Las portadas de hoy son de esas que explican de qué pasta está hecho cada diario, su carácter y temple. Una manera de examinarlas es retratar las actitudes que las inspiran a la luz de las editoriales respectivas, a riesgo de hacer un análisis más próximo a la quiromancia que a una evaluación científica.

Hay tres tipos de diarios en función de la portada, quizás cuatro. Por una parte, los que ven en la sentencia del Tribunal Supremo sobre el 1-O un fracaso, pues se basa en hechos fabricados a medida del castigo que se quería imponer, el más alto posible, que se ha pactado en un tipo penal inverosímil —la sedición— que no existe en las democracias con que España dice que comparte derechos y libertades.

Es el caso de AraEl Punt Avui. Para estos diarios, la sentencia no es un punto y final a un enfrentamiento desigual entre un Estado español ciego y sordo que hace perder el nervio a una Catalunya que se aboca a un desafío final fallido. La sentencia es un boquete —"una derrota", dice Ara: de las dos finalidades que clásicamente se atribuyen a la justicia, la medicinal y regeneradora hace mutis y la punitiva y penal ocupa todo el espacio. La opción exclusiva por el castigo se completa con el sometimiento del reo a toda cuanta humillación venga a mano, razonan ambos papeles.

Uno y otro se inquietan por las consecuencias. En este caso, vienen a decir, no solo las paga el perdedor del momento, sino cualquiera a quien se aplique en el futuro esta manera de hacer justicia. Hoy, el independentismo. Mañana, cualquier disidente. Una justicia mediatizada por sus propios prejuicios políticos y más allá acepta una ficción —la rebelión— para trasladar la causa al tribunal que más le conviene y para perjudicar la posición de los acusados con prisiones provisionales e inhabilitaciones, sin vergüenza de interferir en tres elecciones y la actividad de Parlamento. En fin, la lista de trampas sería larga y los expertos de El Nacional ya empezaron ayer a explicarlas punto por punto.

Ambos diarios han escogido un recurso muy parecido para expresarse y resumir la complejidad de la situación: vestir la portada de negro. El Punt Avui no ha querido ni titular, sabiendo que hoy no era día de explicar nada a su parroquia sino de compartir un sentimiento: la frustración y la impotencia. Ara, con un público variado más allá del soberanismo, añade un poco de letra y gráfica para darle un carácter menos emocional. El efecto, sin embargo, es muy parecido o el mismo. Con este recurso tan eficaz dicen muchas cosas. No hacen falta palabras.

Mucha letra y poco fondo

Una segunda variante son los diarios que intentan explicarlo con mucha letra, sin entrar en el fondo de la sentencia. Son El País, La Vanguardia y El Periódico. Los tres proponen lo mismo, con matices ligados a su origen.

La sentencia es dura, pero justa, obligada y necesaria, viene a decir El País, con la típica arrogancia pomposa e inflexible de diario del establishment del 78, que da doctrina más que razones. La sentencia es dura, pero justa, vienen a decir La Vanguardia y El Periódico —¡y podía haber sido peor!, avisan con pesar.

Por hacer la caricatura, El País actúa como el diario de los amos, que siempre tienen razón, porque son los amos, y el otro par —son catalanes— hacen de sirviente que quiere quedar bien y ganar un espacio para poder añadir alguna cosa, con permiso de la autoridad y si no es molestia, ya sabrá perdonarme, pobre de mí.

Los tres ven la sentencia como un divisor de aguas que permitirá volver a empezar, dejando espacio a la política. La empatía con los condenados y los ciudadanos que se sienten agredidos o humillados, o que consideran las penas una desmesura guiada por la política, es casi cero: dura lex, sed lex, viene a decir El País —sí, sí, y gracias que no nos pegan más, remachan La Vanguardia y El Periódico. Son necesarios un nuevo estatut y otra financiación, concluyen.

Cerrilismo grosero

El último tipo de portada está marcada por el cerrilismo grosero de los que, con mala leche, se quejan y refunfuñan porque se ha perdido la oportunidad de aplastar al enemigo independentista y sus compañeros de viaje, da igual si son dos o cuatro millones. Son El Mundo, ABC y La Razón. Están enrabiados, porque el régimen penitenciario de los condenados está en manos de la Generalitat, como establece la ley, una ley que no les gusta. Como saben bien que no pueden saltársela, intentan desacreditarla.

El Supremo se ha ablandado demasiado, se ha acoquinado y ha intercambiado un delito menor —con menos pena— para ganar unanimidad. Encima, si la aplicación de las penas no depende de la tropa victoriosa, como quería el fiscal Zaragoza, sino de los nativos en los que se ha delegado la gestión del castigo, todo queda en nada, porque los nativos favorecerán a los suyos y rebajarán los costes de "la aventura secesionista".

Estos tres querrían incluso una humillación física de los condenados, encarcelarlos bien lejos de casa. Su actitud de revancha recuerda la rabieta de los diarios fanáticos del Brexit, que tildaron "de enemigos del pueblo" a los tres jueces que obligaron al Parlamento británico —cómo allí es de ley— a validar el resultado del referéndum antes de que el gobierno empezara a aplicar el resultado. Ahora se están comiendo el Brexit con patatas.

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