vive un momento clave. Mientras las autoridades sanitarias refuerzan las políticas para reducir el consumo, mil millones de personas en el mundo continúan fumando cigarrillos convencionales. En este escenario, el debate sobre el papel de las alternativas sin combustión —como el vapeo, las bolsas de nicotina o el tabaco calentado— se intensifica, y la comunidad científica intenta aclarar cuál puede ser su contribución real a la salud pública.

En este contexto, conversamos con Danni Tower, directora global de Asuntos Regulatorios y Científicos de British American Tobacco (BAT), que defiende que hay productos de riesgo reducido que pueden desempeñar un papel relevante para los fumadores adultos que no logran abandonar el tabaco tradicional o que desean seguir consumiendo nicotina. Sus reflexiones giran en torno a un mensaje central: la mejor opción siempre es dejar de fumar, pero si no se puede, las alternativas sin combustión podrían representar una opción menos nociva.

La reducción del daño como estrategia realista

A la pregunta sobre si los vapers y las bolsas de nicotina pueden ayudar a dejar el tabaco tradicional, Tower es clara: “No están diseñados como productos para dejar de fumar, pero si un fumador no puede hacerlo, cambiar a productos sin combustión es una buena decisión, porque el peso de la evidencia científica indica que tienen un riesgo sustancialmente reducido frente a seguir fumando cigarrillos”.

BAT insiste en que el objetivo principal debe ser siempre abandonar el tabaco por completo, pero defiende que los productos de menor riego ofrecen una alternativa pragmática para quienes no lo logran.

Uno de los puntos centrales de la conversación es Suecia, que Tower considera “un caso de estudio inspirador”. “En Suecia, la sociedad ha aceptado durante décadas los productos sin combustión, como el snus. Ahora, con las bolsas de nicotina y los productos de vapeo, la incidencia del tabaquismo ha caído hasta el 5%.”

Ese 5% es la cifra que la OMS considera propia de una población “prácticamente libre de humo”. Además, destaca que las décadas de uso de productos orales sin combustión permiten observar datos epidemiológicos sólidos. “Es la tasa más baja de Europa, y se atribuye en gran parte al cambio progresivo de la población hacia los productos sin combustión”.

Regulación desigual y barreras globales

Pese a los avances en varios países, BAT identifica importantes obstáculos regulatorios a escala internacional. “En algunos mercados es legal vender cigarrillos, pero aún no es legal vender alternativas de nicotina y tabaco de riesgo reducido. Necesitamos regulaciones basadas en ciencia que permitan a los fumadores adultos acceder a ellas”.

Tower resume tres ejes esenciales para una regulación eficaz:

  • Acceso para adultos a productos avalados científicamente.
  • Espacio para la innovación que permita desarrollar opciones más atractivas y eficaces.
  • Prevención estricta del acceso por parte de menores, junto con sanciones contundentes para el comercio ilícito.

Una década de transformación

Según la científica, los últimos diez años han sido determinantes: “Hemos visto una transformación masiva en la innovación y disponibilidad de productos sin combustión. Por eso países como Suecia, Nueva Zelanda o el Reino Unido han acelerado el descenso del tabaquismo”.

BAT trabaja en tres grandes categorías —vapeo, tabaco calentado y bolsas de nicotina—, todas con un volumen creciente de estudios que respaldan su potencial de reducción de riesgo.

Colaboración: la pieza que falta

Para Tower, el futuro de la reducción del daño pasa necesariamente por el trabajo conjunto entre todos los actores implicados. “Si todos queremos lo mismo —el fin de las enfermedades causadas por el tabaco—, necesitamos un diálogo constructivo entre la industria, los reguladores, las autoridades sanitarias, los profesionales de la salud y los medios”.

El objetivo, concluye, es proporcionar información clara y basada en evidencia para que los fumadores puedan tomar decisiones informadas. “Hay que informar y educar en lo que dice la ciencia. Solo así podremos avanzar hacia un futuro con menos enfermedad y muerte relacionados con el tabaco”, afirma.