Los crímenes que se esconden bajo el agua: reivindicación de la desconocida investigación criminal subacuática

"Cualquier muerte no natural es un homicidio hasta que no se demuestre lo contrario". Es una máxima en investigación policial que, bajo el agua, en entornos acuáticos o subacuáticos, todavía gana mucho más valor. Lo asegura en su libro el cabo de la Unitat Subaquàtica dels Mossos d'Esquadra Albert Hernández, un trabajo que ha presentado este lunes, 13 de julio, en la Casa del Mar de Barcelona. El libro, uno de los primeros hechos desde el ámbito policial sobre la investigación criminal bajo el agua y resultado del trabajo del final de máster, La criminalística en el medio acuático y subacuático, pone de relieve la técnica policial, concretamente la de los Mossos d'Esquadra, pero aplicable a otros cuerpos policiales, en la investigación de hechos en estos medios que, alerta el cabo, es completamente diferente de la que se pueden encontrar los investigadores en tierra firme, a la vez que reivindica la necesidad de mejorar los procesos para asegurar las investigaciones. ¿Cómo se debe sacar un arma del fondo del mar? ¿Y un cuerpo, para no borrar aquello que explica y que los investigadores, ya en seco, deben saber descifrar? El libro lo explica.

Un error que puede ser fatal

Aunque la mayoría de personas localizadas muertas bajo el agua acaban siendo víctimas de accidentes, todas se deben investigar inicialmente como un posible homicidio y cometer un error en el inicio de la investigación puede ser fatal. Para confirmar que no esconde un homicidio (como ya ha pasado) es necesario que todas las diligencias que se hagan en el agua, en el momento de recuperar un cadáver, se lleven a caporal de manera muy clara y con un protocolo estandarizado para evitar corromper el espacio y la escena del posible crimen. Retroceder, echar la cámara hacia atrás, para intentar entender qué puede haber pasado, si finalmente no es un accidente, será imposible si no se ha actuado de manera correcta, rigurosa y metódica. Incluso, si se hace un análisis de casos cerrados o todavía por cerrar, donde el medio acuático ha tenido un papel importante, si se hubiera hecho tal como plantea el caporal, seguro que los resultados de la investigación, hoy en día, habrían sido diferentes.

No se trata, apunta Hernández, solo de mover el cuerpo. A nadie se le pasaría por la cabeza, en el escenario de un crimen, mover el cuerpo de una persona para llevarlo al despacho del juez o del forense sin haber hecho antes todo un análisis técnico de la habitación donde lo han asesinado. Si esto no ocurre en un entorno seco, el caporal de los Mossos alerta de que hacerlo en el entorno acuático o subacuático también es una barbaridad. Es por eso que en este libro intenta poner método y protocolo, desde su experiencia policial, en el aseguramiento de las zonas donde se localizan personas sin vida.

Los buceadores de los Mossos, en un posible escenario de un crimen, trabajan para asegurar la zona y poder hacer todo el análisis de la manera más rigurosa posible, sobre todo pensando en la posible utilización de estas diligencias en un eventual juicio, si se confirma que esta muerte es criminal y, finalmente, el supuesto autor acaba ante un juez. La negligencia policial en este escenario, los errores técnicos o la participación de terceras personas que no tienen habilitación de Policía Judicial pueden invalidar la tarea y, también ante el juez, echar por tierra toda la investigación policial. El objetivo de los Mossos, y tal como recoge el caporal en este libro, también bajo el agua, es proteger la zona del crimen. Tal como hacen, con cinta policial, en el exterior, los buceadores también lo tienen que hacer bajo el agua, y muchas veces, en condiciones extremas, sin visibilidad o con corrientes de agua muy peligrosas. 

