Cuando la ética y los principios más básicos se relajan de tal modo como para que todo valga, para que nada pase ante su constante destrozo, llegamos a un punto en el que nada vale. Desde el parlamento andaluz hasta las filtraciones interesadas de conversaciones privadas, llegando a desembocar en el intento del Gobierno por controlar lo que parece ya incontrolable. 

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