El confinamiento ha tenido un gran impacto en la vida de muchas personas y poco a poco se van descubriendo sus efectos. Según se recoge en una investigación publicada en el Journal of Eating Disorders, uno de los grupos que más afectados se han visto son aquellos que sufren desórdenes alimenticios.

Porque si bien las medidas han sido importantísimas para reducir la propagación de la enfermedad y salvar vidas, también han provocado un cambio en las rutinas diarias y un impacto emocional derivado de la preocupación por la enfermedad, el cambio o la pérdida de trabajo y la poca socialización que ha existido en esos meses.

Los trastornos alimentarios comunes son la anorexia, que provoca una distorsión en la imagen de sí mismos de los pacientes y la bulimia, que se traduce en una ingesta descontrolada de alimentos que se compensa con conductas como los vómitos que pueden dañar la salud.

Hombre desesperado

Hombre desesperado

La investigación

En el presente estudio, los investigadores reunieron a un grupo de 153 personas a principios de abril, dos semanas después de que se impusiera el confinamiento en el Reino Unido, para que participaran en un cuestionario. Tenían que ser mayores de 16 años y haber sufrido un trastorno alimentario, aunque ya estuviesen recuperados. 

De los participantes, el 93,8% eran mujeres. En total, el 62% reconoció que sufría un trastorno alimenticio. El 6,2% había estado en recuperación durante menos de 3 meses, el 6,2% entre 3 meses y 1 año y el 25,6% durante más de 1 año. El cuestionario incluía preguntas cerradas y abiertas sobre el efecto social del confinamiento, el uso de Internet por parte del encuestado, su comportamiento con respecto al ejercicio y la comida, y el impacto general de la pandemia en su trastorno.

El análisis demostró que el 87% había visto cómo sus síntomas habían empeorado, y un 30% aseguró que estaba mucho peor que antes. Los encuestados aseguraron que la pandemia tuvo un efecto negativo significativo en su bienestar psicológico: ejercían menos control sobre sus vidas y se sentían más aislados socialmente. También experimentaron más pensamientos negativos sobre su trastorno o y se sintieron menos apoyados socialmente

Joven con problemas alimenticios

 Joven con problemas alimenticios

Los investigadores creen que los factores que provocaron esta situación fueron los cambios de las rutinas, la incapacidad para acceder a tratamientos de forma habitual, la disminución en el tiempo de ejercicio físico y el abuso de la tecnología. Al mismo tiempo, aseguran que el estudio demuestra el valor del apoyo social para reducir el estrés y ayudar en la recuperación para este tipo de personas.

Asimismo, apuntan a los debates y los foros que ha habido sobre alimentación como uno de los factores que les ha influido a la hora de tener pensamientos negativos y piden a los expertos que si se vuelve repetir un confinamiento, tengan en cuenta a este tipo de pacientes a la hora de hacer las campañas sobre salud y difundir alimentación sobre la necesidad de llevar unos hábitos de vida saludables. 

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