La tripulación de la misión Artemis II ya se encuentra en casa, sana y salva, después de una operación de descenso y de amerizaje sobre las aguas del Pacífico, frente a la costa de San Diego (California), que la NASA calificó de “perfecto”. A las 2.07 de la madrugada, hora catalana, la nave Orion, llamada Integrity, completó el descenso vertiginoso de 13 minutos y superó el momento más crítico y peligroso de toda la misión, la entrada a la atmósfera terrestre, a 40.000 kilómetros por hora (aproximadamente 30 veces la velocidad del sonido, o Mach 2), con la cápsula convertida en una bola de fuego. El escudo térmico, que suscitaba ciertas dudas después de los problemas en la Artemis I, superó satisfactoriamente las temperaturas extremas generadas por la fricción con la atmósfera terrestre, de hasta 2.760 grados, y los paracaídas funcionaron sin problemas, suavizando el impacto sobre el agua. Los cuatro tripulantes de la misión que ha vuelto a llevar al hombre hasta la Luna después de más de medio siglo, el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover, el primer astronauta negro en orbitar la Luna; Christina Koch, la primera mujer, y el canadiense Jeremy Hansen, se han jugado la vida, pero han completado con éxito esta misión de diez días que se lanzó desde Florida el 1 de abril, que los llevó por el espacio profundo más lejos que ningún otro ser humano ha llegado jamás (a más de 406.000 kilómetros de la Tierra) y después de orbitar la Luna y observar su cara oculta.
Después de seis minutos que se hicieron eternos de lo que se conoce como blackout, la desconexión entre el centro de control de Houston y la tripulación a causa del plasma que rodeaba la nave, que corta cualquier comunicación, llegó el momento más esperado y emocionante: “What a ride. We're stable. All four of us are okay" (“Qué viaje. Estamos estables. Los cuatro estamos bien” y el personal de la NASA estalló de alegría con vítores y aplausos. “Houston, Integrity, os recibimos fuerte y claro”, respondieron, confirmando el restablecimiento de las comunicaciones. “Reid, Victor, Christina y Jeremy, bienvenidos a casa y felicidades por este logro realmente histórico. La NASA agradece al presidente Donald Trump y a sus socios en el Congreso el apoyo y los recursos que han hecho posible esta misión y el futuro de Artemis”, declaró el administrador de la NASA, Jared Isaacman.
Separación del módulo de servicio y alineación del escudo térmico
Antes del momento del descenso y el amerizaje, la tripulación tuvo que realizar la maniobra RTCB, que consistió en encender los motores para corregir la trayectoria de retorno hacia la Tierra, un encendido de ocho segundos que refinó el rumbo y aseguró el ingreso correcto a la atmósfera terrestre. Veinte minutos antes de la reentrada, el módulo de servicio europeo se separó del Orion y, posteriormente, se desintegró en la atmósfera sin causar daños. Todavía quedaba una última maniobra de inclinación de 18 segundos que alineó el escudo térmico con la inclinación necesaria para la reentrada, clave para garantizar una reentrada segura. Si el ángulo era demasiado bajo, la nave podría rebotar y quedar atrapada en el espacio. Si era demasiado pronunciado, los riesgos térmicos y estructurales aumentan de manera crítica. Todo salió como estaba previsto y el descenso hasta elamerizaje, el llamado splashdown, fue perfecto, según celebró la NASA. Durante el amerizaje, la Orion ya había completado la reentrada atmosférica, que incluyó 13 minutos críticos: la separación del módulo de servicio, la reentrada a 35 veces la velocidad del sonido (cerca de 38.600 km/h), temperaturas de 2.760 °C (casi 3.000 °F) y 6 minutos de apagón de comunicaciones a causa del plasma.
Protocolos estrictos antes de recuperar a la tripulación
Después de amerizar en aguas del Pacífico, todavía se tardó aproximadamente una hora —la mitad del tiempo previsto— en poder ver la tripulación salir de la cápsula Orion. Según los protocolos de seguridad de la NASA, los tripulantes tienen que permanecer dentro de la nave durante este tiempo antes de que los equipos de rescate puedan abrir la escotilla. Este tiempo es esencial porque primero los buzos tienen que estabilizar la cápsula colocándole un anillo de flotación para mantenerla en posición vertical en el agua, y se tiene que comprobar que no haya fugas de perros peligrosos como el amoníaco en el sistema de refrigeración de la nave. Los sensores embarcados también habían de recopilar datos sobre el comportamiento de los sistemas de apoyo vital y la integridad estructural de la cápsula durante y después del impacto. Finalmente, se evalúa médica preliminar para verificar el estado de salud básico de los astronautas. Una vez realizado este proceso, los astronautas fueron extraídos uno a uno con la ayuda de los buzos de las fuerzas armadas norteamericanas. Posteriormente, fueron transportados hasta una balsa hinchable, desde la cual subieron a un helicóptero que les transportó hasta el barco de recuperación, el USS John P. Murtha, donde recibieron evaluaciones médicas completas para poder seguir con su recuperación postmisión.
