El crecimiento infantil: por qué no todos los niños deben seguir el mismo percentil

El crecimiento infantil no sigue una única regla ni todos los niños tienen que mantenerse siempre en el mismo percentil. De hecho, pequeños cambios en las curvas de peso o talla pueden producirse por diferentes circunstancias y no necesariamente indican un problema de salud. La clave está en observar la evolución del niño a lo largo del tiempo.

Así lo explica la Dra. Ana María Pérez Pardo, jefa del Servicio de Pediatría y sus Áreas Específicas del Hospital Universitario General de Catalunya, quien destaca que las revisiones pediátricas permiten valorar el patrón de crecimiento y detectar posibles alteraciones de forma precoz.

Ana Pardo
Dra. Ana María Pérez Pardo

El percentil no es una nota

El percentil es un cálculo estadístico que permite comparar el peso o la talla de un niño con los de otros niños de su misma edad. Por ejemplo, estar en el percentil 15 de peso significa que un 15 % de los niños de esa edad pesan menos y un 85 % pesan más.

Pero estar en un percentil alto no es necesariamente mejor que estar en uno bajo. Tanto un percentil 10 como un percentil 90 pueden encontrarse dentro de los límites normales. Lo verdaderamente importante es observar cómo evoluciona el niño en su propia curva.

Por eso, un cambio aislado de percentil no tiene por qué ser motivo de alarma. Las infecciones, modificaciones en la alimentación, el inicio de la guardería u otros factores externos pueden influir puntualmente en el peso o la talla. En cambio, un cambio sostenido en el patrón de crecimiento sí puede requerir una valoración pediátrica más detallada.

Genética, hormonas y también el entorno

El crecimiento depende de numerosos factores, tanto internos como externos. Entre los primeros se encuentran la genética y determinados factores hormonales, como la hormona del crecimiento, las hormonas tiroideas y la insulina. También pueden influir factores prenatales relacionados con la nutrición materna, la placenta, el útero o el desarrollo de la gestación.

El entorno también desempeña un papel. La alimentación, el nivel socioeconómico, factores geográficos y ambientales, las enfermedades durante la infancia o situaciones de estrés psicológico intenso pueden repercutir en el crecimiento.

Además, existen etapas en las que es normal que se produzcan modificaciones en la curva. El cambio de alimentación durante la etapa de lactante o la adolescencia son algunos ejemplos.

El famoso "estirón" no llega a todos a la vez.

Tampoco todos los niños crecen al mismo ritmo durante la adolescencia. El desarrollo puberal actúa como un acelerador del crecimiento y es lo que popularmente conocemos como el "estirón".

Aunque muchos niños experimentan un crecimiento más rápido alrededor de los 12 o 13 años, existen variaciones normales que hacen que algunos crezcan antes y otros más tarde. Por ello, comparar a un niño con sus compañeros puede generar preocupaciones innecesarias si no se tiene en cuenta su propio ritmo de desarrollo.

Los suplementos no hacen crecer más

Otra creencia frecuente es que las vitaminas o los suplementos nutricionales pueden aumentar la talla de un niño. Sin embargo, la Dra. Pérez Pardo señala que estos productos no modifican el crecimiento cuando no existe un déficit nutricional o una enfermedad que justifique su utilización. Su indicación debe responder, por tanto, a una necesidad concreta.

Tampoco comer más significa crecer más. Una ingesta excesiva puede provocar inicialmente un crecimiento más rápido, pero no aumenta la talla final y, en situaciones de obesidad infantil, incluso puede afectar negativamente a la evolución del crecimiento.

Los lácteos, por su parte, contribuyen al crecimiento óseo, pero tomar más leche no hace que un niño alcance una mayor talla final.

¿Cuándo conviene consultar?

Las revisiones del niño sano son fundamentales para detectar precozmente cualquier alteración. Entre las señales que deben llamar la atención se encuentran un cambio en la velocidad de crecimiento, especialmente si el niño deja de ganar talla, así como la pérdida de apetito, el cansancio habitual o cambios de comportamiento.

Ante estas situaciones, el pediatra puede determinar si es suficiente con realizar un seguimiento más estrecho o si es necesario llevar a cabo estudios complementarios o derivar al especialista en endocrinología infantil.

Para favorecer un crecimiento saludable, no hacen falta productos milagrosos, sino hábitos adecuados: ejercicio físico, una alimentación saludable y un descanso suficiente, respetando las horas de sueño recomendadas para cada edad.