El calor nos pone de mal humor: ¿por qué el verano nos está dejando sin paciencia?

No es solo que haga calor o un calor sofocante. Es que hace días que no se duerme bien, que el cuerpo no acaba de descansar y que la paciencia se va fundiendo poco a poco, como si también estuviera sometida al termómetro. La discusión absurda, el conductor que tarda dos segundos en arrancar, el ruido del vecino a las dos de la madrugada: todo irrita un poco más. En agosto, cualquier chispa puede encontrar una mecha demasiado corta.

La sensación tiene una base fisiológica. Barcelona ha registrado este verano 52 noches tórridas, aquellas en las que la temperatura mínima no baja de los 25 grados. Es el récord de la estación de Can Bruixa desde que hay registros, en 1987, y supera las 51 de 2003. El dato, comunicado por el Servei Meteorològic de Catalunya, llega cuando todavía queda más de un mes de verano.

El problema es especialmente grave por la noche. Para dormir, el organismo necesita reducir la temperatura corporal. Cuando el ambiente sigue caliente, este proceso se dificulta y el sueño se fragmenta o se hace más superficial. Y dormir mal tiene consecuencias que van más allá de arrastrar sueño al día siguiente.

Las psicólogas Sara Anoro y Alicia Zarroca, del centro Depende Psicología, explicaban esta semana en la Cadena SER que las altas temperaturas pueden alterar las rutinas de sueño y provocar "irritabilidad, falta de concentración y una menor capacidad para gestionar las emociones diarias". El problema, por lo tanto, no es solo el calor en sí mismo, sino la cadena que desencadena: calor, peor descanso, cansancio y menos capacidad para regular las emociones.

El calor también puede actuar directamente como un factor de estrés térmico. El cuerpo tiene que trabajar constantemente para mantener estable la temperatura interna: aumenta la sudoración, se acelera la circulación sanguínea y puede aparecer deshidratación, fatiga y dificultad para concentrarse. Víctor Navalón, psiquiatra del Hospital Vithas Valencia 9 de Octubre, advertía este mismo mes, en declaraciones recogidas por el Diari Comunitat, que las olas de calor prolongadas pueden incrementar la irritabilidad, el insomnio y la fatiga emocional.

La relación entre temperatura y estado de ánimo no es, sin embargo, tan simple como "cuanto más calor, más mala leche". Una revisión científica publicada en 2024 sobre los efectos de las temperaturas elevadas en la salud mental señala que el calor puede asociarse con más irritabilidad, ansiedad y alteraciones cognitivas, pero también subraya que intervienen diversos factores. Esto explica por qué dos personas pueden vivir la misma noche tropical de manera muy diferente. No solo cuentan los grados: también las horas de sueño, la hidratación, la edad, la salud, la exposición al calor y la capacidad de refrescarse.

Ahora bien, está claro que después de 52 noches sin bajar de los 25 grados, cuesta separar el mal humor del cansancio. Quizás no nos hemos vuelto más antipáticos este verano. Quizás, simplemente, hace demasiadas noches que no dormimos y no descansamos como toca. Y cuando el cerebro pide descanso, pero la noche continúa a 27 grados, incluso la paciencia acaba sudando.