En los últimos años, los probióticos se han convertido en uno de los suplementos más populares. Desde mejorar la digestión hasta reforzar el sistema inmunitario, sus beneficios parecen infinitos. Pero no es así.

“No, los probióticos no son una solución universal”, aclara Rocío Temiño, especialista en Aparato Digestivo en Centro Médico Teknon, perteneciente a Grupo Quirónsalud. “Su eficacia es limitada y depende de la cepa, la dosis y el contexto clínico”.

Dra. Rocio Temiño Instituto de Aparato Digestivo Teknon Barcelona (1)
Dra. Rocio Temiño Instituto de Aparato Digestivo Teknon Barcelona (1)

¿Qué son y en qué se diferencian?

Los probióticos son microorganismos vivos que, en cantidades adecuadas, aportan beneficios para la salud. “Para considerarse probiótico, debe estar vivo y haber demostrado efectos beneficiosos”, explica.

No deben confundirse con los prebióticos, que son sustancias —principalmente fibra— que alimentan a las bacterias beneficiosas del intestino. La microbiota es el conjunto de microorganismos que viven en nuestro cuerpo y que cumplen funciones esenciales.

¿Cuándo funcionan?

La evidencia científica respalda su uso en situaciones concretas, especialmente digestivas. “Han demostrado eficacia en la diarrea aguda, en la diarrea asociada a antibióticos y en la prevención de Clostridioides difficile en pacientes de riesgo”, señala Temiño.

También pueden ayudar en trastornos como el síndrome de intestino irritable o el estreñimiento, y en algunos casos de colitis ulcerosa. Aun así, no todos son iguales. “No todos los probióticos sirven para lo mismo ni todos los pacientes responden igual”.

La importancia de la cepa

Un aspecto clave es la cepa concreta. Las bacterias se identifican por género, especie y cepa, y esta última determina su efecto. “No basta con que indique ‘lactobacillus’; la cepa es la que tiene evidencia científica”, explica.

¿Son útiles con antibióticos?

Los antibióticos alteran la microbiota intestinal. “Algunos probióticos pueden ayudar a prevenir la diarrea si se toman durante el tratamiento, especialmente en las primeras 48 horas”, dice Temiño. Pero no lo solucionan todo. “No compensan completamente los efectos de los antibióticos”.

¿Tienen beneficios fuera del intestino?

Sí, pero limitados. Existen evidencias de efectos en los ejes intestino-cerebro o intestino-sistema inmunitario. “Pueden tener un impacto modesto en la salud mental o el sistema inmune”, explica.

¿Cuándo no sirven?

No son útiles en todos los casos. Por ejemplo, no funcionan en la diarrea del viajero ni en la enfermedad de Crohn. Además, “en personas sanas no tiene sentido tomarlos sin motivo”. Deben evitarse en pacientes inmunodeprimidos o críticos.

¿Son seguros?

En general, sí, aunque pueden provocar gases o hinchazón. “En algunos casos pueden aparecer síntomas que desaparecen al suspenderlos”, apunta.

Alimentación vs. suplementos

“Los alimentos son la base de la salud intestinal; los suplementos solo ayudan en casos concretos”, resume.

El gran mito

El principal error es pensar que sirven para todo. “No son una solución mágica ni sustituyen una mala alimentación”, concluye Temiño. “La base está en el estilo de vida”.