"He ido a perseguir al tío, pero entonces me han gritado que me detuviera, que tenía una puta pistola". Lo explica Samuel, uno de los principales testigos del disparo que ha recibido en la cara este jueves Alejo Vidal Quadras. Le ha visto la herida con pelos y señales: "Una bala que le ha entrado por la mejilla y que le ha salido por el cuello", concreta a su amigo Antonio. Cuando ha visto que uno de sus compañeros de trabajo se apresuraba a taponarle la herida al fundador de Vox, ha corrido detrás del "joven" que ha disparado. Otro testigo lo ha parado, recordándole que iba armado con una pistola; mal negocio enfrentarse a él.

 

El barrio de Salamanca está consternado. "Viven muchos políticos en esta zona, da miedo que vaya a más", se lamentaba con los ojos llorosos una vecina de la misma calle donde —todo apunta— han intentado asesinar a quien fue el presidente del PP en Catalunya. Toda aquella zona es conocida por ser el principal bastión de Isabel Díaz Ayuso en cualquier jornada electoral. Los curiosos que se han aproximado al perímetro establecido por la policía municipal y española, por ejemplo, no han tardado mucho en atar a unos cabos que, de momento, los investigadores descartan: insistían en la "casualidad" de un ataque así a un conocido ultraespañolista justo cuando se ha anunciado el acuerdo PSOE-Junts para la investidura de Pedro Sánchez, después de noches de protestas violentas en Ferraz. "Estamos como en el 36", ha llegado a decir un señor de mediana edad.

Cuando uno baja a la calle se encuentra de todo, sin embargo. Justo al lado de donde había dos grandes manchas de sangre, dos jóvenes de veintipocos años se han acercado y han tenido la tentación de hacerse algunos selfies. Otra peatona les ha llamado la atención, pidiéndoles respeto por alguien que podría haber perdido la vida en aquel preciso lugar.

Quien ha visto con sus propios ojos el incidente ha estado muy claro explicándole a los medios que se han concentrado en el lugar de los hechos. Un hombre que ya llevaba puesto un casco de moto se ha acercado a Vidal Quadras, que justo salía de su casa. Y, a unos dos metros de la víctima, lo ha disparado en la cabeza. Ha huido corriendo hacia el siguiente cruce, donde lo esperaba un motorista. Y el exlíder del PP catalán se ha apoyado como ha podido en un contenedor de obra, suplicando a los peatones que vigilaran que el atacante no volviera.

Ha sido rapidísimo, según explicaban los testigos oculares. Cerca del lugar de los hechos, había también algunos jóvenes haciendo una cerveza, que aseguraban que habían sido testigos auditivos, pero sin acabarlo de entender hasta minutos más tarde. "Nos pensábamos que habría caído alguna cosa metálica enorme, alguna cosa así; por el ruido nos hemos asustado, pero no hemos empezado a entenderlo hasta que no hemos visto todo de policía y ambulancias, y hemos leído las noticias", señalaban estos jóvenes.