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Hacer cualquier cosa y acabar sudado y agotado ya no será algo temporal. De hecho, este verano es una buena prueba. Más de 50 noches tórridas, con un bochorno que abraza y una ola de calor complicada de soportar. Y es que, el calor ya no es solo una cuestión de termómetros. Está cambiando la manera como dormimos, salimos a la calle, trabajamos e incluso planificamos las vacaciones. Este verano, con cuatro episodios de calor extremo —si es que ha habido subidas y bajadas destacables y notorias— y registros que han superado los 45 grados en varios puntos de España, la pregunta deja de ser si estos episodios son excepcionales y pasa a ser cómo nos preparamos para convivir con ellos.

Los hábitos de los ciudadanos ya se están adaptando a esta nueva realidad. Hay quien pasea el perro a las nueve de la noche porque antes es imposible, quien llena las piscinas de los hoteles para soportar las vacaciones y quien prefiere viajar en septiembre. También, tal como recoge El Periódico, crecen las llamadas coolcations: escapadas hacia el norte de España o de Europa para buscar temperaturas más soportables.

El turismo cambia de calendario

Los datos apuntan en la misma dirección. Según el Observatorio Nacional de Turismo, el 35% de los españoles escogió agosto para hacer vacaciones en 2025, tres puntos menos que el año anterior. Paralelamente, las estancias hoteleras aumentan en julio y en septiembre. El turismo, por lo tanto, no desaparece, pero empieza a cambiar de calendario.

El calor también modifica los espacios que frecuentamos. Solo hay que pasear y ver que las terrazas se vacían durante las horas centrales y se llenan cuando cae el sol. En Madrid, según destaca el mismo diario, los almuerzos han disminuido un 4,7%, mientras los relacionados con las cenas han crecido un 8,3%. Incluso los alojamientos se adaptan: la misma información recoge que miles de personas ya buscan expresamente hoteles o campings con aire acondicionado.

Las viviendas no están preparadas para estas olas de calor

Y eso plantea una cuestión más profunda: ¿nuestras casas están preparadas para los veranos que vienen? Las proyecciones climáticas apuntan a más días por encima de los 35 grados y a un aumento de las noches cálidas —tórridas—. Un estudio publicado en Natural Hazards calcula que los futuros veranos podrían llegar a acumular hasta 30 días más de calor extremo y casi un mes adicional de noches cálidas.

El problema no es solo la incomodidad. Dormir mal durante días consecutivos tiene consecuencias sobre el bienestar emocional. Según GN Diario, los episodios prolongados de calor pueden favorecer la irritabilidad, la ansiedad, el estrés y las dificultades de concentración. El calor mantenido también puede intensificar los síntomas de personas con problemas de salud mental y provocar una sensación de impotencia cuando ni siquiera la noche permite descansar.

Y el futuro puede ser todavía más exigente. El Periódico señala, a partir de las proyecciones científicas, que España podría afrontar antes de mediados de siglo máximas de 50 grados en algunos puntos del interior si las emisiones continúan elevadas. El objetivo no es asumir este escenario como inevitable: los expertos insisten en que reducir emisiones continúa siendo esencial, pero también en que hay que adaptar las ciudades y las viviendas.

El calor reescribe el verano

Más árboles, refugios climáticos, edificios mejor aislados, sistemas de alerta y espacios públicos preparados para proteger a la población serán cada vez más necesarios. Según Greenpeace, solo 19 de las 52 capitales de provincia españolas disponen actualmente de una red de refugios climáticos. El calor, pues, ya está reescribiendo el verano. El reto no es solo evitar llegar a los 50 grados, sino evitar que nuestra vida cotidiana tenga que estar permanentemente condicionada por temperaturas que hoy todavía consideramos extremas.