Asegurar el cuerpo, también bajo el agua

También les corresponde hacer la observación y el estudio de la zona, para recogerlo en un informe, para ser los ojos de los agentes de la División de Investigación Criminal (DIC), pero también del forense y del juez, bajo el agua, donde no pueden acceder. Los agentes también son los encargados de hacer el registro, con fotos y vídeos, de la escena del supuesto crimen. Y aquí es donde el caporal ha estudiado mucho: también la retirada del cadáver del agua. No se trata solo de cargar el cuerpo. Hay que hacerlo con el máximo cuidado posible. Albert Hernández explica que precintan el cuerpo, las manos y los pies para preservar todos los vestigios que pueda esconder el cadáver. Un movimiento brusco y no técnico del cuerpo puede eliminar, para siempre, una prueba que podría llegar a ser clave, sea para la identificación del cuerpo o para aclarar el crimen. Las uñas pueden esconder restos de defensa de una pelea. Los restos en los zapatos pueden explicar por dónde ha caminado. Pelos en los pantalones de la víctima nos pueden ayudar a entender dónde estaba antes de caer al agua. La casuística es tan amplia como casos con los que ha trabajado el caporal.

Mossos usq
Imagen de archivo de agentes de los Mossos de la Unidad Subacuática / CME

A la protección de este cuerpo sin vida también se le debe sumar, ha explicado Albert Hernández en la presentación del libro, la protección de los objetos que se encuentran en la zona que se analiza. Como curiosidad, por ejemplo, ha asegurado que un arma de fuego, contra todo pronóstico, no se debe sacar nunca del agua. Se debe retirar y mantener con agua para evitar que se oxide, que el óxido la destruya y que sea imposible analizarla por parte de los especialistas en balística de la policía. O, en el caso de los terminales móviles, también en beneficio de la investigación, el caporal ha explicado que cuando se retira se sumerge en un líquido especial que permite detener la oxidación y permite a los especialistas en Informática Forense de la DIC de los Mossos intentar recuperar el máximo posible de información. El móvil, hoy en día, se ha convertido casi en una caja negra de los movimientos de todo el mundo. 

Otros cuerpos operativos: el eterno debate

Realizar toda esta retirada de vestigios para preservar todo lo que se pueda de lo que es un rompecabezas de un posible crimen es clave para asegurar la investigación. Aunque el caporal ha sido elegante en la presentación de su libro, sí que se ha leído entre líneas el peligro de la participación en la retirada del cadáver de personas que no sean Policía Judicial, refiriéndose a buzos civiles o, sin nombrarlos, a miembros de las unidades subacuáticas de los Bomberos, con quienes, tal como se ha publicado en ocasiones anteriores, se han generado problemas por la retirada no técnica de cuerpos, antes, incluso, de confirmar que no se trataba de un supuesto homicidio. El libro sirve para reivindicar el papel de la investigación subacuática y acuática que, considera el caporal, es vital para aclarar el origen criminal de cualquier hecho, y que hay que hacer de la manera más segura y metódica para evitar contaminar la escena y que, en un futuro, se pueda usar para invalidar todo el proceso. Hernández ha puesto las bases para seguir trabajando, de manera conjunta, con otros miembros de unidades subacuáticas policiales para mejorar la técnica y colaborar en esta primera fase de la investigación de un posible crimen en el agua, sea en el mar, en un río o en el fondo de un pantano.

La importancia de la investigación bajo el agua

Además de esta explicación del método que plantea uno de los mandos de la Unidad Subacuática de los Mossos con más experiencia, el trabajo también incorpora un prólogo del intendente de los Mossos d'Esquadra Jesús Requena, que defiende que ríos, embalses, puertos, costas o el fondo marino no son espacios excepcionales para la policía, sino escenarios donde también se producen delitos, desapariciones, accidentes y muertes que requieren una investigación rigurosa. Requena, coordinador del Institut de Seguretat Pública de Catalunya, destaca que investigar en un entorno acuático es mucho más complejo que hacerlo en tierra. Las corrientes, la poca visibilidad, la degradación rápida de los indicios o la dificultad de acceso obligan a trabajar con protocolos específicos y a tomar decisiones acertadas desde el primer momento, tal como plantea en su trabajo el caporal de la Unidad Subacuática de los Mossos. Una mala actuación inicial puede provocar la pérdida irreversible de pruebas y comprometer toda la investigación.

El acto se ha hecho en colaboración con la FEDCAS, la federación catalana que preside el mismo caporal, y también con el CRIS, el Centro de Recuperación e Investigaciones Submarinas, y el BUCAM, el Barcelona Underwater Camera Museum. La presentación del libro se ha seguido en directo desde varios países y, desde la sala, también había efectivos de otros cuerpos policiales, como del GEAS de la Guardia Civil, con sede en l'Estartit.