Los catalanes envejecen cada vez peor, o como mínimo así lo sugiere un estudio publicado en la revista Perspectives Demogràfiques —del Centre d'Estudis Demogràfics (CED)—. Los investigadores han analizado los datos de la llamada cohorte HEALIN, una extensa base de datos construida a partir de los registros de salud y mortalidad de Catalunya que sigue la evolución de más de 1,5 millones de individuos desde el año 2005, y han revelado que "las generaciones más jóvenes presentan una prevalencia más elevada de multimorbilidad que sus predecesoras a la misma edad". Es decir, que presentan más enfermedades.

Por ejemplo, casi un 8% de las mujeres nacidas entre 1980 y 1989 padecían multimorbilidad compleja a la edad de 25 años; este porcentaje es de más del doble (16,7%) entre las mujeres nacidas una década después (1900-1999). Y esto no se limita a estas dos cohortes, "sino que se repite de manera sistemática para todas las generaciones y edades para las que se pueden llevar a cabo este tipo de comparaciones". Según el estudio, las enfermedades que destacan entre las generaciones más jóvenes son las enfermedades mentales y las relacionadas con el sistema musculoesquelético —especialmente entre las mujeres, que suelen presentar niveles más elevados de multimorbilidad que los hombres—. También destaca que otra investigación reciente muestra que "la prevalencia y la incidencia de la multimorbilidad en Catalunya son mucho más elevadas entre los individuos con menores ingresos económicos".

¿Más diagnósticos, más enfermedades?

Ahora bien, los investigadores apuntan que este aumento de la multimorbilidad se puede deber, sobre todo, a los diagnósticos. Por un lado, apuntan que "la creciente prevalencia de los trastornos de salud mental constituye uno de los principales factores que han contribuido al aumento de la multimorbilidad en Catalunya, especialmente entre las generaciones más jóvenes". Por otro, indican que "el aparente empeoramiento de la salud en las generaciones más jóvenes podría deberse a una tendencia creciente al sobrediagnóstico por parte de los profesionales sanitarios". Y no hay que olvidar tres factores más: la mejora en la capacidad de detección de enfermedades, un cambio de comportamiento que hace que los individuos sean más proclives a acudir a los servicios sanitarios ante la aparición de síntomas tempranos o leves, y la irrupción de tecnologías disruptivas que pueden promover diagnósticos cada vez más tempranos. 

El estudio sí que deja claro que "la probabilidad de defunción entre la población multimórbida es menor en las cohortes más jóvenes", a la vez que "las perspectivas de supervivencia de la población multimórbida han mejorado con el paso del tiempo". En cualquier caso, los autores aseguran que es "imprescindible" profundizar en la investigación en este ámbito para aclarar todos los interrogantes que surgen. "Para ello, será necesario consolidar bases de datos con un alto nivel de desagregación, que integren registros clínicos longitudinales con variables sociodemográficas y contextuales, así como fomentar una colaboración interdisciplinaria que articule el conocimiento de las ciencias de la salud, las ciencias sociales y las humanidades", concluyen.