La Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL) ha hecho público el informe completo en el que defiende que el nombre de la ciudad debe ser “València”, con acento abierto, y configurado como una forma única en valenciano. El documento, de 33 páginas, analiza criterios etimológicos, fonéticos, documentales y normativos y concluye que no hay base sólida para modificar la grafía oficial.
El estudio da respuesta al encargo del Ayuntamiento, que había impulsado una propuesta para cambiar el topónimo a “Valéncia”. La institución normativa rechaza este planteamiento y ratifica su posición mantenida desde 2016, señalando que no se han aportado argumentos nuevos que justifiquen el cambio.
Fundamentos lingüísticos y tradición normativa
La AVL subraya que la fijación de un topónimo debe basarse en diversos criterios combinados. En este sentido, recuerda que es necesario integrar "sin jerarquías rígidas, los pilares clásicos de la onomástica, que son etimología, pronunciación y documentación histórica, complementados por el criterio de la integración en el corpus normativo".
En cuanto al origen del nombre, el informe afirma que es claro: deriva de “valentia” (‘fortaleza’), con e breve latina. Esta evolución lingüística, según la AVL, obliga a mantener la terminación “-encia”, en coherencia con otras palabras como “paciencia”, “conciencia” o “Florencia”. "Este principio de coherencia interna exige “-encia” en el topónimo y, por lo tanto, Valencia", señala. También defiende que el acento grave responde a la pronunciación mayoritaria abierta de la vocal tónica, aunque en algunas variedades se realice como cerrada. Además, recuerda que esta grafía está consolidada en la tradición escrita "desde las Normas de Castellón (1932)" y ha sido la forma empleada de manera generalizada en textos literarios, administrativos y periodísticos.
El informe también descarta que el cambio se pueda justificar por criterios dialectales. Según indica, la distribución actual de la vocal tónica en “València” "no se correlaciona con la distribución dialectal occidental/oriental", de manera que no se puede fundamentar una modificación en esta base.
Rechazo social y falta de consenso político
Más allá de los argumentos lingüísticos, la AVL pone el foco en la respuesta ciudadana e institucional a la propuesta de cambio. En este sentido, cuestiona la "supuesta armonía social" que, según el promotor del estudio municipal, derivaría de la adopción de “Valéncia”. El organismo recuerda que, durante el período de exposición pública, se presentaron 922 alegaciones en contra y solo 61 a favor de la nueva grafía. Esta cifra, según el documento, "manifiesta un rechazo social intenso y explícito hacia la propuesta de cambio".
Además, compara esta situación con el precedente de 2016, cuando la forma “València” fue aprobada con solo cuatro alegaciones y el apoyo unánime de todos los grupos municipales. "La comparación entre ambos momentos es significativa", destaca el informe. En la misma línea, señala que la propuesta actual "solo ha obtenido el apoyo de dos grupos políticos", hecho que evidencia "una pérdida sustancial de transversalidad" y desmiente cualquier interpretación de cohesión social.
Un único nombre oficial en valenciano
La AVL también apela a criterios de normalización internacional y de protección lingüística. Recuerda que la ONU recomienda "asignar un único nombre normalizado para cada lugar geográfico" y defiende el principio de univocidad como base de la toponimia.
En este contexto, subraya que el valenciano, como lengua propia y minorizada, "necesita una protección específica", y que la ciudad de Valencia se encuentra en zona de predominio lingüístico valenciano. Por ello, considera que "el nombre de la ciudad debería estar constituido por una forma única en valenciano".