Salvador Illa ha escogido un mar de placas solares en Alcarràs para enviar un mensaje inequívoco a los municipios que plantan cara al Plan territorial sectorial para la implantación de las energías renovables (PLATER): el Govern está dispuesto a negociar, modificar y buscar consensos, pero no renunciará a desplegar masivamente las energías renovables en Catalunya. "El Govern tomará las decisiones que tenga que tomar. Catalunya no se puede permitir parar", ha advertido este sábado el president de la Generalitat durante la visita al parque fotovoltaico de Alcarràs, que comienza su actividad y entra en funcionamiento para convertirse en el parque solar más grande de Catalunya. El escenario no era casual. Las instalaciones de Alcarràs suman 300 megavatios (MW) de potencia fotovoltaica, 200 de Solaria y 100 de Ignis, una magnitud que casi duplica de un solo golpe toda la potencia solar sobre terreno que Catalunya tenía instalada hace solo unos meses. Y el complejo todavía tiene que crecer: hay 100 MW más autorizados, que el Govern prevé que comiencen a construirse a partir de 2027.
Illa ha presentado Alcarràs como el ejemplo que intenta demostrar que agricultura, paisaje y grandes instalaciones renovables pueden convivir. Una imagen que contrasta, sin embargo, con la fuerte contestación que está provocando el PLATER en numerosas comarcas catalanas. Pero mientras Illa contemplaba en Alcarràs lo que considera el futuro energético de Catalunya, a las puertas del parque volvía a emerger precisamente el principal obstáculo que tendrá que afrontar el PLATER, la oposición de muchas entidades y municipios que están de acuerdo con el plan diseñado por la Generalitat. El Govern quiere más placas y más molinos, y los quiere deprisa, pero la batalla en los próximos meses será decidir dónde se ponen, cuántos tiene que asumir cada territorio y hasta qué punto el consenso que reclama Illa puede condicionar unas decisiones que el mismo presidente ya ha advertido que, al final, el Govern está dispuesto a tomar.
"Petróleo no tenemos; sol y aire, sí"
El presidente ha admitido que instalaciones de estas dimensiones como las de Alcarràs transforman inevitablemente el territorio. "Se trata de elegir dónde se hacen", ha defendido, antes de recordar que otras grandes infraestructuras, como los embalses, también modificaron el paisaje catalán. Para Illa, sin embargo, el debate va más allá del impacto visual. La guerra de Ucrania y las tensiones sobre el suministro energético europeo han evidenciado, según ha argumentado, los riesgos de depender del exterior. "Petróleo no tenemos, sol y aire sí", ha resumido. Y ha planteado la cuestión casi como una elección de país: continuar dependiendo energéticamente del exterior o avanzar hacia una autonomía mayor gracias a las renovables. "¿Queremos tener dependencia exterior en materia energética? ¿O queremos apostar por la autonomía energética?", se ha preguntado. La Generalitat parte de unos objetivos especialmente ambiciosos: multiplicar por tres la potencia renovable actual antes de 2030 y por doce antes de 2050. "Y lo haremos", ha sentenciado Illa.
Diálogo, pero sin renunciar al PLATER
Es aquí donde aparece la principal tensión política. Illa ha insistido en el "diálogo" y el "consenso" y ha reclamado una "conversación pública sensata y respetuosa" sobre el PLATER. El presidente ha querido transmitir un mensaje de "confianza", ha puesto énfasis en convencer de que proyectos como el de Alcarràs son positivos, que "no perjudican la agricultura", pero inmediatamente ha añadido la palabra que mejor resume la posición del Govern: "Determinación". El Ejecutivo escuchará a los municipios, revisará el proyecto y estudiará las alegaciones, pero no prevé dar marcha atrás en la planificación de las renovables.
Y la oposición territorial es considerable. Cerca de 290 municipios se han adherido a un manifiesto contra la actual propuesta del PLATER y algunos ayuntamientos trabajan para constituirse en asociación y aumentar la presión sobre la Generalitat. El Govern, de hecho, ya ha aplazado la aprobación definitiva del plan hasta el verano de 2027 y ha anunciado un segundo proceso de información pública. La dimensión del malestar también queda reflejada en las cifras: el primer proceso de exposición pública ha dejado 12.143 alegaciones, que el Institut Català d’Energia deberá analizar antes de reformular el documento y volverlo a someter a consulta. El conflicto no es solo entre el Govern y los ayuntamientos. También organizaciones del mismo sector renovable han reclamado que se "repensen" algunos aspectos del plan, especialmente la delimitación de las zonas consideradas prioritarias para acoger parques eólicos y fotovoltaicos.
El gran laboratorio solar de Alcarràs
Ante este debate, el Govern presenta Alcarràs como una especie de laboratorio del modelo que querría extender al resto del país. El parque cuenta actualmente con 300 MW y todavía dispone de 100 MW autorizados pendientes de construir. Además, la consellera de Territori, Habitatge i Transició Ecològica, Sílvia Paneque, ha anunciado que a partir del año que viene se quiere incorporar una nueva pieza al proyecto: baterías para almacenar la electricidad producida y poder aprovecharla cuando no haya generación solar. Paneque ha reconocido los "desasosiegos" que provoca la implantación de grandes proyectos renovables en los municipios, pero ha reivindicado Alcarràs como la prueba de que es posible combinar "ambición, escala y consenso".
Solaria ha invertido 105 millones de euros en su parte del complejo. Según el director de la compañía en Catalunya, Lluís Valle, solo estas instalaciones representan una proporción extraordinaria de la fotovoltaica catalana destinada a la venta de electricidad. La empresa calcula también que el proyecto generará más de cuatro millones de euros en impuestos vinculados a la construcción para los municipios de Alcarràs y Lleida.
El precio: un paisaje diferente
El alcalde de Alcarràs, Jordi Castany, ha asumido sin ambages una de las consecuencias más visibles del proyecto. "La transición energética nos provoca también un cambio de paisaje", ha admitido a la ACN. El alcalde defiende, sin embargo, que esta transformación debe explicarse a la ciudadanía y acompañarse de los recursos necesarios para reducir su impacto y compensar a los afectados. La disyuntiva que ha planteado es similar a la de Illa: "O dependemos del petróleo, de países con regímenes de poder dudosos, o de nuestra propia energía".
No todo el mundo comparte este planteamiento. A las puertas del parque, una quincena de personas convocadas por Lleida contra la MAT, la Plataforma l’Horta de Lleida y Pobles Vius han recibido la visita de Illa y Paneque con pancartas y un lema que resume la oposición a los macroproyectos: "No es transición, es especulación". Los manifestantes han denunciado también un supuesto "fraccionamiento ilegal" de los proyectos y han exhibido pancartas con mensajes como "Alcarràs, película de terror".
