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"Cuando tienes dolor de cabeza dices 'qué dolor de cabeza tengo', pero cuando te duele la vulva, callas". La frase de Pilar Cano resume una de las grandes dificultades que rodean el dolor pélvico crónico: muchas mujeres lo sufren sin saber exactamente qué les pasa, les cuesta explicarlo y pueden pasar meses o años de consulta en consulta antes de llegar a una respuesta. No es un dolor puntual ni necesariamente tiene una causa fácil de identificar. Puede aparecer en la parte baja del abdomen, la pelvis, la zona lumbar, las nalgas o los genitales y, cuando persiste durante seis meses o más, se considera crónico. Puede ser constante o intermitente y llegar a condicionar actividades tan cotidianas como sentarse, caminar, trabajar, dormir, mantener relaciones sexuales o hacer ejercicio. Y es mucho más habitual de lo que puede parecer. Según los datos facilitados por el Hospital Universitario Vall d'Hebron, entre un 15% y un 25% de las mujeres pueden sufrir dolor pélvico crónico, mientras que entre los hombres la prevalencia se sitúa entre el 2% y el 17%. Pilar es una de las 500 pacientes que han sido atendidas en los últimos años en la consulta específica de dolor pélvico del Hospital Universitario Vall d'Hebron, que reivindica hablar de ello y anima a las mujeres y hombres que sienten síntomas, a consultar y buscar soluciones a su problema.

De consulta en consulta sin encontrar una explicación

Porque el problema es que no siempre resulta sencillo saber qué provoca el dolor. Pilar Cano, que lo ha explicado a la ACN, lo conoce bien. Antes de llegar al equipo especializado de Vall d'Hebron, pasó por diferentes consultas buscando una respuesta. "Al principio vas al traumatólogo, vas al ginecólogo, el ginecólogo te envía al dermatólogo, el dermatólogo te envía al ginecólogo otra vez, vas al neurocirujano... y al final acabas otra vez en ginecología", explica. Su experiencia no es excepcional. El dolor pélvico puede estar relacionado con la endometriosis, procesos inflamatorios, infecciones, alteraciones musculoesqueléticas, lesiones nerviosas o consecuencias del parto, entre muchas otras causas. Pero en una parte considerable de las mujeres que llegan a las unidades especializadas no existe una única patología que explique claramente todo el dolor.

"Lo más común que visitamos en nuestra consulta es lo que no tiene una causa específica de base claramente diagnosticada", explica el doctor Jordi Sabadell, de la Unidad de Suelo Pélvico y Uroginecología de Vall d’Hebron. Esta falta de una causa evidente puede convertir el diagnóstico en un recorrido largo y frustrante. Las pacientes pueden pasar por ginecología, traumatología, neurología, dermatología, rehabilitación o unidades del dolor antes de conseguir un abordaje global del problema. 

Más de 500 mujeres atendidas en diez años

El Servicio de Ginecología de Vall d’Hebron creó en septiembre de 2016 una consulta específica de dolor pélvico crónico, entonces pionera en Catalunya. En estos diez años ha atendido a más de 500 pacientes. Actualmente, el equipo hace seis primeras visitas cada semana y atiende de media a unas 18 mujeres semanales. La clave es que el dolor no se aborda desde una única especialidad. En función de cada caso, pueden intervenir profesionales de ginecología, rehabilitación, anestesiología, fisioterapia, psiquiatría, cirugía colorrectal y neurofisiología. Porque el dolor pélvico crónico no es solo un problema ginecológico. Puede tener componentes viscerales, musculares, nerviosos y emocionales que se alimentan entre ellos.

No hay que esperar seis meses para consultar

Que clínicamente se hable de dolor crónico a partir de los seis meses no significa que una mujer tenga que esperar medio año antes de pedir ayuda. Los especialistas insisten precisamente en lo contrario. "Lo que recomendamos es que las pacientes que tienen dolor pélvico consulten, que no dejen que se cronifique", remarca Sabadell. El tiempo importa porque, cuando un dolor se mantiene durante mucho tiempo, el sistema nervioso puede empezar a reaccionar de manera diferente. Según el ginecólogo, cuanto más tiempo persiste el dolor, más posibilidades hay de que aparezcan mecanismos de sensibilización del sistema nervioso que pueden hacer que posteriormente "la respuesta al tratamiento sea peor o más lenta". Es lo que se conoce como sensibilización central. El cerebro y la médula espinal pueden volverse progresivamente más sensibles a los estímulos y llegar a interpretar como dolorosas sensaciones que inicialmente no deberían serlo. En estos casos, el dolor ya no depende exclusivamente de la lesión o del problema que lo desencadenó. Cuanto más tiempo se mantiene este mecanismo, explica Sabadell, más difícil puede resultar la respuesta al tratamiento, y por ello más lenta puede ser la recuperación.

