La trampa está presente cada día en la política de nuestro país. Retorcer la palabra dada para salirse con la suya es algo cada vez más descarado. Del digo al Diego y del “no me acuerdo” al “todo es falso salvo alguna cosa”. En definitiva: que nos tratan como a verdaderos estúpidos. Y a tenor de nuestra reacción —inexistente— seguramente lo seamos (un poco).

Vivir en una sociedad como la española, tan marcada por las facciones, por los odios, por los bandos, por las trampas permitidas de unos y por las injusticias cometidas impunemente contra otros hace de nosotros un “colectivo” peculiar. Porque la cuestión aquí no va de denunciar lo que se hace mal, no. Va de cubrir las espaldas a los tuyos, hagan lo que hagan, y atizar al contrario, incluso cuando tiene razón en lo que dice. 

Como cantan los de Antílopez, en “Los hijos de España”, “los hijos de los hijos de los hijos no han cambiado.” 

Muchos, demasiados, han heredado esa manera de entender la realidad en base a unos supuestos intereses, en base a unos bandos y a los enemigos. Como si todo fuera un partido de fútbol. O estás conmigo o estás contra mi, oé oé oé. 

Reconocerle la razón a un “enemigo de España” es convertirte, automáticamente, en otro enemigo más. Y así, señoras y señores, no hay manera de construir ni de reconstruir. Como si “España” representase a los abusos, a las trampas, a las corruptelas, a mirar hacia otro lado cuando algo no se hace bien. Digo yo que criticar todo esto no te debería hacer merecedor de semejante título, sino más bien, incluso, lo contrario: querer que las cosas se hagan bien solamente puede entenderse como la mejor manera de amar a tu país, a sus gentes, a sus instituciones. 

¿Cómo callar cuando ves lo que ha ocurrido esta semana en el Congreso? Es un pequeño ejemplo para darnos cuenta del concepto de la ética que tienen algunos de nuestros políticos. 

Dos votaciones: una se repite y la otra no. Y las dos huelen a trampa. 

Concretamente, en el primer caso, la foto nos muestra a Bildu y al PSOE. Ambos habían firmado un pacto para derogar la reforma laboral del PP. A cambio de ese pacto, Bildu apoyaría la última prórroga del estado de alarma. 

En el momento en que se hace público el acuerdo, un par de horas después aparece otro texto diferente desde el PSOE, dando a entender que rompen su palabra dada a los vascos. Los de Bildu decidieron esperar para ver qué ocurría en el momento en que hubiera que votar en el Congreso. 

Llega el día de la votación: PSOE vota con Bildu, ganan por mayoría aplastante esa enmienda. Todo en orden. 

Hasta que aparece Rafael Simancas en la sala, y de pronto se solicita que se repita la votación (una hora después). La mesa admite que la votación sea repetida y de esta manera el PSOE deja colgado a Bildu y se pone del lado del PP. Aquí sí se permitió repetir la votación, a pesar de que los letrados han señalado que es totalmente irregular. Los de Bildu, evidentemente, se tiran de los pelos ante semejante engaño, ante semejante trampa. 

Mientras los medios, las instituciones y los poderes fácticos prefieran criminalizar al dedo en lugar de ocuparse de la luna, seguiremos viviendo en un lugar donde decir la verdad, donde protestar ante las injusticias y plantar cara a los abusos te convertirá en “un mal español”

Los perjudicados en esa votación finalmente somos usted y yo, porque en definitiva se trataba de tumbar una ley que perjudica a los trabajadores de este país. 

Dos días después vuelve a suceder algo similar. 

Otra votación: la de las medidas de reconstrucción necesarias para poner en marcha el país tras la pandemia por Covid-19. Unidas Podemos siempre ha rechazado duramente la medida de la “mochila austriaca” en cuestión de derechos laborales. Una medida muy defendida por el PSOE que puso sobre la mesa en su día el ya fallecido Alfredo Pérez Rubalcaba, allá por 2013. 

Pues bien: llega el momento de la votación y desde Unidas Podemos votan a favor de la mochila austriaca. (¡Oh, sorpresa!). 

Pasado el rato, el diputado de la formación morada avisa al presidente de la mesa de la comisión de reconstrucción, el socialista Patxi Lopez, para decirle que “ha habido un error en la votación y que quiere volver a votar”. López se ríe y le deja claro que no, que no hay opción de volver a votar. Sin más. El diputado de Podemos, excesivamente tranquilo ante la magnitud de la metedura de pata que había cometido, se conforma con que “conste en acta” su equivocación. 

Lo sucedido es de tal gravedad que causa rubor. Y no sería descabellado pensar que ese “error” quizá no fuera tal, y más bien se tratase de un apaño, de un acuerdo que, enmascarado así, sirviera para hacernos tragar con otra rueda de molino más. 

Otra ocasión en la que los perjudicados seremos usted y yo. Y si se enfada, si critica esto que está pasando, será usted un “enemigo de España”. 

Tengo la sensación de que cada día hay más “enemigos de España” en este país. Y el problema real es que tengan razón. Mientras los medios, las instituciones y los poderes fácticos prefieran criminalizar al dedo en un lugar de ocuparse de la luna, seguiremos viviendo en lugar donde decir la verdad, donde protestar ante las injusticias y plantar cara a los abusos te convertirá en “un mal español”. Y olé. 

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