El Tribunal Supremo ha anulado la sanción de 862.496 euros que el Tribunal de Cuentas había impuesto a Vox por los ingresos obtenidos entre 2018 y 2020 con la venta de productos de merchandising promocionales, como bolígrafos, gorras o pañuelos, en actos del partido y que el organismo fiscalizador consideró que eran donaciones irregulares que vulneraban la Ley de Financiación de los Partidos Políticos. La Sala de lo Contencioso-Administrativo del alto tribunal ha estimado el recurso que interpuso la formación de Santiago Abascal y considera que la multa “no tenía suficiente base probatoria”, y que los hechos no se pueden calificar jurídicamente como una infracción “muy grave” de la ley de financiación de los partidos, como consideró el Tribunal de Cuentas, por haber ingresado dinero en efectivo no identificado bajo la apariencia de actividades promocionales.
El Tribunal de Cuentas sancionó a la formación por una infracción muy grave, al considerar que había recibido o aceptado donaciones no identificadas en efectivo a través del merchandising en 2018, 2019 y 2020. El organismo fiscalizador fijó la multa en el grado mínimo previsto por la ley: el doble de la cantidad que, según su criterio, Vox había aceptado indebidamente. En total, la sanción ascendía a 862.496 euros. No es la primera vez que el Supremo corrige al Tribunal de Cuentas en una sanción a Vox. En octubre de 2025, el alto tribunal ya anuló una multa de 233.000 euros al partido por supuestas donaciones “finalistas” ilegales, al considerar que la resolución sancionadora tampoco estaba suficientemente fundamentada.
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¿Ventas de merchandising o donaciones anónimas?
El caso giraba en torno a una pregunta aparentemente sencilla, pero con consecuencias importantes: ¿el dinero que los simpatizantes dejaban en los puestos de Vox eran ventas de productos o donaciones anónimas en efectivo? El Tribunal de Cuentas optó por la segunda interpretación. Consideró que, como no había un precio fijo previo y cada uno pagaba lo que consideraba, tampoco se emitían facturas y el dinero se recogía en huchas etiquetadas como "donativos", aquellos ingresos debían ser tratados como donaciones no identificadas. Por ello sancionó al partido con el doble de la cantidad que estimaba aceptada indebidamente, el mínimo legal para una infracción muy grave.
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Las dudas juegan a favor del sancionado
El Supremo, sin embargo, corrige este criterio. La sentencia admite que Vox actuó con una gestión poco rigurosa y una visión "estrecha y formalista" de la legalidad, hasta el punto de favorecer una práctica demasiado desinhibida. Ahora bien, también reprocha al Tribunal de Cuentas que construyera la sanción con una interpretación "poco ortodoxa" de los conceptos jurídicos y sin pruebas suficientes. La clave es que, en materia sancionadora, las dudas deben jugar a favor del sancionado. Y, según el Supremo, no se ha acreditado que aquellos ingresos fueran donaciones ilegales. El tribunal recuerda que la ley distingue entre ingresos por actividades promocionales y donaciones, y que asimilar automáticamente una cosa a la otra exige una explicación sólida que, en este caso, no existía.
"Actos de liberalidad hacia sus simpatizantes"
Los magistrados también rechazan que el hecho de regalar algún producto o venderlo por debajo del coste convierta la operación en una donación a favor del partido. Como mucho, señalan, esto demostraría que Vox hacía "actos de liberalidad" hacia sus simpatizantes, es decir, que les regalaba objetos o se los ofrecía a precios bajos. Pero esto no equivale a una aportación ilegal al partido. Otro elemento importante es la proporcionalidad. Para que una venta encubriera una donación irregular, el precio pagado debería ser claramente desproporcionado. Y el Supremo constata que no se ha probado ningún caso de aportaciones anónimas superiores a 300 euros por estos productos.
La contabilidad del partido también juega a favor de Vox en este punto. La Sala observa que las cifras globales no encajan con la idea de una "vasta simulación" de donaciones encubiertas. De hecho, solo en 2019 hubo una diferencia significativa entre costes e ingresos, pero no lo suficientemente desproporcionada; y en 2020 Vox incluso perdió dinero con esta actividad promocional, porque fabricar los artículos le costó más de lo que ingresó.