Cuando el cuerpo sigue enviando señales de dolor

El doctor Carlos Gómez, facultativo de la Unidad del Dolor, explica que una de las primeras tareas consiste en determinar qué mecanismos están manteniendo el dolor. Pueden existir componentes viscerales, musculoesqueléticos o neuropáticos, y a menudo se superponen. El tratamiento puede incluir fármacos y, cuando es necesario, procedimientos intervencionistas como bloqueos guiados por ecografía o TAC o técnicas de neuromodulación. Pero cuando el dolor está muy cronificado, el objetivo no siempre puede ser hacerlo desaparecer completamente. "Nuestro objetivo es generar una gran mejora funcional en las pacientes", explica Gómez. Es decir: conseguir que la mujer vuelva a caminar, trabajar, dormir, salir, tener relaciones o hacer las actividades que el dolor había ido expulsando de su vida.

Fisioterapia para recuperar el cuerpo... y perder el miedo

La rehabilitación y la fisioterapia tienen también un papel importante. El médico rehabilitador Juan Manuel Pozo señala que muchas mujeres llegan al hospital cuando el dolor ya está cronificado. En función del caso, se pueden trabajar ejercicios para normalizar y reforzar la musculatura del suelo pélvico, la espalda y el abdomen, así como utilizar electroestimulación, diatermia u otros procedimientos. Pero la fisioterapia no consiste únicamente en hacer ejercicios. También implica entender qué está pasando en el cuerpo. "Cuando la persona empieza a entender los mecanismos fisiológicos que perpetúan este dolor, conseguimos de esta manera bajar su ansiedad", explica Laura López, fisioterapeuta del equipo. Saber que el dolor es real, entender por qué persiste y conocer qué herramientas existen para controlarlo puede ayudar a romper un círculo especialmente difícil: dolor, miedo, tensión, más dolor y progresiva limitación de la vida cotidiana.

Sexualidad, trabajo, sueño y salud emocional

El dolor pélvico crónico no queda confinado a una zona del cuerpo. Puede afectar profundamente la sexualidad, las relaciones de pareja, la capacidad de trabajar, la actividad física, el descanso, el estado de ánimo y la vida social. Y aquí aparece otra de las grandes barreras: el silencio. Hablar de un dolor genital, vaginal o vulvar sigue siendo incómodo para muchas personas. Algunas mujeres pueden llegar a normalizar el dolor durante las relaciones sexuales o asumir que determinadas molestias "son normales". Pero no deberían serlo. "Tiene que venir, tiene que explicar lo que siente, tal como lo siente", reivindica Pilar Cano. Los profesionales también insisten en que el componente psicológico no significa que el dolor sea imaginario. Al contrario: dolor físico y sufrimiento emocional pueden reforzarse mutuamente. Por eso, en algunos casos, la atención psicológica o psiquiátrica forma parte del mismo tratamiento multidisciplinar.

Cada vez consultan mujeres más jóvenes

La franja de edad más habitual entre las pacientes que llegan a la consulta de Vall d’Hebron se sitúa entre los 40 y los 60 años, aunque el equipo detecta cada vez más mujeres jóvenes. El doctor Sabadell lo atribuye en parte a un cambio importante: el dolor se normaliza menos. "Cada vez se consulta más por el dolor, se ha dejado de normalizar tener dolor basal y cada vez vemos pacientes más jóvenes", explica. Este cambio puede ser especialmente relevante en una patología en la que llegar pronto al sistema sanitario puede evitar que el dolor se cronifique y que sus consecuencias se multipliquen.

Un dolor invisible que se tiene que empezar a explicar

Después de una década de funcionamiento, los especialistas de Vall d’Hebron destacan que han mejorado tanto la capacidad de hacer un diagnóstico completo como la coordinación entre las diferentes especialidades. Pero sigue existiendo una primera barrera que ninguna prueba médica puede superar por sí sola: que la paciente explique que tiene dolor. El dolor pélvico crónico puede ser complejo, puede no tener una causa única y en algunos casos no se puede eliminar completamente. Pero hay tratamientos para controlarlo, mejorar la funcionalidad y recuperar calidad de vida. El primer paso es dejar de considerar normal vivir con dolor. Y el segundo, romper el silencio.